Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | El lugarico

Sevilla

Siempre es Semana Santa

Instalación de sillas para la Semana Santa en La Campana

Instalación de sillas para la Semana Santa en La Campana / El Correo

La Semana Santa de Sevilla es una joya del barroco que encandila a millares de seguidores en torno a los pasos, movidos por la fe religiosa y por la tradición que conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo hace más de dos mil años. Muchas son las cofradías que hacen estación de penitencia a la Catedral con millares de nazarenos que durante siete días ocupan las calles en señal de alabanza al misterio de Jesús en la Cruz y a su desconsolada Madre en bellísimas representaciones de la imaginería andaluza, realmente única en el mundo. Es un acontecimiento sin parangón que atrae a millones de personas sean o no creyentes, practiquen o no las enseñanzas de la Iglesia católica.

Es este un fenómeno muy particular de Sevilla que no solo no está siendo corregido sino que va a más conforme pasan los años, aumentan las hermandades, sus conmemoraciones, traslados, coronaciones y cualquier otra efemérides que se estime por las juntas de gobierno dignas de ser celebradas en la vía pública.

Pero la Semana Santa sevillana se ha ido desbordando incluso fuera de su tiempo y actualmente somos testigos de la profusión de procesiones, vía crucis, pregones y actos de todo tipo que ocupan el calendario de la religiosidad popular sin límite y poniendo a prueba la capacidad del callejero y sus consiguientes servicios municipales, asimismo sobresaturados por tantas manifestaciones que requieren policía, limpieza y mantenimiento con su correspondiente presupuesto de gastos extraordinarios.

Es este un fenómeno muy particular de Sevilla que no solo no está siendo corregido sino que va a más conforme pasan los años, aumentan las hermandades, sus conmemoraciones, traslados, coronaciones y cualquier otra efemérides que se estime por las juntas de gobierno dignas de ser celebradas en la vía pública. Fuera de su tiempo litúrgico no debería autorizarse esta prolongación, meses antes y meses después, de la Semana Santa que pierde así su esencia de conmemoración anual, establecida con arreglo al calendario lunar y que fija el Domingo de Resurrección en el primer domingo después de la primera luna llena que sigue al equinoccio de primavera. Y son decisiones que corresponden a partes iguales a la autoridad civil y religiosa; es decir, al alcalde y al arzobispo de común acuerdo y en evitación de que se use el visto bueno de uno de ellos para hacer inevitable el permiso del otro. Es un asunto ya de capital importancia en la ciudad que no puede dejarse más tiempo sin un ajustado protocolo de autorizaciones al que deben someterse por igual todas las hermandades.

Fuera de su tiempo litúrgico no debería autorizarse esta prolongación, meses antes y meses después, de la Semana Santa que pierde así su esencia de conmemoración anual, establecida con arreglo al calendario lunar

Las excepciones deben ser contadas con menos de los dedos de una mano. No cabe la menor duda de que una de ellas ha sido la soberbia, brillante y espectacular Procesión Magna del pasado 8 de diciembre con motivo del Congreso de Hermandades y Piedad Popular, celebrado en las vísperas de la Inmaculada. Pero cualquier otra celebración con presencia en la calle debe estar sujeta a unas normas hoy inexistentes. Ni todo el año puede ser Semana Santa ni la ciudad puede estar colapsada ininterrumpidamente por procesiones.

No es fácil arbitrar un sistema que reemplace a la falta de criterio que actualmente gobierna las autorizaciones tanto del Ayuntamiento como del Arzobispado. Y no contentará a todos. Pero al frente de las instituciones políticas o religiosas se está, entre otras cosas, para mantener el orden público, la movilidad urbana y el interés general. Y, desde luego, el sentido común.

Tracking Pixel Contents