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Ofensiva de EEUU e Israel

Shekoofeh Dadgostar, iraní exiliada en España: "Mis amigos me contaban que dormían vestidos, esperando el sonido de la primera gran bomba"

Tras 46 años de régimen, son muchas las generaciones que no han conocido más que la dictadura, y esperan que este sea un punto de inflexión hacia la libertad

Decenas de personas durante una concentración de exiliados iraníes a favor de la intervención militar de EEUU e Israel, ante la embajada de Irán, el 28 de febrero de 2026, en Madrid

Decenas de personas durante una concentración de exiliados iraníes a favor de la intervención militar de EEUU e Israel, ante la embajada de Irán, el 28 de febrero de 2026, en Madrid / Carlos Luján / Europa Press

Irene Benedicto

Irene Benedicto

Barcelona

Shekoofeh Dadgostar tiene 46 años, "la edad de la revolución", y eso significa que no ha conocido otra realidad que la del dictador caído, Alí Jameneí. "Soy hija de una revolución que sustituyó la libertad por el miedo. Durante casi medio siglo, mi familia y mi país han vivido bajo la sombra del dictador. Crecí en un hogar religioso donde incluso hablar de política parecía peligroso. Mis padres estaban aterrados; tener una opinión propia era jugarse la vida".

A los 24 años, en 2004, huyó: "Salí de Irán porque allí me sentía atrapada por ser mujer", relata. Es la misma pulsión que hizo que mujeres iraníes se organizaran bajo el lema 'mujer, vida, libertad' años después, tras décadas de abusos. "No aceptaba cómo se trataba a las mujeres en el trabajo y en la familia, y veía imposible avanzar en mi carrera. Por eso decidí salir del país".

Pero su exilio no ha sido una línea recta. Su primer destino fue Brasil, pero allí no pudo regularizar su situación y acabó regresando a Irán. Años después, logró emigrar a España y asentarse: vive aquí desde 2010. Tras una etapa difícil en Barcelona, quiso volver temporalmente a Irán pero quedó atrapada más tiempo del previsto y no pudo regresar a España hasta 2024. Asentada en Madrid desde su regreso, es más que un mero testigo de lo que su familia y amigos le cuentan al otro lado del teléfono.

Iraníes exiliados en España se concentran en la Puerta del Sol de Madrid para celebrar la caída del régimen

Iraníes exiliados en España se concentran en la Puerta del Sol de Madrid para celebrar la caída del régimen / Imagen cedida

Dormir vestidos, esperando el bombardeo

En los últimos meses, ese miedo colectivo se convirtió en una espera insoportable. "Durante los últimos dos meses hemos vivido en un suspense insoportable", cuenta. "Trump y Netanyahu prometieron al pueblo iraní que, si nos levantábamos, nos apoyarían".

Las alertas se activaron desde que, en junio de 2025, Israel lanzó un ataque de 12 días contra la Guardia Revolucionaria. Para muchos, fue la primera vez que el régimen parecía tambalearse. Y, con esa grieta, llegó un pensamiento que hasta entonces sonaba imposible.

"En Irán, mis amigos me contaban que dormían vestidos, esperando el sonido de la primera gran bomba. No temían los ataques; temían que nunca llegaran”, relata. "Temíamos que EEUU volviera a negociar y nos dejara a merced del régimen de nuevo".

El silencio se rompió en enero de 2026, cuando millones de iraníes salieron a las calles respondiendo al llamamiento del príncipe heredero Reza Pahlaví (pretendiente al trono, exiliado en EEUU). No querían reformas políticas, exigían el final de la dictadura. La respuesta fue una masacre. Más de 44.000 personas fueron asesinadas en solo dos días; hubo estudiantes muertos, torturas a prisioneros y un nuevo apagón de internet para borrar las huellas.

"Han cumplido su palabra"

El punto de inflexión llegó un sábado. Shekoofeh se despertó y, al ver la primera imagen del humo sobre el horizonte de Teherán, sacudió a su marido llorando de alegría: "Por fin, los estadounidenses e israelíes han movilizado sus fuerzas y cumplido su palabra".

Antes de que el régimen cortara internet de nuevo, pudo hablar con su madre. "Sus palabras se me quedarán para siempre: 'No te preocupes por mí. El país será libre. Podréis volver pronto y celebrar en casa, en libertad, juntos'".

Desde Madrid, insiste en que no mira los acontecimientos como una espectadora. "Hoy, desde mi exilio en Madrid, por primera vez el miedo ha sido reemplazado por una esperanza profunda", dice. "Esto no era solo una operación militar; en mi opinión, era un rescate". Confía en que la intervención haya sido calculada y que EEUU e Israel hayan pasado años estudiando a los líderes de la Guardia Revolucionaria para facilitar una transición rápida.

La transición que imagina

"Estamos profundamente agradecidos al señor Trump y al señor Netanyahu por su acción decisiva. Tras una vida de exilio y décadas de luto, el pueblo iraní está listo para tomar el mando", afirma.

El plan, sostiene, está escrito: el folleto de transición del príncipe heredero Reza Pahlaví propone un calendario de seis meses a un año para pasar a una democracia laica. En esa hoja de ruta, exige la disolución total de la Guardia Revolucionaria y del sistema legal opresivo basado en la sharía, además de un referéndum para que el pueblo elija su futuro gobierno. Y pone el foco en lo que para ella es irrenunciable: "Un país donde las mujeres no sean definidas por un velo, sino por la igualdad de derechos en la vida, en el divorcio, en el matrimonio y en todo".

En Madrid, cuenta, la comunidad iraní ha celebrado estos días tras la muerte del dictador Jameneí con una emoción difícil de contener. Hay alegría en las calles, pero también una tristeza persistente por los que han muerto, están encarcelados o siguen exiliados. En su familia, el exilio también dejó marcas: su hermana se marchó en 2009 y, por miedo a represalias, se convirtió al cristianismo; vive en Canadá.

Ahora, el deseo de su madre de que las hijas puedan volver a casa resuena en las dos hermanas. "El final de la dictadura es una alegría que durante mucho tiempo pensamos que quizá nunca llegaría", resume. "La pesadilla que comenzó en 1979 ha terminado. Por fin volvemos a casa", concluye.

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