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Opinión

Sevilla

¿Hay alguien ahí?

La probabilidad de que haya alguien en nuestra galaxia capaz de contestar es pequeñísima

Identifican una nueva amenaza para la vida en planetas como la Tierra

Identifican una nueva amenaza para la vida en planetas como la Tierra / El Correo

Una de nuestras preguntas esenciales es si somos únicos como especie, o si existe vida o incluso civilizaciones parecidas a la nuestra en el universo. Buscamos indicios de vida en otros planetas y tratamos de contactar con posibles civilizaciones en nuestra galaxia. Nos centramos en nuestro hogar galáctico, para buscar exoplanetas habitables en las miles de millones de estrellas de la Vía Láctea, donde esperamos encontrar civilizaciones que puedan comunicarse con nosotros (ACCs - Active Communicative Civilizations).

La culpa de alimentar esta «esperanza» es de Drake, no el pirata sino el astrónomo Frank Drake que, en 1961, formuló una expresión matemática para estimar el número de civilizaciones extraterrestres en nuestra galaxia con las que podríamos comunicarnos. La ecuación de Drake tiene varios factores, como la tasa de formación de estrellas, la fracción de estrellas con planetas, la cantidad de planetas que podrían albergar vida o la fracción de planetas donde se desarrolla vida inteligente. Sus cálculos, aun siendo bastante inciertos, daban una probabilidad muy elevada de que existieran estas ACCs, y de que por tanto pudiéramos recibir su señal. Aunque la ecuación de Drake es solo una herramienta teórica y especulativa, ha sido muy inspiradora y ha promovido proyectos de gran calado. Puede que les suene el proyecto SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence), una iniciativa científica que busca evidencias de vida inteligente en la galaxia. En SETI se han desarrollado instrumentos y códigos para encontrar señales de actividad tecnológica provenientes de civilizaciones alienígenas. Se busca captar emisiones de radio que pudieran contener mensajes o señales intencionales de civilizaciones extraterrestres y también se analiza la luz proveniente de otros sistemas estelares para detectar posibles destellos o patrones que podrían ser indicio de la presencia de tecnología alienígena, como láseres o balizas.

En SETI se han desarrollado instrumentos y códigos para encontrar señales de actividad tecnológica provenientes de civilizaciones alienígenas.

La base del proyecto es la suposición de que civilizaciones extraterrestres avanzadas podrían utilizar principios físicos similares a los nuestros para comunicarse. SETI lleva funcionando 25 años y no hay resultados. Eso sí, la pregunta en sí misma y el proyecto han sido muy inspiradores para las artes; fotografía, cine, libros... Por ejemplo, la película Contact, estrenada en 1997, tiene una estrecha relación con SETI; se basa en la novela homónima de Carl Sagan, un astrofísico y divulgador científico que fue un firme defensor de la búsqueda de vida extraterrestre y colaborador del proyecto. La trama de la película gira en torno a Ellie Arroway (Jodie Foster), una científica que trabaja en el proyecto SETI y que recibe una señal de radio proveniente de una inteligencia extraterrestre. Esta historia ficticia se inspira en la labor real de los científicos de SETI que buscan detectar señales similares. Contact plantea interrogantes sobre la posibilidad de contacto con civilizaciones extraterrestres y las implicaciones que esto podría tener para la humanidad. Estas reflexiones son compartidas por muchos científicos e investigadores relacionados con SETI que se preguntan cómo reaccionaría la sociedad ante tal descubrimiento.

Dentro de las incertidumbres de los parámetros astronómicos y biológicos implicados, la ecuación de Drake predice que debería haber muchos exoplanetas en nuestra galaxia

Dentro de las incertidumbres de los parámetros astronómicos y biológicos implicados, la ecuación de Drake predice que debería haber muchos exoplanetas en nuestra galaxia que alberguen civilizaciones activas y comunicativas (ACC). Sin embargo, estos cálculos optimistas no están respaldados por pruebas, lo que a menudo se conoce como la paradoja de Fermi. Esta paradoja plantea la aparente contradicción entre la alta probabilidad de existencia de civilizaciones extraterrestres en el universo y la falta de evidencia de contacto con ellas. La paradoja fue formulada por el físico Enrico Fermi. Este mes de julio, en la prestigiosa revista Nature, se ha publicado un artículo sobre este tema que me ha parecido muy interesante. En él, los científicos, Robert J. Stern y Taras V. Gerya del campo de las «Ciencias de la tierra» de las Universidades de Tejas y de Zurich, analizan la cronología de nuestro planeta e identifican los periodos en los que se empieza a desarrollar la vida. Además, separan el momento en el que las primeras células primitivas se convierten en sistemas más avanzados, que son los que podrían dar lugar a la vida inteligente. En su análisis dicen algo muy importante: en nuestro paradigma de búsqueda de vida, la premisa de que un planeta debe tener agua, aun siendo cierta, no parece que sea la condición sine qua non para que la vida se vuelva más sofisticada. De hecho, y basándose en los marcadores biológicos, geológicos y químicos de nuestro planeta, la vida de los organismos marinos nunca habría llegado a evolucionar hacia células complicadas de no haberse producido el movimiento de las placas tectónicas de los continentes. Es ese hecho- que solo puede darse si un planeta tiene manto terrestre importante- el desencadenante de la vida inteligente y resulta del intercambio tan rico de todo el material del magma con el agua. La tierra tiene 4.500 millones de años, la vida en la tierra empezó hace 3.800 millones de años y la vida evolucionada empezó hace sólo 1000 millones de años. Datando las medidas en nuestro planeta, los autores del artículo introducen factores correctores en la ecuación de Drake. Escalan el período de tiempo de la Tierra tras la transformación «mágica» (desde que hay vida evolucionada), con el tiempo total de existencia de vida. De ese modo reducen notablemente la probabilidad de que se desarrolle la vida inteligente en la ecuación de Drake.

En el artículo profundizan en el enigma de la paradoja de Fermi, ¿si hay tanta probabilidad de que existan ACCs, porque no las encontramos?, y muestran la importancia del estilo tectónico planetario para la evolución biológica; sugieren que tanto los continentes como los océanos son necesarios para las ACC porque, aunque la evolución temprana de la vida simple debe ocurrir en el agua, la evolución tardía de la vida avanzada capaz de crear tecnología debe ocurrir en tierra (continentes).

La vida de los organismos marinos nunca habría llegado a evolucionar hacia células complicadas de no haberse producido el movimiento de las placas tectónicas de los continentes

También en el artículo resuelven la Paradoja de Fermi añadiendo dos términos adicionales a la Ecuación de Drake: foc (la fracción de exoplanetas habitables con continentes y océanos significativos) y fpt (la fracción de estos exoplanetas que han tenido placas tectónicas activas durante al menos 500 millones de años); y demuestran que el producto de foc x fpt es extremadamente pequeño. El número mínimo de ACC que estimaba Drake era de 1000 y en Nature el número que calculan es 0.006, muchísimo menor. La conclusión del artículo es muy interesante. La falta de señales refleja la baja probabilidad de que existan Civilizaciones que se comuniquen con nosotros y eso a su vez refleja la escasez de tectónica de placas de larga duración y/o de continentes y océanos en exoplanetas con vida primitiva.

El resultado es sorprendente y, de asentarse, yo creo que nos lleva a replantear los megaproyectos de búsqueda de vida inteligente. A la pregunta- cifrada claro- de las señales de los radiotelescopios, ¿hay alguien ahí?, la probabilidad de que haya alguien en nuestra galaxia, capaz de contestar es pequeñísima. ¿Volvemos a estar solos?, ¿Seguimos siendo únicos? No lo sabemos. Como ya hemos comentado, según los autores del artículo la falta de evidencias/respuestas de vida inteligente exterior es el resultado de la escasez de placas tectónicas duraderas y/o la escasez de coexistencia de continentes y océanos en los planetas con vida primitiva. Sin esos elementos, la vida primitiva no habría podido evolucionar a vida inteligente. Y así estamos.

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