Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | La azotea

Obispa tenía que ser

Las duras palabras de la obispa de Washington a Trump defendiendo a las personas LGTBI y a los inmigrantes

Sara Fernández

Se lo dijo en su cara y sin temblarle la voz: “Señor presidente: millones han depositado su confianza en usted [...] En nombre de nuestro Señor, le pido que tenga misericordia de la gente de nuestro país que tiene miedo[...] que temen por su vida”. La obispa de la Iglesia episcopal (anglicanos), Mariann Budde, se lo espetó a Trump en el transcurso del servicio religioso con el que concluían, en Washington, los actos organizados por la investidura del nuevo presidente.

Con sus palabras hacía referencia a la comunidad LGTB, a los inmigrantes indocumentados y a los refugiados, todos ellos en la diana de las primeras medidas decretadas por el nuevo presidente, que se lleva por delante todo lo que la administración demócrata había puesto en marcha en materia de asilo, inmigración, igualdad, diversidad o inclusión. Los viejos demonios de siempre del nuevo inquilino de la Casa Blanca.

En el vídeo del sermón se puede observar la cara del aludido, la de su vicepresidente, y la de sus señoras. Estas -todo hay que decirlo- mucho más correctas y respetuosas con el acto que sus respectivos maridos, cuya comunicación no verbal delataba por donde se pasaban lo que les estaba diciendo la obispa.

Fiel a su estilo bravucón, comentó a la salida: “Aparte de sus declaraciones inapropiadas, el servicio fue muy aburrido y poco inspirador. No es muy buena en su trabajo. Ella y su Iglesia le deben una disculpa al público”

El mismo Trump que, cuál nuevo profeta, utilizó el nombre de Dios en su discurso del Capitolio -asegurando que lo había salvado del atentado sufrido durante la campaña presidencial, para que así pudiera volver a hacer a América más grande- se mostró muy molesto por el repaso. Fiel a su estilo bravucón, comentó a la salida: “Aparte de sus declaraciones inapropiadas, el servicio fue muy aburrido y poco inspirador. No es muy buena en su trabajo. Ella y su Iglesia le deben una disculpa al público”. Solo le faltó añadir: ¡Obispa tenía que ser!

Posteriormente, en su cuenta de la red social que se ha montado, siguió con la bronca: “Es una radical de izquierda que me odia” escribió. Su socio, Elon Musk, no le fue a la zaga acusándola de tener una “mentalidad progresista” Así se las gastan.

La de la obispa Budde ha sido, durante unos minutos, la única voz pública que se levantó contra el nuevo presidente. La única que se atrevió a decirle lo que muchos millones de ciudadanos americanos, o a la espera de serlo, sienten en estos momentos. La única que mostró sensibilidad y pidió compasión.

La única que se atrevió a decirle lo que muchos millones de ciudadanos americanos, o a la espera de serlo, sienten en estos momentos

Me temo que a partir de ahora nos irán llegando noticias de actuaciones deplorables, al estilo de las que se vivieron en el anterior mandato trumpista, aunque ahora tendrán cuentan con una diferencia notable: al disponer de mayorías amplias en el Congreso, el Senado y controlar el Tribunal Supremo -los únicos diques de contención que podían hacer frente a su furia desatada- el nuevo gobierno podrá hacerlo a sus anchas.

Aún queda la esperanza de una fuerte reacción ciudadana, pero a esta hay que dinamizarla y la labor resulta más que compleja en una sociedad claramente polarizada, con una oposición débil, sin un liderazgo claro y con las omnipotentes y desinformadas redes sociales haciendo de las suyas. No les arriendo las ganancias.

De momento, desde esta azotea lanzamos un ¡bravo!, alto y claro, por la obispa Mariann Budee. Muchos otros colegas de púrpura deberían aplicarse el cuento y tomar buena nota.

Tracking Pixel Contents