Opinión | A compás
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Artistas participan en la presentación de 'Alter Ego' de Alfonso Losa y Patricia Guerrero en el Festival de Flamenco en el teatro New York City Center / Ángel Colmenares / EFE
Supongo que haber reutilizado casetes con papel y cinta adhesiva para grabar “cositas flamenco Sara” y haber acudido en la preadolescencia a ligar al Virgin Megastore de Sierpes justifica mi desconcierto cuando escucho discursos como el de Chenta Tsai Tseng, de nombre artístico Putochinomaricón. El cantante, músico, arquitecto y artista multimedia explicaba el otro día en una entrevista en el programa Al cielo con ella, que presenta Henar Álvarez en La 2, que no se siente perteneciente a ningún lado, pero sí a Internet y que, antes que por cualquier otro rasgo (persona racializada no binaria), define su identidad en lo que llamó chronically online, algo así como un individuo permanentemente en línea, dice Google.
Además de sorprenderme y provocarme la risa cuando expresaba su terror por esa gente que es capaz de “abrir su ordenador, mirar el correo y cerrarlo”, la postura de este activista hispano-taiwanés me pareció profundamente sensata. Porque efectivamente lo que señala Chenta es que mientras se batallan guerras para conquistar territorios, separar fronteras o marcar límites a la identidad existe un mundo paralelo, el digital, que ofrece una conexión global y un acceso aparentemente libre y abierto a cualquier tipo de contenido.
Como esta hiperconectividad virtual, tan natural para la generación z y alpha, nos resulta aún tan extraña -y compleja- a todos los que cumplimos más de 44, tendemos a criminalizarla por defecto, ignorar su uso real y, desde luego, obviar su potencial, plantearnos los desafíos o adelantarnos a sus peligros.
Me llama la atención, por ejemplo, que la mayoría de los flamencos continúen anclados todavía al vertedero de páginas y perfiles abandonados en el que se ha convertido Facebook. Aquí, ejerciendo una resistencia hasta romántica (por cierto, muy similar a la que usamos para defender otros conceptos jondos como el de la pureza), las peñas, los festivales, los aficionados, los críticos y los artistas comparten sus intereses en grupos, se encienden en intensos debates y discusiones, incluso con falsos nombres de usuarios, y se dan likes y ojana digital, que le llama la antropóloga Cristina Cruces.
Sin embargo, fuera de esta red social, ya obsoleta y relegada a un público mayor, existen muy pocos casos de flamencos que hayan sabido aprovechar las posibilidades que ofrecen estos canales para difundir, promocionar, participar o acercar el género con un lenguaje más innovador, haciendo uso de otros formatos o herramientas. De los pioneros en este sentido fue el musicólogo Pedro Lópeh que hace unos seis años impulsó “con un logo hecho en Word y sin saber nada de sonido” el interesante y original podcast El café de Silverio, una “taberna flamenca donde se habla de muchas cosas, también de cante”, que lleva ya más de cien programas y está disponible en todas las plataformas.
Con una excelente realización y un carácter más didáctico, encontramos el canal @buscadoresflamencos del guitarrista y compositor Andrés Pituquete (@pituquete.music), que cuenta con más de 130 mil seguidores en Youtube y más de 70 mil en Instagram (IG). Desde esta “peña flamenca virtual” y con la colaboración de la cantaora Encarna Anillo realiza una importante labor pedagógica, especialmente de la guitarra flamenca.
La formación online, que fue durante la pandemia la única vía de supervivencia de muchos artistas, es uno de los temas que dan lugar a más iniciativas y resultan más rentables. Entre ellas encontramos la de la cantaora Alba Guerrero (@alba_guerrero_manzano) que ofrece en IG píldoras para aprender a cantar flamenco o distinguir los palos.
Desde el humor y usando las performances habituales de los contenidos de redes, la profesora, coreógrafa y contaora de historias flamencas Laura Gallego, conocida como @loradegoya, comparte simpáticos reels que van desde las técnicas de zapateados hasta los tipos de alumnas y profesoras de las academias, los topicazos flamencos o los tips para ser la mejor flamenca (no se lo pierdan).
Precursor también en reírse de lo jondo y de sí mismo es, sin duda, el cantaor y humorista Alejandro Villaescusa que, desde su condición de payo, realiza divertidas reflexiones sobre determinados comportamientos y códigos del flamenco que le llevó después a crear junto al guitarrista Tino Van de Sman y el palmero y bailaor José Manuel ‘El Oruco’ el aplaudido espectáculo El payo, el guiri y el gitano.
En esta línea, y aunque muchos lo habrán intuido, confieso por primera vez públicamente que en 2016, en la antigua Twitter, puse en marcha el perfil tremendamente canalla de @todayflamenco, donde parodiando la mítica cuenta de El Mundo Today anunciaba de modo irónico noticias fake con apariencia de verdad que lograron concitar al mismo tiempo las risas del Niño de Elche y el crítico Manuel Martín Martín.
La idea, que mantuve junto a un creativo y secreto equipo de colaboradores entre los que se encontraba el periodista Alejandro Medina, fue el germen de Fatiguitas. Un podcast de flamenco random, un proyecto para “chanelar del flamenco y de la vida, que es lo mismo, pero no”. Esto es, del roneo, el compás, el age, el parné, las peñas o las dinastías.
A modo de “recopilatorio de joyas de lo jondo” se puede acceder a la cuenta de @sonidos.negros y disfrutar de vídeos y fotografías de algunas de las grabaciones más míticas del flamenco. Y, dando la oportunidad de escuchar a otros artistas con menos exposición en los medios, José Amador acaba de arrancar “desde Las 3000 pal mundo” el podcast de entrevistas y música en directo 3000y1noches. Además, numerosas cuentas de Tiktok recogen vídeos de actuaciones o fiestas improvisadas donde introducirse en los ambientes jondos.
Estoy con Maui de Utrera cuando advierte en su último -y genial- single Mi yemita fría que necesitamos menos corazoncitos y más rozar las carnes. Igual que creo necesario y apasionante estudiar cómo está modificando Internet la transmisión de este arte y la relación de públicos y artistas. Pero esto es compatible con abrazar las oportunidades que brindan los Social Media para renovar nuestra mirada y nuestro discurso del flamenco. Me gusta. Emoji flamenca y fueguito.
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