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Opinión | Opinión

Martí Saballs Pons

Martí Saballs Pons

Director de Información Económica de Prensa Ibérica

Del whisky al brandi; del calimocho al 'aperol'

Botellón durante las fiestas de Gràcia, en agosto de 2025.

Botellón durante las fiestas de Gràcia, en agosto de 2025. / JORDI OTIX

En la ciudad italiana de Padua, los hermanos Luigi y Silvio Barbieri inventaron en 1919 un aperitivo que bautizaron con el nombre de Aperol. Quién les habría dicho entonces que, un centenar de años más tarde, aquel invento se convertiría en una moda que acabaría traspasando las fronteras trasalpinas, para -unido al apellido Spritz y bajo la propiedad de Campari- convertirse en una nueva alternativa del mercado de bebidas alcohólicas ligeras destinada primordialmente a la generación Z (los nacidos entre 1997 y 2010). Tal es la invasión de este aperitivo, estrella en las terrazas de los bares italianos, que hasta tradicionales marcas locales de cava empiezan a producirlo. Los italianos inventan y venden marca mejor que nadie.

Nada es casualidad y aquello que funciona en un escenario similar puede funcionar en otro. Tal como apunta la portada de esta semana de ‘activos’ escrita por María Jesús Ibáñez, se está produciendo un progresivo cambio de hábitos de consumo de alcohol, cuyas graduaciones van desde el 4% de la cerveza ligera hasta el 60% de los aguardientes más fuertes.

Las nuevas generaciones beben no solo menos, sino que ejercen largas abstinencias temporales en el consumo de bebidas alcohólicas. Hasta el 53% de los jóvenes dejan de beber durante largos periodos de tiempo, según un informe de IWSR (International Wines and Spirits Research) en los 15 principales mercados mundiales. Según esta asociación, los volúmenes de bebidas alcohólicas están un 2% por debajo de 2019.

Bienvenidos a un cambio de hábitos que está afectando al negocio de las grandes multinacionales del sector, que buscan fórmulas para atraer a nuevos mercados. Los que empezamos con el calimocho (una mezcla infame de refresco de cola con vino de muy baja calidad) en la época universitaria probamos las diferencias de combinados con ginebra, ron y vodka; aprendimos qué era el tequila gracias a aquel vecino mexicano y acabamos degustando un whisky escocés, formamos parte de una era en vías de extinción. El sentido común y el cuidado de la salud han impulsado la moderación. Basta hoy con un poco de vino (tranquilo o espumoso) y cerveza para beber en la mejor compañía.

Los expertos subrayan que "el futuro del sector no va de volumen, sino de criterio". Menos cantidad y más calidad

Dos informes, uno de KPMG y otro de Deloitte, confirman que el gran cambio de percepción respecto al consumo de bebidas alcohólicas se produjo con el covid-19. Aunque es verdad que hubo personas que aprovecharon el encierro para degustar más vino de lo normal, la preocupación sanitaria afectó a todos los ámbitos, acrecentada por más programas de concienciación por parte de gobiernos e instituciones privadas. La relación directa entre el consumo de alcohol en exceso y el desarrollo de enfermedades como el cáncer es tan indiscutible como la que existe en el caso del consumo de tabaco. Aunque siguen vigentes los botellones puntuales durante las fiestas locales, sí han ido desapareciendo los que llegaron a ser un problema de orden público en los parques de las ciudades españolas hace más de una década. De aquellos botellones se ha pasado a la moda del tardeo, que ha creado una oferta complementaria a la noche para generaciones muy diversas.

Ángel Piña, director general del grupo Emperador International Brands (líder mundial en producción de brandi) resume cuál es la estrategia del sector: "Primero, con los menores, ni una gota; con los adultos, el camino debe ser moderación, calidad, gastronomía, coctelería bien hecha, disfrute responsable y marcas con propósito. El futuro del sector no va de volumen, sino de criterio. Menos cantidad y más calidad. Menos consumo impulsivo y más experiencia". Piña, como también reafirman los estudios de las consultoras y de IWSR , menciona la relevancia de la búsqueda de nuevas experiencias y mezclas. El boom de las coctelerías no para. Siguen diseñando experiencias y creando nombres de lo más peculiares para los cócteles de nueva creación. A eso se le une seguir poniendo de moda los viajes para ver in situ la experiencia de la elaboración de las bebidas alcohólicas, uniéndolos a la gastronomía local. Desde Jerez de la Frontera hasta Islay (Escocia), Cognac (Francia) o Jalisco (México), donde se encuentra mayoritariamente el agave azul, la planta de la que se inicia el tequila. Una cultura de viaje y experiencia que ya desarrollan desde hace años las bodegas de vinos.

Los fabricantes de estas bebidas no solo buscan nuevas mezclas para los mercados desarrollados. Nada les impide apostar por los países emergentes que empiezan a consumir alcohol a medida que sube su nivel de vida. IWRS estima que, de 2024 a 2029, los mercados que más crecerán para sus productos tradicionales, a ritmos que van del 10 % a más del 20%, serán la India, México, Nigeria, Sudáfrica, Brasil y Etiopía.

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