Estados Unidos contra Maduro
Despliegue militar total de Trump frente a Venezuela: ¿invasión, cambio de régimen o presión por el petróleo?
"Estados Unidos no tiene desplegados suficientes soldados para una invasión", explica a EL PERIÓDICO el coronel retirado Mark F. Cancian. "No se puede lograr un cambio de régimen sin 'botas sobre el terreno'", dice Phillip Gunson

Bombarderos de EEUU hacen demostraciones de ataques en Caribe ante tensión con Venezuela

En las costas y el espacio aéreo de Venezuela se está librando un juego de nervios militar y diplomático de alto voltaje. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha ordenado el mayor despliegue militar de la historia reciente de Estados Unidos en el continente americano.
Ha cedido a las presiones del halcón Marco Rubio, que pide acción bélica contra el régimen venezolano frente a los logros negociadores del enviado presidencial para la zona, Richard Grenell. Nicolás Maduro, en el punto de mira de Washington desde el cambio de Gobierno en enero de este año, había prácticamente capitulado. Ofreció a las empresas de Estados Unidos acceso preferencial a las reservas de petróleo del país, las mayores del mundo; romper los tratos mineros con China, Irán y Rusia, y desviar el flujo de oro líquido de China hacia Estados Unidos. En el último minuto, Trump rompió las conversaciones y apretó el botón rojo.
Lo que comenzó en septiembre con una serie de bombardeos ilegales contra lanchas de presuntos narcotraficantes, se ha convertido en los últimos dos meses en una muestra de músculo militar que incluye al menos 15.000 soldados en alerta, ocho buques de superficie de la Armada de Estados Unidos, un submarino nuclear y el grupo de combate del portaviones Gerald R. Ford, la plataforma de combate más letal del mundo.
Bombarderos B-52 y B-1 han sobrevolado cerca de la costa venezolana. El secretario de Guerra, Pete Hegseth, ha viajado a la cercana República Dominicana para garantizarse el uso de los aeropuertos de la isla en sus planes contra Venezuela. Mientras, van filtrando a cuentagotas informaciones confusas sobre sus planes de intervención, provocando una auténtica neurosis en el Gobierno de Caracas.
"No hay fuerzas para una invasión"
"Actualmente, Estados Unidos dispone de fuerzas suficientes en el Caribe para llevar a cabo ataques aéreos y con misiles, pero no para una invasión", opina para EL PERIÓDICO Mark F. Cancian, coronel estadounidense retirado y consejero de seguridad en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS). "Los ataques aéreos no pueden forzar una rendición. El régimen podría resistir si está dispuesto a asumir el coste de esos ataques y si ni elementos de las fuerzas de seguridad ni de la población intervienen para derrocarlo".
El propio CSIS estima en al menos 50.000 soldados necesarios para una operación de ese tipo. Es un país mucho más grande y complejo que los de otras invasiones exitosas, como las de Granada (1983) o Panamá (1989). Venezuela es montañosa y selvática, tiene varias ciudades grandes y fronteras porosas a grupos militares como los de los excombatientes colombianos FARC y ELN.
¿Qué podría atacar EEUU en Venezuela?
"Hay dos posibles conjuntos de objetivos para ataques aéreos y con misiles: los cárteles y el propio régimen de Maduro", explica Cancian.
Los ataques contra los cárteles se centrarían en las instalaciones de producción, el liderazgo de estos grupos, las instalaciones aéreas y portuarias que facilitan el contrabando y los astilleros donde se construyen embarcaciones especializadas para el tráfico ilícito.
Los ataques contra el régimen de Maduro se centrarían en los cuarteles generales de las fuerzas armadas, de las fuerzas de seguridad interior y del Partido Socialista, así como en los sistemas de defensa aérea. Los ataques también podrían dirigirse contra altos cargos, como el propio Maduro.
"Probablemente no atacarían a la mayoría de las fuerzas armadas si estas permanecen acuarteladas", concluye el experto militar. "El área de solapamiento entre ambos objetivos serían instalaciones como los aeródromos militares que el régimen permite utilizar a los cárteles".
Invasión, golpe de Estado o "paz por la fuerza"
Maduro se está preparando en cualquier caso para una posible invasión. Ha desplegado sistemas antiaéreos en sus costas y ha reclutado a decenas de miles de voluntarios en una precaria milicia popular.
"La experiencia sugiere que no se puede lograr un cambio de régimen sin 'botas sobre el terreno', que la intervención puede derivar en compromisos a largo plazo y que existe una amplia gama de consecuencias no deseadas que, inevitablemente, hacen que este tipo de operaciones sean mucho más arriesgadas de lo que podría parecer en un primer momento", explica Phillip Gunson, investigador del centro de pensamiento International Crisis Group.

Maduro exhibe la espada de Simón Bolívar en marcha contra el imperialismo en Caracas / .
El autor también recalca que las fuerzas estadounidenses actualmente desplegadas en el Caribe son muy superiores a las de Venezuela, aunque no son suficientes para una invasión y ocupación a gran escala del país.
"Una vez neutralizadas las defensas aéreas de Venezuela, no harían falta más de unos pocos días, como mucho, para provocar el colapso del Gobierno de Maduro", apunta. "Pero ahí empezaría el verdadero problema, porque sin una ocupación militar la seguridad de cualquier gobierno sustituto dependería de las fuerzas armadas venezolanas, cuya lealtad a un nuevo líder no puede garantizarse y probablemente sería, en el mejor de los casos, solo parcial".
Varios posibles escenarios en Venezuela
En el artículo 'La tentación del cambio de régimen en Venezuela', Alexander B. Downes y Lindsey A. O’Rourke dibujan cuatro posibles escenarios.
La primera posibilidad es la más extrema: que el despliegue sea el preludio de una invasión terrestre para imponer por la fuerza un nuevo gobierno en Caracas.
Habría resistencia. La propia Venezuela tiene guerrillas, llamadas "colectivos", usadas para la represión interna pero fácilmente convertibles en partisanos. La experiencia de Vietnam, Afganistán o Irak sugiere que una ocupación podría derivar en una insurgencia prolongada, una guerra civil de alta intensidad, más refugiados y una región todavía más desestabilizada.
Un segundo escenario es que la presión bélica sea el paraguas de una estrategia encubierta para derribar a Maduro: financiación clandestina a grupos armados opositores, intento de golpe de Estado o incluso operaciones de asesinato selectivo.
Estas tácticas han sido usadas por Washington en decenas de ocasiones, especialmente en América Latina, con resultados más bien desastrosos: golpes en Irán y Guatemala, intentos fallidos en Cuba, injerencias en Dominicana, Brasil, Chile o Nicaragua. Según la investigación de O'Rourke, solo alrededor del 10% de los intentos encubiertos de cambio de régimen durante la Guerra Fría lograron su objetivo, y a menudo abrieron la puerta a guerras civiles, represiones masivas y un antiamericanismo duradero. Venezuela ya ha vivido ensayos de este tipo, como la fallida invasión anfibia Operación Gideón.
Presión para volver a negociar
En tercer lugar, el despliegue puede formar parte de un instrumento de coerción: mostrar fuerza en el mar y en el aire para intimidar a Maduro, combinando amenazas de intervención con posibles bombardeos selectivos contra infraestructuras militares o económicas. Sería una opción arriesgada. Estados Unidos nunca ha conseguido derribar a un líder extranjero solo con poder aéreo, y los ejemplos de Irak o Libia ilustran que las amenazas militarizadas tampoco convencieron a Sadam Hussein o Muamar el Gadafi de abandonar el poder.
¿Quizá incitar a un alzamiento militar contra Maduro? Históricamente, las fuerzas armadas raramente dan un golpe mientras están bajo ataque externo. La población civil tiene difícil movilizarse contra el régimen mientras esquiva bombas. Ocurrió recientemente con los bombardeos israelo-estadounidenses sobre Irán.
Por último, el movimiento militar puede interpretarse también como una jugada de presión máxima para volver a la negociación. Sería la salida que más encajaría con el espíritu mostrado por Trump durante este año: que todo termine en una negociación onerosa para el país agredido pero lucrativa para sus intereses y los de Estados Unidos. Es decir, petróleo, uno de los objetivos primarios de la presidencia de Trump.
Podría incluir también reformas y liberación de presos políticos o incluso una salida negociada de Maduro y la llegada al poder de Edmundo González, que Estados Unidos y parte de la comunidad internacional considera el legítimo ganador de las últimas elecciones, tras la inhabilitación de la ahora Nobel de la Paz María Corina Machado.
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