Oriente Próximo
Netanyahu rechaza el plan de Trump para desbloquear la situación en Gaza y deja todas sus opciones abiertas
El portazo del primer ministro coincide con su aprobación de un plan para construir "una ciudad humanitaria" en el sur de la Franja, concretamente en la zona controlada por los militares israelíes

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu. / DPA vía Europa Press / DPA vía Europa Press

Israel no tiene ninguna prisa por cambiar el status quo de Gaza, donde controla más del 60% del territorio, un escenario que le sirve para dejar abiertas todas las opciones barajadas por su liderazgo. Su primer ministro, Binyamín Netanyahu, ha rechazado este domingo el plan de Donald Trump para desarmar a Hamás a cambio de la retirada gradual de los militares israelíes. El inicio de una hoja de ruta que debería culminar con la reconstrucción de la Franja, un proceso que Israel sigue bloqueando diez meses después de que las partes acordaran un alto el fuego raramente mantenido por Tel Aviv. El anuncio pone nuevamente a Netanyahu en rumbo de colisión con la Casa Blanca, menos de dos semanas después de que Trump anunciara a bombo y platillo un “acuerdo histórico” para desarmar a los islamistas.
La hoja de ruta de la Junta de Paz se sustenta sobre un “principio de reciprocidad”, según explicó su Alto Representante, el diplomático búlgaro Nicolay Mladenov la pasada primavera al presentar sus 15 puntos. Hamás empieza e Israel sigue. O, en palabras de Mladenov: “la retirada israelí está directamente supeditada a la implementación verificada del proceso de entrega de armas”. Una secuencia que no deja lugar a dudas, pero que Netanyahu ha rechazado tajantemente. “El Ejército no llevará a cabo ningún retirada hasta que Hamás se desarme”, afirmó al inicio de la reunión del gabinete. Armas pesadas y ligeras, “todas las armas”, dijo. “Hablamos de un desarme real y no ficticio”.
Hamás ha aceptado el desarme y nada en la redacción del acuerdo o en el nombre de sus arquitectos sugiere que esté hecho para engañar a Israel. Más bien al contrario. Lo que no ha impedido a Netanyahu bloquear cualquier progreso en Gaza, donde su población sobrevive entre las ruinas y con una ayuda a humanitaria que entra a cuentagotas. “Quiero ser claro aquí: Israel rechaza el documento de 15 puntos”, clamó el líder del Likud, que como el resto de sus rivales políticos está ya en campaña electoral. De modo que, por si había alguna duda, quiso expresar con claridad la postura de su partido, que comparte casi todo el espectro político. “Mientras yo sea primer ministro, no se establecerá un Estado palestino, ni en Gaza ni en Judea y Samaria”, dijo utilizando el nombre bíblico de la Cisjordania ocupada.
¿Qué quiere hacer Israel en Gaza?
La cuestión por tanto es qué quiere hacer Israel con Gaza. Más allá de ganar tiempo e impedir que los tecnócratas escogidos por la Junta de Paz reemplacen a Hamás y se ocupen de administrarla. O que una fuerza internacional trate de imponer la estabilidad, otro de los elementos del plan rechazado por Netanyahu.
Algunas de las opciones en el menú las han ido desgranando los líderes del gobierno en los últimos meses. Una de ellas sigue siendo la “migración voluntaria” de los gazatíes, el eufemismo que su Ejecutivo emplea para referirse a la expulsión. Un crimen de guerra. Su ministro de Defensa, Israel Katz, dijo el mes pasado que esa opción sigue sobre la mesa y tratará de ponerse en práctica a su debido momento.
Un segundo escenario pasa por levantar asentamientos judíos en Gaza, como quiere la derecha mesiánica que respalda a Netanyahu. La planificación para las tres primeras colonias en el norte de la Franja ya se ha completado, según confirmó hace unos días Bezalel Smotrich, director de la Administración de Asentamientos y ministro de Finanzas.
"Rafah Verde"
Una tercera posibilidad apunta a la fragmentación de la Franja y la concentración de su población en pequeños enclaves, como se está haciendo en Cisjordania. Pero aquí además con la intención aparente de dividirla políticamente. La prensa israelí publicó esta semana que el Gobierno ha autorizado la construcción de “Rafah Verde”, “una ciudad humanitaria” sobre las ruinas de Rafah. Concretamente en su sector oriental, el más próximo a Israel, controlado por sus militares. De acuerdo con esas mismas fuentes, el objetivo es alojar allí a cientos de miles de palestinos sin vínculo alguno a Hamás y previa investigación rigurosa del Shin Bet.
Una medida que inicialmente los separaría del resto de la población de la Franja, enclaustrada en las zonas bajo control palestino. Ron Dermer, hoy exministro de Asuntos Estratégicos, dijo a finales del año pasado que el objetivo sería “reeducar” a aquellos que se instalen en “Rafah Verde”. Es una posibilidad. Otra podría ser convertirlos en una fuerza de choque contra la otra Gaza que no renuncia a la autodeterminación y el final de la ocupación. No en vano, desde el año pasado, Israel aloja en la zona bajo su control a miembros de varios clanes palestinos enfrentados con Hamás, a los que arma y protege, milicias a las que se acusa desde el otro lado de desestabilizar la poca paz que existe en Gaza.
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Fuente: El Periódico
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