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Icónica Santalucía Sevilla Fest

El realismo mágico de Juan Luis Guerra toma la Plaza de España: la alegría y el baile como forma de resistencia

El cantautor dominicano coloca el cartel de todo vendido en la Plaza de España para su reencuentro con Sevilla que coreó y bailó a lo grande sus grandes éxitos más allá del archiconocido 'Ojalá que llueva café'

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Patricia Godino

Patricia Godino

SEVILLA

Decir Juan Luis Guerra, inevitablemente, nos lleva a aquel verano de finales de los 80 en el que Ojalá que llueva café se convirtió en un himno. Un himno alegre, pegadizo, donde el dominicano se hacía acompañar por los músicos de su mítica Orquesta 4.40 y de un coro de niños en ese estribillo que todos cantamos a esa edad, básicamente porque este hombre, que ya va para los 70 años, sonaba todo el día en la radio, venía mucho a España de promoción y fue uno de esos rostros populares en los programas de televisión de la época donde se cantaba en directo.

De esto hace ya más de 35 años -¡aich!- y una sabe ahora que esta canción, que este domingo ha sido uno de los temas más bailados en la Plaza de España, era pegadiza y alegre, sí, pero también un aguijón en la conciencia. Ojalá que llueva café cantaba al deseo de prosperidad y llevaba un mensaje de esperanza a todos esos braceros y campesinos de los países de su América Latina arrasados por los oligarcas extranjeros. Como hizo años antes García Márquez o Carlos Fuentes durante el boom de la novela latinoamericana, Juan Luis Guerra tiró de realismo mágico y lo hizo canción para denunciar las condiciones del campo y se ha quedado ahí para siempre como un mensaje universal de esperanza que une a los pueblos.

Ya sólo por escuchar en directo este tema, en una interpretación verdaderamente emocionante, ya habría merecido la pena abandonar el sofá y el aire acondicionado en este domingo del infierno, dicen que un poco menos severo que lo que vendrá en los próximos días, pero es que encima ver a Juan Luis Guerra es un verdadero antídoto contra el desánimo. Y, a la vista está, nos hace falta un chupito cada día. Que sí, que para el no fan de esta música, a la cuarta que canta todo te parece igual. Cierto. ¿Y qué? Alegra ver la alegría reflejada en los demás. Es virus contagioso, del bueno.

La Plaza de España, llena hasta la bandera para ver a Juan Luis Guerra, uno de los músicos latinos más universales.

La Plaza de España, llena hasta la bandera para ver a Juan Luis Guerra, uno de los músicos latinos más universales. / Mauri Buhigas

En su multitudinaria presentación en Sevilla, ciudad en la que colgó el cartel de todo vendido desde varios días antes y en la que reunió a varias generaciones, familias enteras, abuelos y nietos, madres e hijas, amigas que invitaron al concierto como regalo de cumpleaños, arrancó con Rosalía, de su disco Bachata Rosa, y el público lo gozó a lo grande y dejó clara una evidencia: esta noche se ha venido a bailar, a contonearse a ritmo de bachatas y merengues y a corear letras bellísimas que cantan al amor y a la vida.

Se canta a la alegría como forma de resistencia. Se baila para no pensar que mañana madrugas, se canta para sortear las facturas. Se goza porque si no estás muerto. Se viene a sudar de lo lindo.

Este concierto dejó otra observación: en Sevilla y alrededores triunfan las escuelas de baile latino para toda esa middle age que se deja querer por los ritmos sabrosones del Caribe muy anteriores al éxito de Bad Bunny.

Los músicos de 4.40, una orquesta inseparable

Con su inseparable orquesta, compuesta por una veintena de músicos que lo llevó en volandas todo el rato, y apoyado en las coloristas proyecciones con las que está recorriendo el mundo, el cantautor, que conserva el timbre de voz intacto, trajo todo el arsenal con el que ha construido una carrera querida, queridísima, por su público y también multipremiada. Puede presumir, de hecho, de ser un poderoso artefacto de nostalgia a la vez que uno de esos intérpretes tocados por la varita de la industria, una industria de la música latina de la que es uno de sus padres indiscutibles, sea dicho.

Ya en El Niágara en bicicleta, el público se reencontró con uno de los temas más conocidos del artista. Y también en el primer tramo del concierto quiso colocar Para ti, una oración cantada para Jesús, para “el rey de reyes”. "Para ti no hay nada imposible", repetía el estribillo de quien ha integrado también su fe evangélica, que arrasa en Latinoamérica, en un repertorio capaz de seguir siendo popular, bailable y multitudinario.

Siguió adentrándose en sus grandes éxitos calentando cada vez más al personal. En estos modos pacatos que nos tratan de imponer algunos, fue realmente hermoso escuchar a más de 18.000 almas corear la celebérrima Quisiera ser un pez cuando a estas alturas todos sabemos de qué va una de las metáforas más logradas de este músico.

Fue realmente hermoso escuchar a toda la plaza corear la celebérrima Quisiera ser un pez cuando a estas alturas todos sabemos de qué va una de las metáforas más logradas de este músico.

Interludio correspondiente para su banda, con una exhibición de percursión y ritmo prodigiosos, y regreso del artista al escenario con Visa para un sueño, y de nuevo, la plaza danzando de un ladito a otro, con las manos hacia arriba a todo lo que daba.

De su reciente disco Radio Güira, que arrasó en los Latin Grammys 2023, presentó La noviecita, tema que no por nuevo dejó de entonarlo el personal. En El costo de la vida, pegadizo como marca la casa, hace años que Juan Luis Guerra ya nos habló de la inflación de la cesta de la compra, la corrupción -ya tú vé, p'arriba otra vez- y los problemas en la sanidad -aquí no se cura ni un callo en el pie-. Más vigente imposible.

Y para cuando tocó el turno de la esperada, esperadísima Ojalá que llueva café, el concierto de este autor global lanzó un mensaje más que oportuno horas después de la ceremonia en San Telmo: Sevilla hace mucho, mucho, que está levantada a diario por todos esos vecinos que vinieron del otro lado del charco, con un pantone tan amplio como los colores del mundo. Aquí, Juan Luis Guerra se paró a saludar a los sevillanos presentes de República Dominicana, de Venezuela -"Dios, pon tu paz sobre Venezuela"-, de Colombia, Cuba, Puerto Rico, Perú, Ecuador, El Salvador, México… ¿Prioridad nacional? En fin, señores, paseen un poco por la periferia de sus ciudades y entiendan de qué va la vida hoy.

Aquí, Juan Luis Guerra se paró a saludar a los sevillanos de República Dominicana, de Venezuela, de Colombia, Cuba, Puerto Rico, Perú, Ecuador, El Salvador, México... ¿Prioridad nacional? En fin, paseen por la periferia de sus ciudades.

En los bises, fue el turno para la archiconocida Bachata rosa y para A pedir su mano, que quiso dedicar al músico gaditano Javier Ruibal, presente en el concierto como también el cantaor David Palomar. El punto final y broche de oro fue con La bilirrubina, aquello que compuso después de superar una hepatitis del copón. Si después de estar a punto de irte para el otro barrio eres capaz de escribir un tema tan bailón, tan guasón y con tanta ternura como éste, usted es un gran tipo que ha hecho feliz a generaciones enteras. Bendiciones, Juan Luis Guerra.

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