Marta Aracil: “Una casa debe hacer sentir bien a quien vuelve a ella cada día”
La interiorista sevillana defiende una forma de diseñar basada en la escucha, la calma y la vida cotidiana de las personas. Tras más de 26 años en el sector, dirige desde hace unos seis años su propio estudio independiente.

Marta Aracil, fundadora de Marta Aracil Interiorismo & Decoración / Carlos Robles
Redacción Tucasa.com
Antes de elegir un sofá, cambiar el color de una pared o iniciar una reforma, Marta Aracil plantea una pregunta que condiciona todo el proyecto: ¿cómo quiere vivir la persona que ocupará ese espacio? Para esta profesional del interiorismo, una vivienda no se construye únicamente mediante planos, materiales y muebles. El verdadero punto de partida es una conversación.
Aracil cuenta con más de 26 años de experiencia en el sector. Una parte de su trayectoria se desarrolló en la firma Roche Bobois en Sevilla, donde pudo ampliar sus conocimientos sobre mobiliario, diseño y atención personalizada. Hace alrededor de seis años decidió abrir su propio estudio independiente, un proyecto que nació con el propósito de crear proyectos que respondan a la forma en la que las personas viven, trabajan y se relacionan, entendiendo el interiorismo como una herramienta para mejorar su calidad de vida.

Simón Verde / Fotografía de Ángeles Molina
Su forma de trabajar se apoya en la observación de la vida cotidiana. Le interesa conocer dónde se reúne una familia, qué lugar se utiliza para descansar o por qué determinadas estancias terminan concentrando buena parte de la actividad doméstica. Esa información permite plantear viviendas funcionales que responden a rutinas reales y no a una imagen prefabricada.
Esa mirada también define la manera en la que puede colaborar con arquitectos, constructoras, promotoras e inmobiliarias. Su aportación consiste en incorporar desde las primeras fases una mirada centrada en la experiencia de quienes habitarán esos ambientes, ayudando a tomar decisiones que mejoran tanto el proyecto como su valor a largo plazo. Así, ayuda a optimizar distribuciones, recorridos, iluminación, materiales y funcionalidad antes incluso de comenzar la obra. Para ella, el diseño no es la última capa de un proyecto, sino una herramienta que mejora su resultado desde el origen.
Con el tiempo, esa forma de entender el diseño ha evolucionado hacia un concepto de interiorismo de autor, donde cada proyecto nace de la forma de vivir, trabajar o relacionarse de las personas. Más que aplicar un estilo determinado, el objetivo es interpretar cada entorno para que responda con naturalidad a quien lo habita y aporte valor a largo plazo.

Edificio Presidente / Fotografía de Ángeles Molina
La confianza como punto de partida del proyecto
Con frecuencia, las personas creen que necesitan una reforma cuando, en realidad, lo que buscan es una nueva manera de vivir ese espacio. Lo mismo sucede en muchos proyectos comerciales, donde detrás de un cambio de imagen existe la necesidad de mejorar la experiencia de quienes utilizan ese lugar cada día. El interiorismo comienza precisamente ahí, entendiendo qué necesita resolver cada proyecto antes de decidir cómo será.
Entrar en la casa de otra persona supone participar durante un tiempo en decisiones íntimas. Por esta razón, Aracil considera que la confianza, el respeto y la escucha son elementos esenciales del proceso.
El propio estudio refleja esa filosofía. Muchos clientes aseguran sentir paz cuando entran y algunos señalan que el lugar se parece más a una casa que a un despacho profesional. Esa impresión responde a una decisión consciente: crear un lugar pensado para recibir y conversar, no para impresionar.
La experiencia también ha transformado su manera de afrontar cada encargo. Durante sus primeros años entendía el trabajo del interiorista como una búsqueda de respuestas. Ahora concede más importancia a formular las preguntas adecuadas, observar con detenimiento y dedicar tiempo a comprender las necesidades del cliente.

Ctra. Carmona / Fotografía de Ángeles Molina
Diseñar una vivienda sin depender de las tendencias
Las modas decorativas pueden servir como fuente de inspiración, aunque Marta Aracil evita que determinen el resultado de una vivienda. Su criterio parte de una idea sencilla: las tendencias cambian con rapidez y las necesidades de las personas suelen permanecer durante mucho más tiempo.
Esta mirada resulta especialmente relevante al adaptar corrientes internacionales a la realidad andaluza. La luz natural, la relación con el exterior, los patios, los materiales naturales y las áreas compartidas forman parte de una manera concreta de habitar. El objetivo no consiste en copiar ambientes, sino en interpretarlos para que encajen en el lugar y en la vida de sus propietarios.
Cada decisión influye en la experiencia del espacio. La luz natural, la circulación, la relación entre estancias, la elección de materiales, las texturas o la manera en que se percibe un ambiente forman parte de un mismo lenguaje. El objetivo no es únicamente lograr entornos bellos, sino conseguir que funcionen mejor y que el bienestar aparezca de forma natural.

Ático Av. Kansas City / Fotografía de Ángeles Molina
Renovar la casa sin comprarlo todo de nuevo
Una de las consultas más frecuentes en los estudios de interiorismo tiene que ver con el presupuesto. Ante una vivienda que ha dejado de resultar cómoda, la primera reacción suele ser comprar muebles nuevos. Aracil recomienda detenerse antes de tomar esa decisión y detectar qué parte del espacio ha dejado de funcionar.
En algunos casos, la solución puede encontrarse en una nueva distribución, una mejor entrada de luz, la eliminación de elementos innecesarios o una organización más clara. Quitar objetos y dejar que las habitaciones respiren permite ganar amplitud sin aumentar los metros cuadrados.
Este enfoque también ayuda a evitar uno de los errores más habituales al decorar: comenzar por los objetos. El mobiliario, los colores y los materiales deben llegar después de haber definido cómo se va a utilizar cada zona de la casa.

Vivienda Avda. Cruz del Campo / Fotografía de Ángeles Molina
Tecnología integrada para simplificar la vida y facilitar la sostenibilidad
Las herramientas digitales permiten visualizar los proyectos, anticipar decisiones y mostrar al cliente cómo podría quedar el espacio. Aracil continúa desarrollando la fase conceptual con lápiz y papel, mientras incorpora la tecnología como apoyo durante el proceso.
En la vivienda, la domótica ha pasado de ser un elemento visible a integrarse de forma discreta. Los sistemas de iluminación, climatización, seguridad y gestión energética pueden mejorar el confort y reducir el consumo. Su utilidad depende de que se adapten a las costumbres de las personas y simplifiquen su día a día.
Esta combinación entre innovación y trato directo resume buena parte de su propuesta. La tecnología ayuda a proyectar, aunque no sustituye la conversación necesaria para comprender cómo quiere vivir una persona.
Para Marta Aracil, la sostenibilidad comienza tomando buenas decisiones. Apostar por materiales duraderos, distribuciones que resistan el paso del tiempo y proyectos capaces de evolucionar con quienes los utilizan evita reformas innecesarias en el futuro. La tecnología también forma parte de esa visión cuando mejora el confort mediante soluciones de iluminación, climatización o gestión energética que se integran de forma discreta y simplifican la vida cotidiana.

Restaurante El Cruce / Fotografía de Ángeles Molina
Proyectos que acompañan nuevas etapas
Al estudio llegan familias, parejas, particulares que comienzan una nueva etapa y negocios que buscan evolucionar. Sus perfiles son distintos, aunque muchos comparten la sensación de que algo ha dejado de encajar en su entorno.
Además de un proyecto técnico, necesitan ordenar sus ideas, tomar decisiones con seguridad y sentirse acompañados durante una reforma que puede generar incertidumbre. Por ello, el trabajo del interiorista también consiste en aportar claridad y coordinar un proceso en el que intervienen numerosas elecciones.

Crebón / Fotografía de Ángeles Molina
Los proyectos que Marta Aracil recuerda con más satisfacción no tienen que ser los de mayor tamaño. El reconocimiento más importante aparece cuando el cliente siente que la casa le pertenece de verdad y reconoce su propia forma de vivir en ella.
De cara al futuro, la interiorista espera que el sector hable cada vez menos de estilos pasajeros y preste más atención a la influencia que los ambientes ejercen sobre el descanso, el trabajo y las relaciones personales. Su consejo final resume esta manera de entender la profesión: antes de decidir cómo debe ser una casa, conviene pensar cómo queremos sentirnos al cerrar la puerta al final del día. Porque el interiorismo no consiste únicamente en transformar espacios, sino en mejorar la forma en la que las personas viven, trabajan y se relacionan con ellos. Al final, una casa, un negocio o cualquier lugar bien diseñado no busca impresionar durante un instante, sino seguir funcionando muchos años después.
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