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Defensa

Bruselas descarta por ahora un ejército común de la UE y alienta la compra conjunta entre países

El responsable de Defensa y Preparación de la Secretaría General de la Comisión Europea Diego de Ojeda sitúa la defensa europea como una “oportunidad de oro” para la industria española

Diego de Ojeda, jefe de la Unidad de Defensa y Preparación de la Secretaría General de la Comisión Europea.

Diego de Ojeda, jefe de la Unidad de Defensa y Preparación de la Secretaría General de la Comisión Europea.

Pablo Gallén

Pablo Gallén

Madrid

El jefe de la Unidad de Defensa y Preparación de la Secretaría General de la Comisión Europea, Diego de Ojeda, defendió en Madrid que el giro de la Unión Europea hacia una mayor autonomía en seguridad y defensa abre una “oportunidad de oro” para la industria española, aunque advirtió de que ese impulso solo será eficaz si Europa acelera la compra conjunta, refuerza su base industrial y mejora tanto su preparación militar como civil.

Ojeda intervino en el desayuno informativo 'Política de Defensa de la Unión Europea: oportunidades para la industria española de defensa', organizado por el Club Diálogos para la Democracia, en un acto en el que fue presentado por el exministro Miguel Sebastián y tras el que respondió a preguntas de los asistentes en un coloquio moderado por el asesor senior de EY Ignacio Niño.

Durante su intervención, sostuvo que la política de seguridad y defensa de la UE vive una fase de “plena ebullición” y aseguró que, en los últimos cinco años, Bruselas ha hecho “más que en las seis décadas precedentes”. A su juicio, la guerra en Ucrania, el deterioro del entorno geopolítico y la reducción progresiva del compromiso convencional de Estados Unidos con la seguridad europea obligan a la UE a reforzar capacidades, financiación e industria propia.

En ese contexto, destacó que el nuevo marco europeo moviliza “decenas de miles de millones de euros” en defensa y puede beneficiar especialmente a países con una base industrial consolidada, como España. Citó fondos comunitarios, préstamos europeos e incentivos para aumentar el gasto y la capacidad de producción, y consideró que empresas como Navantia o Indra, junto al resto del sector, están ante una clara ventana de oportunidad.

Defensa de la OTAN

En el coloquio posterior, Ojeda fue más allá y abordó el debate sobre un posible ejército europeo. Afirmó que "no hay ningún proyecto de creación de un ejército europeo” sobre la mesa de la Comisión y recordó que el Ejecutivo comunitario no tiene competencias militares para impulsarlo. Aun así, admitió que, como europeísta, la idea le resulta atractiva, aunque señaló que antes habría que aclarar para qué serviría, con qué países se articularía, cómo conviviría con la OTAN y qué costes tendría.

Precisamente, insistió en que la cooperación entre la UE y la Alianza Atlántica sigue siendo esencial. Recordó que la OTAN continúa siendo la única garante de la defensa colectiva de la mayoría de los Estados miembros, mientras que la Unión aporta instrumentos que la Alianza no puede ofrecer por sí sola, como regulación, financiación, infraestructuras, movilidad militar o coordinación civil en situaciones de crisis.

Uno de los conceptos sobre los que más incidió fue el de 'readiness', o preparación. Según explicó, la UE avanza no solo en preparación militar, sino también en preparación civil, dos dimensiones que “van de la mano”. Citó la estrategia europea de preparación civil y la hoja de ruta de defensa para 2030 y reconoció que Europa “no está bien preparada”, aunque sí “mucho mejor” que hace tres años.

Ojeda también subrayó la creciente importancia del espacio para la seguridad europea. Señaló que la conectividad, los servicios esenciales y buena parte de la vida diaria dependen de infraestructuras satelitales, por lo que la UE debe desarrollar capacidades propias y protegerlas frente a riesgos físicos y cibernéticos. En ese marco situó proyectos como IRIS2.

Sobre la disuasión nuclear europea, evitó pronunciarse políticamente, aunque reconoció que Francia ha planteado distintas opciones para extender su capacidad disuasoria al resto de Europa y dejó claro que cualquier avance en esa dirección dependería de los Estados, no de la Comisión.

Respecto a Ucrania, reiteró que el compromiso europeo con Kiev seguirá siendo “inquebrantable” y defendió que el apoyo responde tanto a una obligación política y moral como a un interés estratégico directo de Europa. Además, presentó a Ucrania como una fuente de innovación militar de primer nivel y animó a las empresas españolas a acercarse al país, conocer sus necesidades y aprender de sus avances en drones, sistemas no tripulados y soluciones tácticas de bajo coste.

Entre los retos del nuevo ciclo inversor, citó el talento, las materias primas críticas y la innovación. Reconoció la necesidad de más ingenieros, técnicos y personal cualificado, al tiempo que admitió la fuerte dependencia exterior de Europa en materias primas estratégicas, especialmente de China. También defendió que pymes y 'startups' deben tener un papel relevante en la nueva política industrial de defensa, por su mayor agilidad innovadora.

Uno de sus mensajes más reiterados fue que el problema no es solo gastar más, sino gastar mejor. Alertó del riesgo de que el aumento de la demanda militar dispare los precios si cada país compra por separado y compite con sus socios por los mismos sistemas. Frente a ello, defendió la compra conjunta como la mejor herramienta para limitar tensiones inflacionistas, ganar economías de escala, dar visibilidad a largo plazo a los fabricantes y mejorar la interoperabilidad entre los ejércitos europeos.

Como telón de fondo, Ojeda sostuvo que el refuerzo de la defensa europea no debe verse como una renuncia a la paz, sino como una condición para preservarla. En su opinión, la disuasión, la capacidad industrial, la preparación civil y militar y la cooperación con los aliados son hoy elementos inseparables de la estabilidad europea, y en ese escenario España parte de una posición competitiva para transformar ese nuevo impulso comunitario en crecimiento industrial y empleo cualificado.

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