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Obituario

Muere a los 81 años José Domínguez, 'El Cabrero', voz libre y emblemática del flamenco

La capilla ardiente se instalará en el Teatro Municipal de Aznalcóllar, su localidad natal

Foto de archivo del cantaor José Domínguez 'El Cabrero'

Foto de archivo del cantaor José Domínguez 'El Cabrero' / José Albadalejo / EFE

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A. R. C.

José Domínguez Muñoz, conocido artísticamente como El Cabrero, ha fallecido en Sevilla a los 81 años. Con su muerte desaparece una de las voces más singulares, carismáticas y comprometidas del flamenco de las últimas décadas.

El cantaor, nacido en la localidad sevillana de Aznalcóllar, será despedido en su localidad natal, donde se instalará la capilla ardiente en el Teatro Municipal. Por expreso deseo de la familia, no se permitirá la cobertura de los medios de comunicación, según han informado fuentes de la promotora Acción Producciones.

Figura de fuerte personalidad artística y vital, El Cabrero hizo del cante una forma de expresión libre, austera y profundamente ligada a sus convicciones libertarias. Antes de consagrarse como cantaor, fue pastor de cabras desde niño y durante buena parte de su vida adulta, un oficio que marcó su carácter y también su manera de entender el mundo.

Entre los reconocimientos que ha recibido a lo largo de su carrera, en 2024 fue condecorado con la Medalla de la Provincia de Sevilla.

Una carrera flamenca fulgurante, atípica y fiel a sí misma

Como describía la colaboradora de El Correo de Andalucía Sara Arguijo en un artículo dedicado a su figura, la trayectoria de José Domínguez fue tan fulgurante como poco común dentro del flamenco. Su carrera profesional arrancó en 1973 en el Théâtre de l’Atelier de Ginebra y se prolongó durante medio siglo, marcada por una voz áspera, directa y profundamente reconocible, pero también por una manera de estar en el mundo que nunca se desligó de su cante.

04/09/2019 José Domínguez Muñoz,'El Cabrero'. En imagen de archivo. SOCIEDAD AYUNTAMIENTO DE BEDMAR

José Domínguez Muñoz, 'El Cabrero' / AYUNTAMIENTO DE BEDMAR / Europa Press

El Cabrero construyó una carrera al margen de las convenciones. Su repertorio, de fuerte contenido social, convirtió muchos de sus recitales en espacios de denuncia y conciencia colectiva. Sus letras combativas, envueltas en ironía, franqueza y una hondura flamenca sin concesiones, lo hicieron conectar con un público fiel que veía en él algo más que a un cantaor: una figura de autenticidad radical.

Esa fuerza se mantenía intacta todavía en 2018, cuando actuó en el Festival de Cante Grande de El Viso del Alcor. Según relataba Sara Arguijo, aquella noche el recinto estaba lleno y numerosos aficionados acudieron conscientes de que podían estar ante una de sus últimas apariciones. Pocos meses después, un ictus le obligó a suspender un concierto en Madrid y a apartarse definitivamente de los escenarios.

Una fuente de inspiración para músicos géneros dispares

Su carrera estuvo atravesada por una independencia poco habitual. El documental Mi patria es mi libertad, dirigido por Joaquín Mimbrero Domínguez y con guion de Elena Bermúdez, lo retrata como un artista que no se limitó a incumplir las normas, sino que las dejó "inservibles". También la propia producción de la cinta reflejó ese espíritu: fue realizada sin dependencia de instituciones públicas ni patrocinadores privados.

Esa misma actitud le acompañó frente a la industria y los medios. Su película El Cabrero, el canto de la sierra, de 1988, nunca fue emitida en España, aunque sí pudo verse en televisiones de otros países. Pese a ello, su influencia trascendió fronteras y estilos. Se relacionó con músicos internacionales, de Peter Gabriel a Reincidentes, y acercó al público repertorios vinculados a autores como Horacio Guaraní, Atahualpa Yupanqui o Alberto Cortez.

Además de su dimensión flamenca, dejó versiones de boleros, rancheras y tangos que influyeron en artistas posteriores. Rocío Márquez adaptó su versión por bulerías de Luz de Luna en el álbum Visto en el Jueves, mientras que el grupo Marea llevó a su terreno Como el viento de Poniente en Besos del perro. También artistas como Mayte Martín aparecen vinculadas a esa huella musical.

El Cabrero fue, en definitiva, un cantaor clásico y a la vez insólito: defensor del rigor, la autenticidad y la pureza del flamenco, pero también dueño de una carrera libre, incómoda y profundamente personal. Su voz queda asociada a una forma de cantar sin artificios y a una manera de entender el escenario como lugar de verdad, denuncia y memoria colectiva.

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