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Comercio

China camina hacia un nuevo récord exportador que debilita a Trump

Las ventas en el exterior, impulsadas por la inteligencia artificial y la demanda de semiconductores, alcanzaron un superávit comercial récord que supera el billón de dólares, merman la posición de Estados Unidos

Donald Trump al teléfono desde el Despacho Oval

Donald Trump al teléfono desde el Despacho Oval / MICHAEL REYNOLDS / EFE

Adrián Foncillas

Adrián Foncillas

Pekín

Las exportaciones chinas mantienen su impulso y consolidan un superávit comercial récord que el pasado año se situó por encima del listón psicológico del billón de dólares. Los dos primeros meses de este ejercicio ya apuntan a un nuevo récord: aumentaron un 22%, el triple de lo pronosticado por los expertos. La cifra tiene repercusiones geopolíticas inmediatas, ya que debilita al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en vísperas de su visita a Pekín y acentuará las viejas reclamaciones europeas de un comercio más justo.

Imbatible durante décadas con sus manufacturas baratas, es ahora la Inteligencia Artificial (IA) la que empuja las exportaciones chinas. Las ventas globales de sus semiconductores se elevaron un 73%. Baterías y paneles solares, asociados a la revolución verde, también han contribuido al salto. Las exportaciones de sus coches aumentaron un 67% a pesar de las vallas arancelarias mientras las maquinarias y productos eléctricos subieron el 27%. Siguen produciendo las fábricas chinas a mayor ritmo del que puede absorber su demanda interna y el resto del mundo recibe el excedente. “Aunque es muy improbable que las exportaciones mantengan el ritmo reciente, es muy probable que sigan fuertes debido al descenso de las tarifas estadounidenses y la fuerte demanda de semiconductores”, ha escrito Zichun Huang, economista de Capital Economics.

Ni las trabas de la primera potencia económica mundial han debilitado al sector exportador chino. China hizo los deberes tras la primera guerra comercial librada con Trump y se aplicó en los años siguientes a diversificar sus mercados con la certeza de que habría segunda. En enero y febrero cayeron las ventas a Estados Unidos un 11% pero esa demanda ha sido cubierta con creces por el sudeste asiático, con un aumento del 30%, Europa o Corea de Sur, ambas con el 27%, y Latinoamérica, con el 16%.

Viaje a finales de marzo

El presidente estadounidense llegará a Pekín el 30 de marzo sabiendo que su industria no puede sobrevivir sin los minerales raros de China y que esta cuenta con un eficaz blindaje contra sus aranceles o cualquier subterfugio con el que pretenda regatear la prohibición del Tribunal Supremo. De la cita, concertada por Xi Jinping y Trump, en Corea del Sur a finales de año, se espera que transforme la tregua en un marco comercial amplio y sólido. No obstante, las expectativas se han derrumbado en las últimas semanas por los ataques de Trump a gobiernos cercanos a Pekín y por lo que entiende China como escasa preparación de su invitado. Solo recientemente han empezado las reuniones de trabajo cuando los negociadores chinos acostumbran a dedicarle meses a cumbres similares. Ni siquiera se ha concretado aún la tradicional reunión de altos ejecutivos que sí disfrutaron recientemente las comitivas de Alemania, Francia o el Reino Unido en Pekín. Más que avances, esperan los expertos que nada se rompa y siga la cordialidad, que no interrumpa China las adquisiciones de grano ni las ventas de minerales raros. Un acuerdo de compra de 500 aviones Boeing a cambio del acceso a las piezas de repuesto que necesitan sus aerolíneas marcaría el éxito de la reunión.

Con ese reciente aumento de las exportaciones chinas a Europa aterrizará Pedro Sánchez en Pekín un par de semanas después de que despegue Trump. En el desfile de líderes europeos por la capital china, estimulado por el proteccionismo de Washington, nunca faltan los lamentos por el lacerante desequilibrio comercial. Ursula von der Leyen, presidenta del Parlamento europeo, le echó en cara en julio a Xi Jinping, presidente chino, el déficit de 300 mil millones de euros y pidió “soluciones reales”. Bruselas acusa a China de exportar su sobreproducción, lo que mina sus industrias locales con precios imbatibles, y de trabar el acceso a su vasto mercado de 1.400 millones de consumidores. Pekín responde que su comercio no se distingue del que han practicado las potencias occidentales toda la vida y le advierte de que su industria de paneles o coches eléctricos no será más competitiva levantando muros arancelarios. La terca repetición de las reclamaciones europeas durante años revela que muy poco o nada se ha avanzado.

Las exuberantes exportaciones indican que el Gobierno no siempre reina sobre su economía. Todos los esfuerzos para que sean relevadas como principal motor por el autoconsumo han fracasado. La semana pasada, durante la Asamblea Nacional Popular, Pekín fijó un crecimiento económico para este año de entre el 4,5% y el 5%, el más bajo en más de tres décadas. Con el sector inmobiliario hundido, un inquietante paro juvenil y un gasto flácido, las exportaciones siguen como el valor más seguro de la segunda economía mundial.

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