Un vino con
Carlo Suffredini, director del Hotel Alfonso XIII
Su hotel va a cumplir un siglo formando parte de la historia de la ciudad. “He viajado por todo el mundo, pero siempre he tenido Sevilla en mi mente”

Jorge Jiménez

Encargado por el rey de España para hospedar a los dignatarios internacionales durante la exposición iberoamericana de 1929, el Hotel Alfonso XIII sigue siendo un emblemático lugar de interés cultural. Situado en el centro de la ciudad, junto a los Reales Alcázares y la catedral de Sevilla, este hotel de cinco estrellas gran lujo en Sevilla presenta una distinguida arquitectura con detalles moriscos. Estos elementos se han cuidado y enriquecido para acercar el diseño y el patrimonio autóctono andaluz a toda una generación de viajeros. La elegante decoración del hotel, desde el lobby hasta el patio interno, refleja el estilo típico de Sevilla. Convertido en un museo más de la ciudad, este espacio por sí mismo se ha convertido en destino turístico para nuestros visitantes y en motivo de orgullo para los quienes vivimos aquí.
Carlo Suffredini, un italiano afincado en Sevilla desde hace ya dieciocho años. Mi invitado no solo es el director del hotel. También fue nombrado en 2009 Caballero de la Solidaridad de la República Italiana.
Me recibe en el hall de entrada de este imponente monumento su director, Carlo Suffredini, un italiano afincado en Sevilla desde hace ya dieciocho años. Mi invitado no solo es el director del hotel. También fue nombrado en 2009 Caballero de la Solidaridad de la República Italiana. Una distinción que me hace dudar sobre el trato que tengo que dispensarle en la entrevista. Sin embargo, además de ser un profesional al que conozco y admiro desde hace mucho tiempo, es buen amigo, así que lo vamos a pasar bien sin necesidad de pleitesía alguna. Nos dirigimos a uno de sus salones donde estemos tranquilos para realizar la entrevista a la sombra de un buen vino de Jerez. Nacido en 1965 en La Toscana, su infancia transcurre en casa de sus abuelos ya que su padre, vinculado el sector de los hoteles y la restauración, pasaba mucho tiempo fuera de casa. Quizás de esa época le venga a mi invitado de hoy su pasión por este sector. Esa admiración hacia su padre la sigue manteniendo hoy en día y fue la que le hizo ingresar muy joven en el instituto hotelero de Italia. Cuando llegaba el verano, en lugar de descansar, Carlo utilizaba este tiempo para hacer prácticas en hoteles, que tenía que costear de su propio bolsillo siendo aún menor de edad. Empieza en cocina, pasa a recepción, conserje… tratando de tocar todos los palos de un periodo formativo donde absorbía conocimientos con la ansiedad propia de un joven polifacético que, más que un trabajo, vivía una pasión.
Nacido en 1965 en La Toscana, su infancia transcurre en casa de sus abuelos ya que su padre, vinculado el sector de los hoteles y la restauración, pasaba mucho tiempo fuera de casa.
Recién cumplida la mayoría de edad, y finalizada la formación, empieza a trabajar. Pero este periodo se ve frenado por su incorporación al servicio militar, obligatorio por aquella época en Italia, al igual que en España. Su experiencia en el sector le llevó en el acuartelamiento a la zona de cocina, entre otras funciones. Al finalizar este periodo se incorpora a la cadena Sheraton, hoy dentro del grupo Marriott, que es quien gestiona en la actualidad el Hotel Alfonso XIII. Aquí empieza un periodo profesional que le lleva a Roma, Frankfurt, Florencia y Génova. Las cualidades de mi invitado no pasan desapercibidas para los directivos y, dentro de la cadena, va asumiendo cada vez más responsabilidades. El caso es que el siguiente destino fue Sevilla, el Hotel Alfonso XIII, como subdirector, aunque también asumió otras competencias. Esta ciudad no solo le marcó en lo profesional, sino también en lo personal. Aquí conoce a Lola, la que se iba a convertir poco más tarde en su esposa y en fiel compañera de viaje poniendo en pausa su actividad profesional como docente en Osuna y acompañándole allá donde se requerían sus servicios directivos.
Tras su paso por Marbella, Madrid y Canarias, de donde guarda grandes recuerdos, pero con Sevilla siempre en la retina, recibe la llamada que le va a aporta estabilidad en su vida profesional. Tocaba parar y echar raíces. El director del Alfonso XIII se jubilaba y quién mejor que Carlo para ocupar este puesto. La importancia de la familia es la base de sus principios más elementales y volver a Sevilla suponía hacer realidad un sueño que siempre tuvo en mente. Aquí, Ángela y Carlota, sus hijas, iban a poder crecer con la estabilidad que Carlo y Lola deseaban.
Se nos termina la copa y la entrevista. Si no conocen a Carlo, pero tienen en mente un perfil imaginado de cómo debe ser el director de un hotel tan emblemático y exclusivo como este, así es exactamente él. Trabajador incansable, sus jornadas maratonianas hacen que los días sean interminables. Entiende necesario estar presente por las mañanas, por las tardes y por las noches. Sigue al milímetro los movimientos de un hotel con vida propia que tiene una imparable actividad y que necesita una cabeza visible de estas características. Me habla orgulloso de sus ciento cuarenta y ocho habitaciones. De los estilos andaluz, árabe y castellano de las mismas. De sus cuatro imponentes salones de la planta baja y de los otros tres en la inferior con capacidad para más de seiscientas personas. De su terraza con el restaurante ENA, ideal para verano. Del restaurante San Fernando en el interior y del bar americano, donde nos encontramos realizando esta entrevista y que, por supuesto, están abiertos al público sevillano, como no puede ser de otra forma.
Trabajador incansable, sus jornadas maratonianas hacen que los días sean interminables. Entiende necesario estar presente por las mañanas, por las tardes y por las noches
Carlo se muestra ambicioso en su carrera profesional y lamenta no tener más tiempo para seguir haciendo cosas. Por un lado, ve temeroso el momento de su jubilación por la sensación, y doy fe de ello, de que a este señor le queda cuerda para rato. De hecho, no vería con malos ojos incluso compaginar esta dirección actual con la de otro hotel, pero manteniendo “su casa” en este. Por otro lado, contempla la jubilación como la oportunidad de viajar y disfrutar con Lola de la vida como merecen después de un sinfín de sacrificios y ya tiene hasta calculado dónde pasarán el año según las temporadas: la casa de Italia, en la montaña, será uno de esos destinos para verano; el resto del año, entre Marbella y Osuna; Sevilla, en primavera, que el Martes Santo toca acompañar a la Hermandad de los Estudiantes, de la cual es hermano.
Me cuenta con ilusión que el centenario del Alfonso XIII es uno de los momentos que quiere vivir con intensidad en primera persona y donde este que les escribe pretende también hacer acto de presencia. De alguna forma, si Carlo me lo permite, este hotel es propiedad sentimental de buena parte de nosotros y motivo de orgullo de la ciudad que le acoge.
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