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Generación del 27 | Clara Montes Cantante

Clara Montes, cantante: "Alberti es un autor importantísimo por su obra, por lo que hizo por España y ahora está un poco en el olvido"

La cantante clausura el ciclo Cuatrovitas, de Bollullos de la Mitación, con los temas de 'Marinero en tierra', un disco con el que reivindica la vigencia del poeta de El Puerto de Santa María cuando se cumplen cien años de la Edad de Plata de la poesía española

Clara Montes.

Clara Montes. / Belén Serrano

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Patricia Godino

Patricia Godino

SEVILLA

Cada mañana cuando se levanta ve la amplitud del Atlántico, el océano que siempre estuvo presente en la obra de Rafael Alberti. Hace ya más de 20 años que Clara Montes, nacida en Cádiz pero criada en Madrid, eligió Zahora, entre Los Caños y Barbate, como territorio de vida. Fue después del boom de su primer disco, en el que llevó a los escenarios de toda España y Latinoamérica los poemas de Antonio Gala. Cuenta con una trayectoria larga, siempre coherente -"me siento una afortunada", confiesa-, con la poesía siempre presente, como motor y asidero.

En su último proyecto, Marinerito en tierra lleva a su terreno los poemas del primer libro del autor de El Puerto de Santa María y del último, en lo que es un viaje musicado por un poeta fundamental en la Generación del 27. Este centenario, reflexiona, "debe servir para contar quiénes fueron estos autores desde muchos puntos de vista. No solamente cantar sus poemas y hacer recitales de poesía, sino contar quiénes fueron y lo que hicieron en este país, la revolución que montaron". El próximo miércoles 15 de julio clausura Las Noches de Cuatrovitas, el ciclo organizado por el Ayuntamiento de Bollullos de la Mitación, y en colaboración con la Diputación de Sevilla y con la programación artística y producción de Green Cow Music.

PREGUNTA. Marinerito en tierra parte de una idea muy bonita: unir el primer Alberti con el último. ¿Qué encontró al adentrarse en su obra?

RESPUESTA. Cuando la Fundación Alberti me lo propone, en una visita que hago a su casa, me explican que iba a celebrarse el centenario de aquel primer libro, Marinero en tierra, que ganó el Premio Nacional en 1925, y me preguntan por qué no hacía un disco. Al principio me dio mucho pudor, porque pensé: todo el mundo tiene a Alberti y a ese soniquete en la cabeza, por lo menos los de mi generación. Pero empecé a investigar por curiosidad y vi que estaba un poco en el olvido, que ya no se escuchaba nada, que hacía mucho tiempo que nadie musicaba ni hacía nada de Alberti. Y dije: esto no puede ser. Ahí fue cuando me puse manos a la obra.

P. ¿Y qué le ocurrió al volver a Marinero en tierra?

R. Lo primero fue empezar a repasar el libro. Es maravilloso. Además, yo me sentía muy identificada con él, porque nací en Madrid, pero mi familia tenía casa en Huelva y en Sevilla. Y pasábamos larguísimas temporadas en Punta Umbría, en la playa. Aquello era salvaje. Y al leer ¿Por qué me trajiste, padre, a la ciudad? ¿Por qué me desenterraste del mar?, me sentía tan identificada, me pasaba lo mismo, ¿qué hacía yo allí, en aquella ciudad llena de asfalto? Cuando donde era feliz era en el sur, viviendo al lado del mar. Entonces encontré esa similitud con Alberti y empecé a buscar qué musicar sin mirar lo que habían musicado otros, porque si no era muy difícil.

P. Durante mucho tiempo Alberti estuvo muy presente en la escuela, pero luego me da la sensación de que ha sido un autor que entrado y salido del canon. Hay otros nombres del 27 que son indiscutibles, Lorca está ahí siempre, pero Alberti no...

R. Y es un autor importantísimo, no solamente por la obra, sino por su historia, por todo lo que generó y por lo que hizo por España y fuera de España. Yo empecé a investigar su vida, ya de adulta, y me quedé absolutamente fascinada. Pensé: hay que ponerlo en boca a este hombre otra vez.

P. ¿Cuándo vio que esos poemas podían cantarse?

R. Que se podían musicar era obvio, porque lo ha hecho muchísima gente. Tiene un tipo de poema que entra mucho en los palos flamencos, porque las estructuras se pueden meter perfectamente. Hay algo muy andaluz, un soniquete muy fresco, muy alegre. Se ve enseguida que no es difícil de musicar. Ahora bien, hay que encontrar la música entre los versos.

P. ¿Cómo ha sido ese trabajo musical?, ¿quién le ayuda en esta tarea?

R. Yo hago la selección y las melodías. Las trabajo y, cuando ya tengo la idea de lo que quiero hacer con la canción, el ritmo, el tempo lo hablo con Chamo Díaz, que es pianista, saxofonista, clarinetista, director de orquestas y profesor del conservatorio de Jerez. Tengo la suerte de que ahora está siempre conmigo de gira al piano y es un arreglista brutal, es una de las personas que más me ha entendido. Él ha tocado mucho con gente de música cubana y también mucho jazz, y ahí aparece una fusión que tiene mucho que ver conmigo.

P. ¿La Fundación Alberti intervino en la selección de poemas?

R. Me dejaron carta blanca para hacer lo que quisiera. Me enteré de que iban a hacer una edición conjunta del primer y último libro, y me pareció una idea muy bonita. Cogí Canciones para Altair y vi esa similitud entre el mar, las estrellas y el amor, que son los temas clave de los dos libros, aunque son muy diferentes: uno es de un Rafael Alberti jovencísimo y el otro, de un octogenario enamorado hasta las trancas, con una ilusión como si tuviese 18 años. Cogí dos poemas de Canciones para Altair, que son cortitos, e hice uno, para que el disco tuviera ese principio y ese final, como una historia de la vida. Pero básicamente son canciones del centenario de Marinero en tierra. En el proceso apareció también un texto inédito.

La Fundación Rafael Alberti me dejó carta blanca para hacer lo que quisiera

P. Cuente.

R. Les dije que iba a meter una canción de Canciones para Altair y otra que ellos iban a incluir en el libro, Sabes tanto de mí, y al cabo de un tiempo, cuando yo ya casi había elegido todo, me llamaron y me dijeron que habían encontrado un texto inédito. Según lo encontraron, ordenando papeles, pensaron que Rafael me lo había dado en ese momento porque era para mí. Son las Sevillanas del levante. Están manuscritas, la mitad a mano y la mitad a máquina, con tachones. Me mandaron una foto del papel. Son unas sevillanas del viento de levante preciosas. La estructura estaba más o menos, porque eran cuatro versos, y lo que tenía que hacer era trabajar las repeticiones, como en todas las sevillanas, elegir qué frase repetía, cómo lo hacía y musicarlo.

Clara Montes.

Clara Montes. / Green Cow Music

P. ¿Cómo ha sido la relación con la Fundación y con la familia de Alberti?

R. Yo no he tenido ningún problema. Ha sido todo generosidad y apoyo. Con la viuda he tenido una relación cordial. Ellos estaban emocionados, porque también decían que se encontraban con muchas trabas. Dicen que los problemas no son de ellos, que son de los políticos...

P. Alberti era también un poeta pintor. ¿Esa faceta plástica ha inspirado el disco?

R. El día que estuve en la Fundación, dos años antes de sacar el disco, vi que tienen allí mucha obra suya en las paredes. La Casa Museo es altamente recomendable. Hay cosas de él, pero también salas de exposiciones con cuadros de otros grandísimos artistas de la época. En una pared tenían un collage de fotos, cosas escritas a mano, dibujos… Su pintura inspira, porque era un hombre muy naif hasta en el dibujo, pero a la vez intensamente profundo.

P. En su obra y en esa imagen pública que recordamos parece que nunca desaparece del todo el niño que fue.

R. Exactamente. Hay algo de niño tanto en su poesía como en su dibujo. Tenía una destreza y una finura en las que se ve la madurez, pero también es verdad que nunca abandonó al niño. Tampoco perdió nunca el espíritu joven. En Sabes tanto de mí, por ejemplo, cuenta toda su vida. Habla de cuando era niño y vio por primera vez el cometa Halley, de una niña de la que se enamoró en la ventana del edificio de enfrente y con la que nunca consiguió hablar. Hay una declaración de esperanza de vida muy hermosa: no soy pasado, soy siempre futuro.

P. Hablar de Alberti es hablar de política, el exilio, la memoria y de su regreso. ¿Le interesa el Alberti comprometido políticamente?

R. Me interesa la persona. Siempre me interesa saber quiénes son. Y una persona que luchaba por la libertad, por supuesto que me interesa. Cuando estalló la guerra, él y María Teresa León se llevaron en un tren, por la noche, las obras del Museo del Prado para que no las destrozaran. Era una persona muy implicada, muy solidaria y que amaba el arte y la cultura en desmedida. Me siento muy afín.

P. Usted ha cantado a Antonio Gala, a Lorca, a Alberti, también a Rafael de León. ¿Qué tiene que tener un poeta para que quiera incorporarlo a su obra?

R. Muchas veces la vida me lo pone delante. Lo de Rafael de León no se me habría ocurrido, pero me lo pidieron, lo investigué y me di cuenta de que tenía algo afín y que era necesario. Con Gala también fue una casualidad. Yo estaba enamorada de su libro de Poemas de amor, estaba luchando con la compañía de discos para ver qué hacía, y al final se me ocurrió aquello. Se juntaron todos los astros y pude hacer ese disco, que tanto me dio y me sigue dando. Lorca vino porque me llamaron para hacer la banda musical de una obra de teatro y acabé haciendo un disco. Si veo que tiene sentido, me pongo a ello. Todos los poetas merecen un hueco. Son los grandes impulsores de los sentimientos y de las emociones. Saben poner palabras cuando nosotros no somos capaces. La poesía es el alma la que habla, y me parece algo increíble y maravilloso.

P. Ha tocado copla, flamenco, músicas de ida y vuelta, jazz, canción de autor. ¿Le ha costado que la industria entendiera una propuesta tan difícil de encasillar?

R. Para mí lo bueno es que se me reconozca enseguida, que cuando escuches cantar sepas que soy yo. Pero es verdad que no tener un estilo cerrado, para programadores y para la industria, a veces es más complicado. Al principio me preguntaban mucho: “¿Pero tú qué estilo haces?”. Yo hago música que me sale. Según me va pidiendo la canción, la letra, voy viendo qué meterle.

P. ¿Y qué le pedía Alberti musicalmente?

R. Con Rafael quería que tuviera una base muy de Cádiz, cantes flamencos pero alegres, algo muy gaditano. Pero también quería que tuviese ida y vuelta por todo el tiempo que él estuvo en Sudamérica; que tuviese jazz, porque vivió en París, en Italia, estuvo metido en toda la bohemia. Él tiene todo eso en su vida. Quería que la música formara parte de su historia. A través de los poemas voy contando al público un poco lo que yo he aprendido de quién era Rafael Alberti. No se trata sólo de que vengan a escuchar canciones bonitas de poesía, sino de que sepan quién era el personaje.

P. ¿Ha tenido que decir muchas veces que no para mantener ese camino?

R. Cuando era joven tenía dudas muchas veces, pero sí sabía lo que no quería. Si había algo que no sentía, decía que no. Eso me cerró puertas, por supuesto, pero yo me dedico a esto por la necesidad de comunicar y de expresar algo con emoción. No me vale cualquier cosa. La parte más creativa siempre me ha llevado hacia la poesía, hacia un mundo más cultural y más emocional, y eso no es extremadamente comercial. Pero tampoco me puedo quejar, porque llevo más de 30 años dedicándome a la música y viviendo de ello. Me siento una persona verdaderamente afortunada.

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