Intento de magnicidio
Los fallos de seguridad ponen en tela de juicio al servicio secreto de EEUU
El FBI investiga las causas del ataque a Donald Trump mientras una investigación independiente trata de esclarecer qué falló con la agencia que debía proteger al expresidente

Los fallos de seguridad ponen al Servicio Secreto de EEUU en el punto de mira / AP
Irene Benedicto
El sábado por la tarde, Thomas Matthew Crooks, de 20 años, se coló en una azotea cerca de un recinto ferial de granjeros en la pequeña localidad de Bethel, Pensilvania, desde donde tenía una vista privilegiada del acontecimiento que se iba a celebrar en la finca de al lado: el mitin de Donald Trump, a exactamente 140 metros de distacia. Algunos asistentes cuentan que vieron a un hombre tumbado sobre el tejado y armado con un rifle y trataron de alertar a las autoridades. El disparo a matar, que apenas rozó la oreja de Trump, le acabó costando la vida a Crooks a manos del servicio secreto, ahora cuestionando por no haber sido capaz de evitar el ataque.
El hecho de que Trump sea a la vez expresidente y candidato le provee, de por vida, de la protección del servicio secreto, una unidad del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) las 24 horas del día. Esto incluye a los agentes con gafas de sol que se abalanzaron sobre el magnate neoyorquino para protegerlo, a modo de escudo humano, y los francotiradores que, apostados sobre atalayas circundantes, abatieron a Crooks. Sobre ellos (y los cargos de responsabilidad que coordinaron la intervención) ha ordenado el presidente Joe Biden una "investigación independiente", en paralelo, para averiguar en qué fallaron para permitir al atacante acercarse tanto al escenario del mitin estando armado. La Casa Blanca se comprometió a hacer públicas las averiguaciones.
Algunos simpatizantes de Trump acusaron al servicio secreto, que depende del Gobierno demócrata, de rechazar las peticiones de mayor protección del equipo del expresidente, algo que la agencia calificó de "absolutamente falso". "El personal del servicio secreto sobre el terreno se movió rápidamente durante el incidente, con nuestro equipo de contrafrancotiradores neutralizando al tirador y nuestros agentes implementando medidas de protección para garantizar la seguridad del expresidente Donald Trump", dijo Kimberly Cheatle, directora del servicio secreto, en un comunicado a modo de defensa.
También el Congreso de EEUU anunció su propia investigación sobre el asunto: "Hay muchas preguntas y los estadounidenses exigen respuestas", declaró en un comunicado James Comer, republicano de Kentucky, que dirige el Comité de Supervisión y Responsabilidad de la Cámara de Representantes. El que fuera jefe interino del DHS durante parte de la presidencia de Trump urgió a evaluar si las aparentes brechas en la seguridad del evento responden a un fallo sistémico o a las acciones de individuos concretos. También sugirió que la elevada tensión de esta campaña requiere de una seguridad más elevada que las anteriores. "Las amenazas no son las mismas, el perfil no es el mismo, nada es igual", señaló.
Un lobo solitario
Ahora, la investigación para esclarecer las causas del incidente recae en manos de otra agencia: la Oficina Federal de Investigación (FBI), que depende del Departamento de Justicia. Lo que se sabía al cierre de esta edición es que el asaltante, Crooks, disparó un rifle semiautomático AR-15, comprado por su padre, y que actuó en solitario. Sin embargo, se ha descartado que los "artefactos sospechosos" que las autoridades hallaron en su vehículo fueran explosivos.
Su ideología política era ambivalente: Crooks estaba registrado como votante republicano pero hacía apenas tres años, cuando tenía 17, hizo una donación de 15 dólares al Partido Demócrata. Tampoco su familia tenía un marcado perfil político: su padre estaba registrado como republicano, su madre figuraba como demócrata. El joven, que habría votado por primera vez en unas elecciones presidenciales este noviembre, no tenía ninguna publicación de carácter político ni violento en redes sociales.
Residente de Bethel Park, una tranquila localidad de 33.000 habitantes a una hora de distancia del lugar donde se produjo el tiroteo, Crooks trabajaba como auxiliar de nutrición en una residencia de ancianos. Pasó todos los filtros de seguridad para obtener el empleo porque no tenía antecedentes de ningún tipo ni había mostrado un comportamiento extraño, tal y como ha comunicado la empresa. Antiguos compañeros de trabajo y del instituto local, en el que se graduó hace apenas dos años, lo han descrito como alguien inteligente, callado y respetuoso, que no hacía gala de sus opiniones políticas. El mayor misterio de los que tiene por delante el FBI es desvelar por qué lo hizo.
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