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La ronda española

Enric Mas, de las desdichas al rojo de la Vuelta

El ciclista mallorquín, de 31 años, líder de la prueba en la jornada de descanso, ha ido superando desdichas que han frenado la carrera de uno de los corredores más brillantes de la última década

Enric Mas, de rojo, rodeado por los compañeros del Movistar.

Enric Mas, de rojo, rodeado por los compañeros del Movistar. / MOVISTAR TEAM

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Sergi López-Egea

Sergi López-Egea

Cartagena (enviado especial)

No hay tiempo para celebraciones ni casi para hacer una vídeo llamada y ver a los dos chavales una vez ganada la etapa de Aitana. De la cima de la base militar a Albacete, donde dormían los equipos de la Vuelta, había dos horas largas de camino, para echar una cabezadita en el autocar y recordar una vida ciclista, la de Enric Mas, 31 años, llena de desdichas y sinsabores, que han enturbiado la carrera de uno de los corredores más brillantes de la última década.

Lo peor, porque no tuvo remedio, porque un triunfo deportivo sólo es una anécdota, le sucedió cuando su amigo Pep Toni Escandell, mallorquín como él, murió en su casa de Andorra de forma repentina. Era su masajista de confianza. Era julio de 2020, el año que se aplazó el Tour por el covid, el que corrió con los consejos de Alejandro Valverde, convertido en su guardián sobre la bici, y donde consiguió con una quinta plaza la mejor posición en la tabla de la ronda francesa.

Enric Mas, tercero por la derecha, posa con los compañeros del Movistar, en la jornada de descanso de la Vuelta.

Enric Mas, tercero por la derecha, posa con los compañeros del Movistar, en la jornada de descanso de la Vuelta. / MOVISTAR TEAM

El Tour y Mas se han divorciado, pero no por falta de ganas de un ciclista defensor de las costumbres y la identidad mallorquinas. Hijo de padre médico y madre enfermera fue descubierto por la fundación de Alberto Contador y fichado por Eusebio Unzué para el Movistar, convencido de que sería una estrella en las grandes rondas, y que ahora, después del desastroso abandono por accidente de Tadej Pogacar, busca hacer realidad el sueño de ganar la Vuelta, donde siempre se ha sentido mucho más a gusto que bajo el sol del Tour.

Una vez, subiendo a Els Cortals d’Encamp, una de las cuestas más duras de Andorra, resultó incómodo molestarlo tras verlo en acción. Era un profesional entrenando, en la ‘oficina’ como denominan los corredores a la carretera. Y en Bilbao riñó al periodista. “¿Por qué no me dijiste nada?”. Horas después, antes de finalizar la primera etapa del Tour de 2023, el que partió de la capital vizcaína, se fue al suelo, a la ambulancia, al hospital y, de nuevo, rotos los sueños de la Grande Boucle, que abandonó por covid el año anterior y por una caída dos años después.

La décima etapa de la Vuelta, este martes.

La décima etapa de la Vuelta, este martes. / LA VUELTA

Ha superado campañas de desprestigio, sobre todo en las redes sociales, ásperas muchas veces, y hasta una vez tuvo que llamar al orden a un aficionado al que recriminó la falta de respeto hacia un profesional, que en 2022 sufrió una crisis psicológica, que tantas veces afecta a deportistas, más allá de la fama y los contratos de ensueño.

Tres caídas consecutivas en descensos le hicieron entrar en pánico. Se bloqueaba, por ejemplo, bajando por el Galibier mientras el Visma trataba de destrozar a Pogacar entre Van Aert, Roglic y Vingegaard. Óscar Saiz, un experto de descenso en bicicleta de montaña, que anteriormente había ayudado al francés Thibaut Pinot, se puso manos a la obra; la trazada, la frenada, la seguridad, la superación del miedo y lo recuperó para que pudiera acabar la Vuelta de 2022 en segundo lugar por detrás de Remco Evenepoel. Y ahora luce el rojo, convertido en el principal favorito para ganar una carrera huérfana de Pogacar pero animada y recuperada por las alas del ciclista mallorquín.

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Fuente: El Periódico

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