Opinión | Azul Machado
Contradicciones Macarenas

“Macarena de los Milagros” de Audrey Flack. / M. G.
Una fotógrafa americana se encontró con su perfil en Sevilla, a finales de los años setenta, cuando la vida le ponía por delante un difícil trance, representado en la enfermedad de una hija. Captaba con su cámara el alma necesaria para dar a su obra la complicidad del dolor en el que buscaba quizás sin saberlo, el bálsamo del alivio de la pena compartida y la solidaridad que como madre, había en su mirada. La fotógrafa, pese a no ser católica, supo ver en los ojos de la Macarena, el sentido intrínseco de la Esperanza.
La fotografió, la llenó de color y para homenajear el mes de la historia de la mujer, el Museo Metropolitano de Arte de Manhattan, uno de los más importantes del mundo, la eligió como muestra, exponiéndola como ejemplo de la trascendencia que supone una de las devociones más importantes de la religiosidad popular mundial. El pellizco que provoca su perfil, su presencia, y hasta su ausencia es universal así, la fotógrafa, como el poeta, el pintor, la cantante o el torero supieron de esa inspiración que calma, sosiega y acoge y entendieron, como una contradicción, que lo verdaderamente romántico por inexplicable es sentirlo sin que nadie sea capaz de explicarte por qué lo sientes. Que le pregunten a Luis Gordillo.
La fotógrafa, pese a no ser católica, supo ver en los ojos de la Macarena, el sentido intrínseco de la Esperanza.
Extramuros, la Esperanza Macarena trasciende siempre, más allá de lo imaginable y a la vez, permanece en las cosas más insignificantes, en las más profundas. Que está en la prosa, en la música, en el aire, en la alegría, en la pena ý en la poesía, es de sobra conocido, pero también está en la común devoción que une por encima de todo, por encima de toda diferencia social, cultural, religiosa e ideológica, por muy raro que parezca todavía, como una de sus grandes y universales contradicciones.
“Déjame esta madrugada, lavar tu llanto en mi pena, Virgen de la Macarena, llamándote camarada…” escribía Rafael Alberti, insigne poeta de la generación del 27, en aquel congreso del recién legalizado Partido Comunista celebrado en Sevilla en marzo de 1978 en plena Semana Santa, donde le dedicó un soneto llamándola camarada.
Los callejones del barrio de la Macarena, el Moscú sevillano, conocen a la perfección las contradicciones, porque en la historia reciente de esta Sevilla, se ha recurrido a la Esperanza para no perderla, cuando estaba todo perdido. Mientras las vecinas se defendían de los golpistas arrojando desde los balcones macetas de geranios, las mismas vecinas, madres de muchos macarenos que sufrieron la represión, a su vez le rezaban a su Virgen de la Esperanza, buscando en sus ojos el consuelo que había captado la fotógrafa. Su grandeza está en la mirada que te ofrece, donde incluso aquellos que sintiéndose ateos se emocionan, es el derecho a la contradicción.
Cuentan que en la calle San Luís, en la panadería de José Díaz, quien llegó a ser Secretario General del Partido Comunista de España, hubo una foto de Lennin y otra de la Macarena y es que esa devoción universal, con la Esperanza como referente, engloba en su inmensidad sin diferenciar por cuestiones ideológicas, sociales o políticas. «Medio gitano y medio parisién, dice el vulgo, con Montmartre y con la Macarena comulgo...», sentenció con rotundidad Manuel Machado.“Brisa que quema y no arde”, ¿hay una contradicción mas macarena que la poética de Juan Sierra?.
Cuentan que en la calle San Luís, en la panadería de José Díaz, quien llegó a ser Secretario General del Partido Comunista de España, hubo una foto de Lennin y otra de la Macarena y es que esa devoción universal, con la Esperanza como referente, engloba en su inmensidad sin diferenciar por cuestiones ideológicas, sociales o políticas
Y de luto se vistió la alegría de la Esperanza por la muerte de un torero gitano, loco de amor por un perfil de colores, aquel que le regaló encerrado en cinco mariquillas, el latido del corazón de una ciudad que ríe y a la vez que llora, como la gran y maravillosa contradicción macarena.
A, la humildad, el relámpago de su presencia y el pellizco, se resume en el compás de espera, mientras todo se resume en el trío de su marcha, “Pasa la Macarena”, dejando en el aire, una indescriptible sensación de desamparo, de la delgada línea que separa la risa del llanto.
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