Crisis en el país sudamericano
La oposición venezolana se sume en el silencio tras la descalificación de Trump a Machado
La líder de derechas había expresado su disposición de encabezar de inmediato la transición política en Venezuela

La opositora venezolana María Corina Machado y el excandidato presidencial Edmundo González / EDMUNDO GONZÁLEZ/X

Todo es vertiginoso en Venezuela. Las situaciones se desarrollan a una velocidad tal que las palabras envejecen muy rápido. La captura de Nicolás Maduro tuvo ese ritmo. La oposición se mantuvo en silencio al principio sin saber qué decir y cuando los hechos pudieron ser fehacientemente comprobados celebró lo ocurrido. La euforia dio paso a una frustración por el momento contenida. La crisis venezolana parece tener dos perdedores a la vez: Maduro y María Corina Machado. El primero ha sido extraído de su búnker y ya se encuentra en EEUU. La dirigente de derechas ha escuchado por boca de Donald Trump que su papel parece haber concluido y al menos le queda el Premio Nobel de la Paz como oropel. El magnate republicano se ha inclinado en esta etapa, que puede ser efímera, por Delcy Rodríguez como encargada de una incierta transición.
Machado había considerado el sábado que era la "hora de los ciudadanos" que "arriesgamos todo por la democracia el 28 de julio" cuando la oposición votó por la candidatura presidencial de Edmundo González Urrutia. Es el exdiplomático, dijo, "quien debe asumir de inmediato su mandato constitucional y ser reconocido como comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional". La transición, remarcó, "nos necesita a TODOS". Esas mayúsculas sugirieron la inclusión de sectores del madurismo o desencantados del proceso bolivariano, con ella funcionando como el poder detrás del poder formal.
Sin embargo, Trump la desacreditó de un modo sorprendente. "Creo que le sería muy difícil estar al frente del país. No cuenta con apoyo ni respeto dentro de su país. Es una mujer muy amable, pero no inspira respeto". Semejante definición conminó a los opositores a un nuevo silencio para tratar de elaborar posibles respuestas sobre el papel que el multimillonario les asigna.
El papel de Marco Rubio
Algunos analistas detectaron una contradicción en el mismo seno del Gobierno republicano. El secretario de Estado, Marco Rubio, encabezaría la "línea dura" que pretende erradicar de raíz y para siempre la influencia en Venezuela de un proceso que comenzó en 1999 con Hugo Chávez y fue heredado por Maduro hasta llevar en los hechos su apellido. La caída del "presidente obrero" es apenas el comienzo de un reseteo completo de la política del país sudamericano. Rubio ha sido un interlocutor permanente de Machado y una fuerza que la condujo al reconocimiento internacional. Tienen a la vez una afinidad política y personal cultivada desde los años en los que el secretario de Estado era senador republicano. Sin embargo, Trump parece inclinarse por una solución intermedia, acaso con la mirada puesta en las fallidas experiencias de Irak, Libia y Afganistán y la certeza de que su base política se opone a nuevos conflictos armados o largas incursiones militares fuera de Estados Unidos.
Con el paso de las horas, Rubio ha virado de postura y aunque ha destacado con mayor amabilidad que Trump las dotes de Machado, a quien calificó de "fantástica", reconoció al mismo tiempio que en el momento actual están "lidando con la realidad inmediata", y ella no tiene lugar. También señaló que la "gran mayoría de la oposición ya no está presente en Venezuela", lo que podría entenderse como una alusión a Leopoldo López. Y en un mensaje directo a Delcy Rodríguez, la "presidenta encargada", le ha conminado a decidir "qué rumbo tomar". "Y esperamos que elijan un rumbo diferente al que eligió Nicolás Maduro".
Si Machado emerge por estas horas como derrotada, eso también sucede con González Urrutia. Trump ha desautorizado a colegas como el francés, Emmanuel Macron, quien se mostró favorable a que el candidato ganador de la contienda de 2024, según la oposición, asuma el control del Ejecutivo. De hecho, Trump no nombró a González Urrutia en ninguna de sus intervenciones posteriores a la operación "Resolución absoluta", confirmando que la captura de Maduro no fue un problema de su legitimidad democrática sino un asunto petrolero explicado en clave de lucha contra el narcotráfico.
Una transición comandada por González Urrutia aparece por estas horas como inviable porque debería gobernar con el apoyo de una fuerza militar externa como la norteamericana, y mucho menos cuando se trata de negociar con sectores del poder, entre ellos los militares. La hoja de ruta puede volver a modificarse en un escenario tan inestable.
Por lo pronto, la oposición más intransigente no se resigna a aceptar un papel irrelevante en la etapa que se abre. Los sectores moderados que tampoco querían a Maduro no atinan a elaborar un diagnóstico ni imaginar un papel. Ambos callan y muchos venezolanos quieren saber qué es lo que verdaderamente piensan.
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