CATÁSTROFE EN VALENCIA
Martes 29-O: el día que la política suspendió en geografía
El auto de la jueza apunta al desconocimiento del territorio en la gestión de la emergencia, que sí mostraron periodistas desplazados ese día a los puntos más críticos
Varios alcaldes de la Ribera, hijos de la 'pantanada' de 1982, se anticiparon a la cúpula de Emergencias: a las 18.30 la Policía de Carlet pedía a la ciudadanía subir a plantas altas

Barranco de Chiva, tras la dana. / / J.M. López
José Luis García Nieves
A las 15 horas y 7 minutos del fatídico 29 de octubre, en una conexión en directo desde Chiva, la periodista de À Punt María Sánchez exhibe conocimiento del terreno y anticipa escenarios. “Ahora el peligro no es este barranco, que por esta parte local urbana no se ha desbordado, pero aguas más abajo toma el nombre del barranco del Poyo, y va hacia Cheste, más abajo hacia Alaquàs y Aldaia, y ahí sí que corren el peligro de más inundaciones. Estamos en alerta roja todavía hasta las cinco de la tarde”, señalaba a la audiencia. A esa hora, el Consell estaba pidiendo el despliegue de la UME para Utiel; el president comenzaba una comida en el centro de València, y aún faltaban dos horas para que comenzara la reunión del Centro de Coordinación Operativa Integrado (Cecopi).
El testimonio lo recoge la jueza de Catarroja como ejemplo de buen hacer en un demoledor auto donde imputa a la cúpula política de emergencias de la Generalitat y, sobre todo, cuestiona la línea argumental del Consell: la magistrada señala que había información disponible y que “no serían necesarios especiales conocimientos técnicos” para conocer por “dónde discurría el barranco del Poyo”.
Es una de las lecturas de fondo que deja el escrito de la jueza: la importancia del conocimiento del territorio en la gestión de una emergencia. La jueza Ruiz Tobarra se sorprende de la falta de agilidad de la administración autonómica, siendo las inundaciones un tema tan sensible para los valencianos. Tal como añade en otro punto del auto, “constituye un saber común las repercusiones mortales que han revestido las inundaciones en la Comunidad Valenciana. Las más graves fueron la riada de 1957 y la pantanada de Tous. Correspondía a las autoridades autonómicas alertar a la población”.
La “conciencia situacional”
“Cuando una periodista tiene más conocimiento del territorio que los gestores del territorio tenemos un problema grave como sociedad”, reflexiona Ferran Dalmau, ingeniero forestal y director de Medi XXI, consultora dedicada a la gestión de emergencias y protección civil. El experto, preguntado por la importancia del conocimiento del territorio, echa mano de un concepto básico en gestión de emergencias: la “conciencia situacional”. “Se refiere a la capacidad de percibir con claridad todos los factores relevantes de una emergencia, su entorno, entender su dinámica y predecir cómo evolucionará”, resume.
Uno de los factores fundamentales para una correcta conciencia situacional es el conocimiento geográfico del territorio. No es lo mismo una dana en Orihuela pegada a la costa, que otra que caiga a 50 o 60 kilómetros del litoral, con recorrido para hacer daño, ejemplifica. Fuentes de la reunión del Cecopi apuntaban que, esa noche, incluso después de la alerta y con l’Horta Sud devastada, se siguió hablando de la situación de Forata, no de la rambla del Poyo. «Creo que muchos de allí no sabían que ese barranco existía», señala otro testigo.
Los alcaldes de la Ribera, siguiendo el esquema que dibuja el experto, sí exhibieron conciencia situacional: “Desde la ‘pantanada’ de 1982 tenemos mucho miedo cada vez que viene una gota fría”, señala Jordi Mayor, alcalde de Cullera y nacido en 1980. Mayor lo resume así: si hay temporal, los alcaldes saben que tienen que mirar en el SAIH de la confederación el sensor de l’Hort de Mulet: “Hasta 600 m2/s, tranquilidad”. Los correos con las evoluciones del caudal de ese punto, en Algemesí, figuran entre los 198 enviados por la Confederación Hidrográfica del Júcar a Emergencias en las horas más críticas de aquel fatídico martes.Los alcaldes de la Ribera baixa tienen también un grupo de whatsapp donde decidieron, por ejemplo, suspender las clases y avisar a la población. El recuerdo de la pantanada explica también la atención que se prestó al embalse de Forata en esas horas.
Esa memoria del agua y la tragedia se vio también en el comportamiento de Vicent Mompó, presidente de la diputación y alcalde de Gavarda (pueblo trasladado de ubicación por la pantanada), movilizado desde primera hora. O en Carlet, donde su alcaldesa, Laura Sáez, también criada en la ‘pospantanada’ estuvo en contacto con la CHJ y envió a la policía a avisar en las calles cercanas al Magro para desalojar plantas bajas, sacar los coches, y “ordenar a todos que suban a las plantas altas y alturas superiores”. A las 18.30 horas, cien minutos antes del envío del EsAlert, que pedía únicamente no circular.
Un alcalde consultado, con todo, señala la trascendencia de ese conocimiento del entorno de los dirigentes más pegados al territorio, pero señala que también esa capacidad deben aportarla los técnicos. “Un conseller no puede saber por dónde pasa cada rambla de una región”, concluye.
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