LA PIZARRA
Las cuatro claves tácticas del Barça-Inter: El fútbol para combatir el drama del balón parado
Hasta dos goles recibió el equipo de Flick en sendos saques de esquina

Pedri recoge el balón de la red del Barça tras el gol de Marcus Thuram en el segundo 30 de partido en Montjuïc. / Jordi Cotrina

Cinco goles ha encajado el Barça de Flick en los dos últimos partidos. Y cuatro han sido a balón parado: la falta de Mbappé y el cabezazo de Tchouámeni, a la salida de un córner, en la final de la Copa. Tres le marcó el Inter en Montjuïc en la semifinal de la Champions, quien logró un tesoro también en este tipo de acciones. Dos córners lanzó el conjunto italiano y dos tantos: el 0-2 y el 2-3 de Dumfries, prueba de la debilidad azulgrana, que combatió a través de un juego luminoso guiado por la creatividad de Lamine Yamal.

Dumfries marca el 0-2 del Inter a la salida de un córner contra el Barça en Montjuïc. / Jordi Cotrina
En 20 minutos, el Barça de Flick encajó dos goles. El problema no fue ese 0-2 sino que se sintió vulnerable porque el Inter supo hurgar en la herida que dejaba la espalda de Gerard Martín. Hasta dos centros necesitó Dumfries, un portento físico, para encontrar a Marcus Thuram, quien se inventó un monumental taconazo para silenciar Montjuïc. Apenas 30 segundos de una noche que debía ser histórica. Y 0-1 para el conjunto italiano.
La herida se haría todavía mayor cuando en un saque de esquina, mal defendido por toda la estructura azulgrana, se permitieran hasta dos remates dentro del área de Szczesny. Un cabezazo de Acerbi fue el prólogo de la acrobática chilena de Dumfries, ya en el área pequeña, para sellar el 0-2. El caos estaba llegando. Hasta dos goles recibió el equipo de Flick en sendos saques de esquina. Una en la primera parte; otro, en la segunda.

Lamine Yamal inicia una jugada de ataque en el Barça-Inter de Montjuïc. / Jordi Cotrina
Al caos del Barça solo se le podía combatir desde la genialidad de Lamine Yamal, transformado por una noche en una fusión casi perfecta de Messi+Neymar. Pero, en realidad, era simplemente Lamine, calificado por el diario italiano ‘La Gazzetta dello Sport’ como “la ira de Dios”. De la nada se inventó un gol extraordinario que despojó al Inter de esas toneladas de confianza adquiridas por los tantos de Thuram y Dumfries. Creó un gol ‘messiánico’ desnudando a un batallón de jugadores italianos, que quedaron anonadados.
Encendió Montjuïc un adolescente de 17 años y luego el empate llegó a través del juego colectivo gracias a una acción con 14 pases en la que intervinieron hasta nueve jugadores, todos menos Szczesny y Lamine. Hasta que el balón, delicado y preciso de Pedri, impactó en la cabeza de Raphinha, que asistió a Ferran Torres.

Los jugadores del Barça atienden a Koundé tras la lesión muscular que sufrió en la primera mitad ante el Inter. / Efe / Alejandro García
Estaba apasionado Montjuïc cuando Jules Koundés pidió el cambio. Se sentó en el césped de la montaña olímpica reclamando ser sustituido porque ya no podía seguir. Reventó el héroe de la Copa, exprimido físicamente tras una temporada interminable. Se dejó toda su energía en La Cartuja cuando robó aquel balón antes de que llegara a los pies de Brahim. Después, marcó el gol de su vida.
Aguantó 42 minutos hasta que sus músculos reventaron. Es el jugador más usado por Flick durante esta campaña al punto de que había jugado 4.423 minutos en nueve extenuantes meses. Pero sus músculos reventaron en la semifinal de la Champions.

Los jugadores del Barça, tras el 0-2 del Inter en Montjuïc. / Jordi Cotrina
Con la lesión de Koundé, Flick ordenó sacar a Eric García para terminar la primera mitad jugando con tres centrales. Se mantenía Gerard Martín en el flanco izquierdo, pero duró poco en el campo porque en el descanso se vivió otro cambio. Quitó el técnico al joven lateral zurdo porque sacó a Araujo, por lo que resituó a toda la defensa. Colocó al central uruguayo en el flanco diestro, desplazó a Pau Cubarsí como central zurdo y arrinconó a Iñigo Martínez, como ocurrió en los minutos finales de la final de Copa, como lateral zurdo. O sea, Flick terminó jugando con cuatro centrales y sin sus dos laterales titulares ya que Balde lleva días lesionado y Koundé caía en la noche del 3-3.
Hasta apareció Christensen, que no jugaba desde agosto pasado.
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