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Opinión | Cartas a Marina

Vivir en el pasado

Procesión de Semana Santa.

Procesión de Semana Santa. / Joaquín Corchero / EP

A André Malraux se le atribuye una frase lapidaria: Buenos Aires es la capital de un imperio que nunca existió. Al contrario que la ciudad porteña, Sevilla sí fue el epicentro del universo en cierta ocasión. Quizá de eso haga demasiado tiempo, pero está de moda rescatar el pasado glorioso como argumento para resolver los problemas del presente. La ciudad muda sus pieles según cada época. Incluso es capaz de inventarse algunas que no tienen nada que ver con ella, las interioriza, las hace propias y hasta es capaz de explotarlas comercialmente.

Sin embargo, hay quienes preferirían que Sevilla se quedase congelada, como una estampa de cartón piedra, como un decorado transitable, como un escenario donde pueda desarrollarse una vida inventada. Si el cartel de Fiestas de Primavera de la pintora Nuria Barrera tuvo tanto éxito fue, justamente, por este asunto: la artista fue capaz de plasmar en el lienzo lo que la gente imaginaba en sus cabezas al pensar en la Semana Santa y en la Feria, en lugar de retratar la realidad prosaica de nuestras vidas cotidianas. En pisos de sesenta metros cuadrados es complicado que alguien dedique un armario en exclusiva para guardar túnicas, trajes de flamenca, zapatos, un tambor y que desde la ventana se viese la Giralda reflejada en el espejo. Sin embargo, al ver el cartel, mi madre no dudó en exclamar: ¡Cómo el mío! Aunque el suyo no fuese un elaborado armario de caoba sino un mueble con mil vidas que soportaba con más mérito que alegría el impacto de los años.

Toda estética implica una ética. Esos mismos que sueñan con una ciudad encapsulada en una burbuja de cristal son los mismos que reclaman que San Fernando sea festivo, que la Feria sea más corta o que se han ofendido con la inocua estampita de Lalachús. Y también son los mismos que opinan que el senegalés muerto en el río es un extraño al que hay que expulsar de nuestra aldea gala. Para ellos, Sevilla termina en la Puerta Carmona y todo lo que se extiende hasta Torreblanca de los Caños es tierra baldía por sevillanizar, un espacio de barbarie y anarquía que en absoluto puede ser considerado Sevilla.

Lo peligroso de vivir en el pasado no es tener la pretensión de mantener a Sevilla congelada en el tiempo, sino que la estética que sueñan sea una transposición de sus ideas

Lo peligroso de vivir en el pasado no es tener la pretensión de mantener a Sevilla congelada en el tiempo, sino que la estética que sueñan sea una transposición de sus ideas. Terriblemente, con un alcalde entregado a las veleidades carpetovetónicas de un partido trasnochado, es posible que en poco tiempo asistamos a una transformación de Sevilla que podría dejarnos estupefactos. Mientras que el urbanismo se pone al servicio de la especulación y el dinero público se destina a hacer ideología reaccionaria, el número de pisos turísticos continuará creciendo en el conjunto de la ciudad y la desigualdad económica no dejará de crecer. Lo importante de esta nueva agenda no será que los jóvenes puedan acceder a una vivienda digna, que se cumplan los convenios laborales, que los servicios públicos sean de calidad y suficientes para toda la ciudadanía. Nada de eso. Lo importante es que la Feria comience el lunes por la noche y que San Fernando sea festivo en su día, para recuerdo y memoria de que esta ciudad sigue siendo católica, apostólica y sevillana.  

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