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Obituario

Ricardo Pachón: muere el inventor del flamenco del siglo XXI

De Smash a Perrate, pasando por Lole y Manuel, Pata Negra y Camarón, el productor, compositor y guitarrista sevillano impulsó la psicodelia flamenca y cambió para siempre el imaginario jondo

Fotografía de archivo, tomada el 14/06/2019 del productor, arreglista y compositor Ricardo Pachón.

Fotografía de archivo, tomada el 14/06/2019 del productor, arreglista y compositor Ricardo Pachón. / Archivo/José Manuel Vidal / EFE

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Sara Arguijo

Sara Arguijo

Sevilla

Rebelde, intuitivo, perseverante y convincente, Ricardo Pachón, guitarrista, compositor y productor de más de un centenar de álbumes y obras audiovisuales claves en la historia del flamenco, muere a los 89 años como el padre del nuevo flamenco, impulsor de la psicodelia jonda y creador de un nuevo imaginario que trasciende a su obra.

Más allá de sus obras maestras, la mirada visionaria de este sevillano y su incansable activismo deja un incalculable legado que se sigue sintiendo hoy no sólo en las propuestas musicales de los artistas actuales sino en el propio relato de lo que el flamenco es y lo que representa. Porque, además de su contribución artística como inventor del flamenco del siglo XXI, a Pachón se le debe la modernización del discurso flamenco, con la que logró llevar este arte a esferas y públicos inexplorados.

El nacimiento de la psicodelia jonda

Desde sus inicios a mediados de los setenta, alentado por la inspiradora efervescencia cultural de la Sevilla más underground, el mánager mostraría su interés por fusionar la ortodoxia flamenca con los sonidos roqueros que llegaban a la capital andaluza a través de las bases de Rota y Morón.

En esta etapa, que vive ahora un claro resurgir en la escena actual con herederos más o menos directos como Derby Motoreta's Burrito Kachimba, Califato ¾, Rocío Márquez&Bronquio, Los Voluble, Quentin Gas&Los Zingaros, el productor recogió todas esas influencias sonoras que venían del otro lado del charco y las acercó a los protagonistas, dejando que naciera de la manera más natural y radical posible, la fusión flamenca.

El rock y el flamenco se hibridaron entonces sin imposturas en un ejercicio de comunión improvisada en el que el cante tradicional de los gitanos parecía fluir ante los acordes dislocados de las guitarras y bajos eléctricos y las baterías.

Uno de los hallazgos más experimentales más interesantes, a los que se recurre todavía como obra de culto, es el garrotín que canta Manuel Molina junto a los Smash en el disco Pureza y vanguardia del flamenco, publicado en 1978. La grabación combina estos elementos propios de la psicodelia con letras tradicionales del palo festero, coros inusuales en inglés y la batería de Antonio Rodríguez, resultando en un sonido innovador.

Para la grabación cuentan que Ricardo Pachón tuvo que falsificar un pase de pernocta porque Manuel Molina se encontraba en Algeciras haciendo el servicio militar, y urdir una surrealista huida contrarreloj.

El mítico vinilo contaba con una cara a protagonizada por estos artistas, con temas como Alameda’s Blues o Tangos de Ketama, y otra cara b (la pureza) con Manuel Agujetas y Manolo Sanlúcar.

En este ambiente perfecto para unir el rock progresivo, la psicodelia hippie y las raíces flamencas más puras, nacen también Veneno (1977), un disco histórico que unió a Kiko Veneno con los jovencísimos hermanos Raimundo y Rafael Amador (futuros Pata Negra); Imán, Califato Independiente (1978), coproducido junto a Teddy Bautista y una de las cumbres del rock sinfónico y progresivo andaluz, con la colosal pieza instrumental de 20 minutos Tarantos del Califato Independiente; y, cómo no, el dúo formado por Manuel Molina y Lole Montoya con el que el flamenco gritó libertad.

Al contrario que con la Leyenda del tiempo de Camarón, Nuevo día (1975), el debut discográfico de estos jovencísimos trianeros que destilaban bonhomía y cantaban al aire fresco y a la vida a través de las letras de Juan Manuel Flores, experimentó enseguida una rápida popularidad. Producido a medias con Gonzalo García Pelayo, la voz clara de Lole y la sensibilidad de Molina puso un halo de luminosidad al cante flamenco trágico. Todo es de color, La plazuela y el tardón, El río de mi Sevilla o La mariposilla, forman parte de las canciones que se han quedado en la memoria sentimental de varias generaciones y a la que siguieron los discos Pasaje del agua (1976) -donde se encuentra el tema Tú mirá que Tarantino incluyó en Kill Bill 2- y Romero Verde (1977).

Camarón y Pata Negra: rock-flamenco y gitano

Siguiendo la línea de su producción, el inicio de la década de los ochenta supone sin duda un momento clave en la trayectoria de este activista flamenco con la grabación de La Leyenda del tiempo (1979) de Camarón, un álbum que según contaba el propio Pachón muchos gitanos mayores devolvían en las tiendas por "eso no era Camarón" y que luego se acabó convirtiendo en una de las obras más importantes del flamenco de todos los tiempos: “el Stg. Pepper’s del flamenco”, que define José Manuel Gamboa.

El flamencólogo relata también en Una historia del flamenco el rechazo de la afición y la crítica flamencas. “Ricardo Pachón había producido a Camarón de la Isla al modo de las estrellas del rock. Había baterías, bajos eléctricos, baile, teclados, flautas, palmas y percusiones, un sitar, guitarras flamencas y eléctricas, cantes tradicionales, versos de potas cultos y rumbas sabrosonas”.

El de la Isla, según declaraciones recogidas en el ensayo, confesaba haber intentado renovar "con responsabilidad". "Ahora me he adaptado a los instrumentos de forma espontánea. Cuando estamos ya enrollaos, una nota a tiempo que me dé cualquier instrumento, el sitar, la flauta, la batería, me puede inspirar igual que un bordonazo de la guitarra. Estoy entrando en contacto con el rock. Yo antes no escuchaba mucha música y no tengo mucha experiencia, la verdad. Me pongo un disco de Chick Corea o los Rolling Stones y veo que hacen cosas que yo, sin entenderlas, me gustan, me llegan. Yo lo que busco es el rock-flamenco-gitano”, contaba el cantaor.

El interés de Camarón por esa búsqueda venía de lo que Pachón había grabado con Pata Negra, la inolvidable banda sevillana liderada por los hermanos Raimundo y Rafael Amador de los que Ricardo fue mentor desde su adolescencia y a quienes consideraba genios. Pata Negra (1981) fue el álbum de debut homónimo de la banda. Pachón les ayudó a definir esa fusión única de rock, blues y raíces gitanas callejeras, y de esta producción se extrajo su primer gran éxito, el sencillo Los Mánagers; Rock Gitano (1982) incluyó hitos como Compañero del alma y Baladilla de los tres ríos, donde el productor impulsó la revolucionaria idea de adaptar versos de Miguel Hernández y Federico García Lorca al compás del rock-flamenco. Ya en el 87 lanzaron Blues de la frontera, la obra cumbre de Pata Negra y uno de los mejores discos de la historia de la música española que contó con la producción artística de Pachón y la edición ejecutiva de Mario Pacheco (Nuevos Medios). Canciones inmortales como Pasa la vida, Yo me quedo en Sevilla o Bodas de sangre llevan el sello inconfundible del productor sevillano.

Activista inagotable

De espíritu incansable (en 2019 con 82 años fue nombrado director del Instituto Andaluz del Flamenco dejando el cargo meses después por sus polémicas críticas a la administración), Ricardo Pachón no ha abandonado su inquietud como cazatalentos hasta casi el final. Entre otras producciones que van desde el roquero sevillano Silvio a Tabletom, su último gran descubrimiento lo firmó en 2005 con Perraterías, el que fue el debut del cantaor utrerano Tomás de Perrate y que incluye desde soleares y seguiriyas hasta tangos con bases rítmicas de reggae, baterías y guitarras eléctricas.

En lo audiovisual, Pachón está detrás de películas como La Lola se va a los Puertos, protagonizada por Rocío Jurado, y del documental Triana, pura y pura (2013), nominado a los Goya. Como contamos en El Correo de Andalucía aquí la cinta deja el testimonio del éxodo que tuvieron que vivir los gitanos de la cava de Triana cuando se les expulsó a barrios periféricos como las 3000 Viviendas y acabó con el ambiente fraternal que se vivía en los patios de vecinos. Un testimonio más de la defensa del pueblo gitano que Ricardo Pachón practicó hasta su muerte y de la crítica a una especulación urbanística que acabó entonces con un modo de flamenco y está ahora destruyendo las identidades de las ciudades.

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