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Opinión | A compás

El flamenco busca residencia

La Aceitera, la casa de Rocío Molina que se ha convertido en un espacio de creación para artistas

La Aceitera, la casa de Rocío Molina que se ha convertido en un espacio de creación para artistas / Instagram

Desde mi habitual acidez he defendido que las residencias creativas están haciendo mucho daño al flamenco refiriéndome a esta moda de convertir la realización de un espectáculo en una suerte de viacrucis donde cada fase se expone frente al público que, a su vez, determina el rumbo del proyecto final, restándole de algún modo frescura, originalidad y sorpresa al resultado. También con sorna mantengo la afirmación al comprobar que para determinados artistas es contraproducente tener demasiado tiempo.

Pero, dejando a un lado mis suspicacias, la realidad es que las residencias son fundamentales para la creación flamenca. Hoy día, en una industria que exige obras a granel y mide la calidad de una programación según la cifra de estrenos absolutos, es imposible concebir una propuesta sin el apoyo de estos espacios que ponen a disposición de los artistas un lugar donde ensayar, el soporte técnico y humano necesario para probar ideas, tiempo, oportunidad de intercambios y, en muchos casos, ayudas económicas que cubren los ensayos, las dietas o los traslados que tanto cuesta asumir cuando aún no hay bolos a la vista.

Sin embargo, lejos de incorporar estos programas de manera natural en los teatros públicos, las instituciones y los programadores exigen a los creadores novedades al tiempo que les dejan desvalidos en el proceso, teniendo estos que asumir de su bolsillo el gasto que supone. Los que puedan, claro.

También con sorna mantengo la afirmación al comprobar que para determinados artistas es contraproducente tener demasiado tiempo

Mientras en Francia los teatros destinan un presupuesto específico a la creación y producción de propuestas y existe la figura del artista asociado -como lo es este año la bailaora y coreógrafa Rocío Molina en el Théâtre de Nîmes-, aquí las Naves de Calatrava, que ha sido durante 20 años sede del Ballet Flamenco de Andalucía, pasa a ser aparcamiento de la Policía Local ante las quejas de la Asociación Andaluza de Compañías y Profesionales de Danza (PAD), como contó este periódico.

Tampoco los principales festivales asumen entre sus prioridades las co-producciones, como se ha podido ver en la última Bienal de Flamenco donde ninguna de las 64 propuestas ha sido impulsada por la cita motu proprio o en colaboración con otra entidad. O en el Festival de Jerez donde, como reconocía estos días su director, Carlos Granados, a la compañera Ángeles Castellano, la falta de presupuesto impide liderar producciones.

Resulta inexplicable que siendo Andalucía epicentro de la creación jonda y lugar de residencia de la mayoría de los artistas, no existan apenas iniciativas que den cobertura a la demanda, obligándolos a emigrar y presentar sus estrenos fuera, donde se encuentran más respaldados y valorados. Hablo del extranjero y hablo de Madrid con programas envidiables como los del Centro Coreográfico del Canal o el Centro Coreográfico María Pagés.

Resulta inexplicable que siendo Andalucía epicentro de la creación jonda y lugar de residencia de la mayoría de los artistas, no existan apenas iniciativas que den cobertura a la demanda, obligándolos a emigrar y presentar sus estrenos fuera

Como ocurre en la ciencia, estamos pretendiendo que se desarrollen vacunas o salgan nuevos medicamentos sin invertir primero en investigación. Así, presumimos del talento y la proyección internacional de los flamencos sin darles sostén ni facilitar su crecimiento. Es decir, salvo algunas convocatorias de subvenciones destinadas a cubrir estas necesidades (cuyo delirio burocrático merece otra columna), las administraciones públicas en general miran para otro lado y que cada cual se apañe como pueda.

A nivel autonómico, la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales convoca anualmente un programa de residencias artísticas que abarca 14 proyectos para profesionales y dos para artistas emergentes para toda Andalucía y para todas las artes escénicas, el teatro, la danza, la música, el circo y la performance. Llama la atención de hecho que en los últimos tres años sólo se han seleccionado tres proyectos flamencos.

La medida no sólo resulta insuficiente para responder al tejido, sino que incluye exigencias difíciles de encajar. Por ejemplo, en el caso de la capital andaluza, el periodo para desarrollarlas es únicamente el mes de junio y a cambio se pide un proyecto de taller de formación de al menos seis horas de duración, además de la exhibición pública del trabajo realizado, en lugar a determinar por la Agencia.

Como ocurre en la ciencia, estamos pretendiendo que se desarrollen vacunas o salgan nuevos medicamentos sin invertir primero en investigación

En la ciudad, a excepción de Factoría Cultural, que gracias a la gestión y el empeño de un equipo comprometido con la cultura ofrece su equipamiento, no existe ninguna otra iniciativa ni pública ni privada para este fin. Al contrario, hay espacios infrautilizados que permanecen cerrados, a veces simplemente por no asumirse el pago del sueldo de un funcionario que abra y cierre la puerta o encienda la luz.

En este contexto, la propia Rocío Molina ha convertido su casa, La Aceitera, en un espacio de creación “en el que compartir saberes y experiencias” y, con el apoyo del Ayuntamiento de Bollullos de la Mitación, ofrece hace dos años un programa de residencias. Y de manera pionera en Andalucía el director del Flamenco Festival, Miguel Marín, puso en marcha en Torrox (Málaga) el programa In Progress que ofrece un espacio de trabajo y encuentro en un entorno natural.

Por lo demás, son algunos municipios como La Rinconada, Alcalá de Guadaíra, El Arahal o Utrera los que, casi siempre por la voluntad de los técnicos, se convierten en el refugio al que recurrir cuando una compañía precisa reunir a su elenco o probar cuestiones técnicas.

Como siempre que las opciones son escasas y no existen políticas públicas que den cobertura, los nombres consagrados con trayectoria sólida y recursos para formalizar las convocatorias encontrarán más opciones que quienes empiezan y tienen que mendigar estudios donde poder taconear a duras penas.

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