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Pulso económico entre las dos mayores potencias

La victoria comercial de Trump tiene trampa: un 44% menos de déficit, pero más músculo global para China

Al tiempo que Washington presume de comprar menos a China, el Gobierno de Xi Jinping sortea los aranceles a través de Vietnam y gana terreno en Europa con el coche eléctrico

Archivo - El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, junto a su homólogo en China, Xi Jinping, durante su encuentro en 2025 en la ciudad surcoreana de Busan

Archivo - El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, junto a su homólogo en China, Xi Jinping, durante su encuentro en 2025 en la ciudad surcoreana de Busan / Europa Press/Contacto/Daniel Torok/White House

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Madrid

Este miércoles, el Air Force One de Donald Trump volverá a surcar los cielos de Pekín en la que será la primera visita presidencial estadounidense a China en casi una década. Lo hace con unas cifras que, al menos sobre el papel, resultan favorables para Washington: Estados Unidos compra ahora mucho menos a China. Desde el llamado Día de la Liberación —la jornada bautizada como el inicio de la ofensiva comercial de la Casa Blanca— el déficit comercial estadounidense con el gigante asiático se ha reducido un 44,2% respecto a los niveles de 2024, hasta los 164.751 millones de dólares (141.000 millones de euros), según datos de la Oficina del Censo estadounidense. En términos sencillos, el déficit comercial refleja la diferencia entre lo que un país compra y lo que vende a otro.

Sin embargo, mientras Estados Unidos ha abierto nuevos frentes diplomáticos y bélicos con Irán, Pekín ha reforzado la aplicación del viejo proverbio chino: 'sentarse en la montaña y mirar mientras luchan dos tigres'. El gigante asiático ha reforzado discretamente su presencia comercial en otras partes del mundo, a pesar de la caída de las exportaciones a Estados Unidos, lo que ha dejado al país con el mayor superávit del mundo. Al cierre de 2025, el superávit se situó en los 1,2 billones de dólares (1 billón de euros) un máximo histórico para el país.

La cumbre histórica que se celebrará este miércoles entre Trump y su homólogo chino Xi Jinping podría dar un balón de oxígeno al comercio bilateral, pero también es una oportunidad para poner varios temas clave sobre la mesa que afectan a la economía global como las restricciones a semiconductores, las importaciones agrícolas y los aranceles. Los dos líderes se han visto en persona en seis ocasiones a lo largo de los dos mandatos del empresario neoyorquino: en Florida, Hamburgo, Pekín, Buenos Aires, Osaka (Japón) y en Busán (Corea del Sur). ¿Qué se puede esperar de este encuentro?

Los mercados enfrían el optimismo

Las gestoras de fondos y los bancos de inversión no contemplan un milagro en el primer cara a cara entre ambos líderes. "Es probable que ambas presenten el resultado como un éxito", explica Jack Janasiewicz, gestor de carteras de Natixis, aunque descarta que la cita entre ambas potencias vaya a alterar de forma significativa el rumbo de los mercados. "En el mejor de los casos, podríamos ver una retirada limitada de la política arancelaria por parte de Trump, compensada con un compromiso de Xi de aumentar la inversión extranjera directa", sostienen.

Peiqian Liu, economista para Asia del equipo de macro global y asignación de activos de Fidelity, coincide con el diagnóstico y rebaja las expectativas de que "la cumbre produzca un gran acuerdo entre Washington y Pekín". El escenario base de la gestora pasa por que los aranceles a China se mantengan "en una horquilla de entre el 25% y el 30%" una vez concluida la reunión de tres días.

Xi sortea los aranceles a través de Vietnam

De hecho, Pekín ha encontrado en Vietnam una vía estratégica para amortiguar el impacto de los aranceles estadounidenses. Aunque las ventas directas de China a Estados Unidos se han reducido, parte de esa actividad comercial se ha desplazado hacia terceros países del sudeste asiático, con Vietnam como uno de los principales beneficiarios. El salto es evidente: las importaciones estadounidenses de bienes procedentes de Vietnam alcanzaron los 193.800 millones de dólares en 2025, un 42% más que el año anterior, y el déficit comercial de EEUU con el país asiático se amplió hasta los 178.200 millones, según la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos.

Ante este crecimiento, muchas empresas chinas han trasladado allí parte de su producción, ensamblaje o logística para seguir abasteciendo al mercado estadounidense bajo una etiqueta menos expuesta a las barreras comerciales impuestas por Washington. La conexión con China sigue siendo clave: en 2024, Estados Unidos fue el principal mercado de exportación de Vietnam, con 119.600 millones de dólares, mientras que China fue su mayor proveedor, con 144.300 millones en ventas al país. Ese mismo año, Vietnam registró un superávit comercial de 104.600 millones con EEUU y un déficit de 83.700 millones con China, una fotografía que refleja cómo el país compra suministros chinos y vende productos terminados al mercado estadounidense.

Las exportaciones agrícolas de EEUU a China se hunden un 65,7% desde 2024.

EEUU frena a los coches chinos

Los coches se han convertido en uno de los grandes motores comerciales de Pekín y en una pieza central de su estrategia exportadora. La ofensiva es especialmente visible en Europa, donde los vehículos eléctricos fabricados en China han ganado peso con rapidez: la UE importó coches y componentes por valor de 22.000 millones en 2025, un 8% más que el año anterior, y la cuota de mercado ya se sitúa en el 9,5%. La previsión de la Asociación Europea de Constructores de Automóviles (ACEA) es que la cuota de las marcas chinas alcance hasta un 20% en los próximos cuatro años a pesar de que Bruselas ha respondido con aranceles compensatorios a los eléctricos chinos.

En Estados Unidos, sin embargo, el avance de los coches chinos se ha frenado con claridad. Las importaciones estadounidenses de automóviles procedentes de China se situaron en 1.800 millones de dólares en 2025, frente a los 3.660 millones del año anterior, lo que supone un desplome cercano al 51%. El dato refleja el efecto del endurecimiento arancelario y de las barreras comerciales levantadas por Washington, que han limitado la capacidad de Pekín para replicar en el mercado estadounidense la ofensiva exportadora que sí ha logrado desplegar en Europa.

El campo estadounidense en el fuego cruzado

El gran damnificado de la batalla comercial que libra Trump ha sido el campo estadounidense. China ha utilizado las compras agrícolas como una palanca de presión directa sobre Washington, y la soja es el ejemplo más evidente: en 2024, el país asiático fue uno de los grandes destinos de las exportaciones estadounidenses, con compras de soja valoradas en unos 12.800 millones de dólares, pero los aranceles y represalias posteriores han alterado ese flujo. En 2025, esas exportaciones se desplomaron hasta los 3.088 millones de dólares como resultado de la guerra arancelaria.

Pekín ha impuesto gravámenes adicionales a productos agrícolas estadounidenses como la soja, el pollo, el cerdo y la carne de vacuno, mientras redirige parte de su demanda hacia proveedores alternativos como Brasil o Argentina. Para los agricultores del Medio Oeste, la disputa no es una abstracción geopolítica: significa perder cuota en su principal cliente exterior y quedar expuestos a una negociación que se decide muy lejos de sus explotaciones.

Las exportaciones agrícolas de EEUU a China han disminuido un 65,7% desde 2024.
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