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FÚTBOL

El 'viejo nuevo' Madrid desnuda a Xabi Alonso y dilapida su discurso

El manifiesto inicial del técnico vasco ha prescrito antes de la primera vuelta: no hay rastro de la presión y el cambio de actitud prometidos

Xabi Alonso, después del empate del Real Madrid en Vallecas.

Xabi Alonso, después del empate del Real Madrid en Vallecas. / Associated Press/LaPresse / LAP

Madrid

A Xabi Alonso ha empezado por traicionarle su propio discurso. Sobre todo, por la incapacidad para mantenerlo o defenderlo hasta las últimas circuntancias. Donde Flick muere con una línea que puede guillotinar al Barça, el vasco se aparta de lo que dijo. Sus ruedas de prensa duran menos que un contraataque y han terminado por ser sesiones incómodas en las que no quiere participar. Porque las preguntas las tiene él y, por el momento, no ha encontrado respuesta.

Asencio evidencia a Huijsen

Ante la caída del sistema, que ha perdido sentido desde el clásico, emergen los jugadores que mejor dominan sus circunstancias. Uno de los que mejor representa este sentido de la autodeterminación es Raúl Asencio, que en Vallecas celebró su primer año como profesional. Y lo hizo con la misma virtud correctora que le ha permitido asentarse en una primera plantilla del Madrid para el que era la cuarta opción -no hace tanto- en la línea sucesoria. Todo, gracias a su vocación correctora.

El único central a la altura del Real Madrid, hasta el momento, es Militao. Un milagro de la recuperación después de dos cruzados que, de no darse, habría expuesto aun más al club blanco. Porque Huijsen es, todavía, un proyecto de gran jugador. Como a Xabi Alonso, el cartel publicitario de 'chill guy' se le ha terminado. La explosión de un futbolista que hace un año no sería ni candidatable en el Madrid fue un fuego de artificio detrás del que vinieron dos rojas y un sinfín de correcciones que dejan margen para la sospecha.

Vinicius y Carreras, una pareja imposible

Hay una clara incompatibilidad entre dos de los jugadores que deberían firmar una asociación inquebrantable como Vinicius y Carreras. El brasileño es un jugador que rinde en un régimen de libertad total, algo que le incomoda a un Xabi Alonso que quiere controlar hasta el talento de sus discípulos. Lo logró incluso con hombres volcánicos como Xhaka en el Leverkusen. Pero como le recordó Gareth Bale, otro espíritu sin restricciones, "en el Madrid importan más los egos que las tácticas".

El pronombre favorito del club sigue siendo el 'yo'. Más si cabe en el caso de un Vinicius que en cada partido interpreta su show deportivo y personal. "Pagáis por verme" o el "eres malísimo" son parte de una escena que en realidad muestra a un solista al que le persigue un cañón de luz que, por lo menos, desestabiliza a los contrarios. Él puede hacer la guerra por su cuenta y que la moneda caiga de cara, incluso en contra de los preceptos de su entrenador. Pero cuando enfrente hay un equipo que iguala en intensidad al Madrid es todo más difícil. El fotograma del '7' con cuatro contrarios encima sin nadie acompañándole fue un retrato perfecto del tropiezo en Vallecas.

Mbappé, cortado por la navaja de Ockham

El Madrid actual, después de los tropiezos contra el Liverpool y el Rayo, se podría explicar a través de la teoría de la navaja de Ockham. Es decir, ante varias explicaciones de un mismo fenómeno, la más simple es la más probable o preferible. ¿Y cuál es esta? Que los jugadores no entienden o no quieren seguir los preceptos de un Xabi Alonso que, con un estilo diferente al de Ancelotti, con el que quiso marcar una clara diferencia desde el principio, está obteniendo mejores resultados que la pasada campaña, pero igualmente insuficientes para competir en la primera fila europea.

Encuentros como el de Vallecas dejan una radiografía que detecta los puntos débiles del Madrid. Algunos ya existían y otros han terminado por cronificarse. Como la falta de un mediocentro que, a día de hoy, no existe en un mercado al que pueda acceder el club. O la ausencia de un '9' canónico que evite la dependencia de una genialidad de un Mbappé al que las derrotas dejan marcado, fruto de la dependencia de sus goles. Y porque es, para bien y para mal, el líder de un equipo ya definido a su alrededor. Todo, para escuchar a lo lejos el rock n' roll prometido por Xabi Alonso que se ha convertido en una Balada triste de trompeta a la que cuando intente bajarle el sonido por un canal, termina saliendo el ruido por el otro.

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