Opinión | A compás
No es flamenquismo. Se llama homofobia

Espectáculo "Viva" de Manuel Liñán / ICAS
Con motivo de su tercer aniversario la Peña Flamenca feminista Las Asarvahá organizaba el 26 de abril una jornada festiva en el local que comparten en la Asociación de Vecinos San Diego donde programaron charlas, presentaciones de libros LGTBIQ+, el recital de baile de Beatriz Cruz y el concierto de La Kaíta. Un encuentro gratuito que congregó en un ambiente amable a gente del barrio y aficionados y que, apenas unas horas después de arrancar, se vio interrumpido por la policía tras la denuncia de un vecino que, según informaron las organizadoras en sus redes, alegó “estar hasta la polla de la casucha de mierda ésa”, algo que ellas interpretan como un ataque “fascista” contra las redes vecinales y comunitarias.
La Peña mostró, además, su desconcierto por la actitud y efectividad de los agentes, teniendo en cuenta que justo ese día la ciudad acogía la final de la Copa de Rey que todos sabemos los altercados que acarreó.
Días después de este hecho el bailaor y coreógrafo, Manuel Liñán, Premio Nacional de Danza y reciente Premio Talía al Mejor Intérprete de Danza, recibía una ola brutal de ataques homófobos a raíz del vídeo subido por el portal especializado Deflamenco.com con motivo de su paso por el Festival de la Guitarra de Madrid, donde acompañó al jerezano Manuel Valencia. En las imágenes, se ve al artista, reconocido en el mundo entero por propuestas multipremiadas como Muerta de amor, bailar con bata de cola y mantón, una práctica que realiza desde hace décadas y que, a tenor de los comentarios, para muchos vulnera los códigos de la masculinidad y de lo que debe ser el flamenco.
Resulta curioso, por ejemplo, cómo en respuesta a los que mostraron su apoyo a Liñán había quienes afirmaban defender su libertad, pero no entendían “esta necesidad de bailar vestido de mujer” siendo “tan buen bailaor” o consideraban que “independientemente de su condición sexual que es cosa suya solo y exclusivamente… no creo que sea lo más oportuno y menos para un bailaor como lo es él”.
Leyendo esto me vinieron a la cabeza las declaraciones del médico forense Miguel Lorente que en el capítulo Macho del documental Una historia de crímenes explica que “el desarrollo de la identidad, de esa manera de entender lo que es ser hombre y ser mujer, es un proceso de sociabilización”. Una construcción cultural heredada que desde niños marca nuestro comportamiento y nos obliga a actuar tal y como se espera de nosotros. “No se es macho a solas. La masculinidad es ser hombre como otros hombres porque ser hombre se basa fundamentalmente en ser reconocido como hombre por otros hombres”, defiende el forense.
Efectivamente, como hemos leído en alusión a Liñán (“esto no es natural”, “da horror”, “vicioso, enfermo y degenerado”, “qué vergüenza, disfrazado de bailaor”), hay quienes se atribuyen la potestad para determinar lo que debe o no hacerse, lo que es digno o no, lo que es o no conveniente y, por supuesto, lo que es o no propio de un bailaor jondo. Así, sin argumentos, conocimiento del género o de la trayectoria del artista, rigor histórico o referencias, y obviando la propia realidad social y la libertad de expresión, desatan la violencia y alzan la bandera para defender lo que debe representar este arte.
En plena era genderless, donde los estereotipos sobre lo masculino y lo femenino se diluyen y triunfa la diversidad, el poliamor y lo unisex, hay todavía energúmenos que encuentran insoportable que Liñán mueva la bata de cola. O más bien, que cualquiera se atreva no sólo a sentirse, expresarse y vivir su sexualidad libremente, sino a mostrarlo. Porque, no nos engañemos, la homosexualidad se soporta mejor si no se nota, no se reivindica, no se manifiesta y no se ve. Por eso, las propuestas del granadino zarandean y levantan polvo. Porque ahí donde algunos sólo vemos expresividad, emoción, creatividad, arte… otros no pueden dejar de ver hombres -peor, mariquitas- vestidos de mujeres.
Lo comprobé con ¡Viva!, un espectáculo vibrante, original, arriesgado y divertido que celebramos con orgullo en su estreno en el Festival de Jerez de 2020 por lo que suponía de triunfo para el coreógrafo, para una sociedad más abierta, madura y sana y para un arte preparado ya para revisar sus clichés. Sin embargo, un año y medio después espantó a mi compañera de butaca en el On Fire de Pamplona por la perversión que sintió al encontrarse “bailarines travestis”.
Me temo que estos indignados no han hurgado en lo más mínimo en los archivos de lo jondo donde, como en todas las artes, encontrarán artistas que invertían roles e intercambiaban vestimentas desde sus inicios, como hicieron La Cuenca o algunas boleras. Al respecto, se recordaba estos días la actuación de Antonio Gades como Bernarda Alba en París hace cincuenta años o la que realizó posteriormente Antonio Canales. Por no mencionar las faldas de Joaquín Cortés o, mucho antes, el mítico pantalón y chalequillo de Carmen Amaya (de la que decían que bailaba como un hombre por su fuerza), que luego han adoptado otras como Sara Baras o, en otro estilo, Leonor Leal.
También desde hace un tiempo el sevillano Israel Galván se transforma en mujer para representar personajes femeninos que le sirven para contar el relato que como hombre no puede. Y décadas lleva la cantaora Mayte Martín saliendo a escena con traje de chaqueta negro riguroso, en las antípodas de los volantes y la peina que se les exigía a veces a las mujeres por aquello de dar un toque de color.
Sobre el imaginario de la mujer flamenca en el baile tiene un interesante y recomendable estudio la bailaora y coreógrafa, Belén Maya, titulado La muñeca subversiva, donde analiza exhaustivamente la relación del cuerpo, el género y la sexualidad en el baile jondo y refleja su particular proceso de “desaprendizaje”.
Estaría bien revisar esta construcción para que quienes argumentan que esta estética les chirría por “cuestión de gusto” reflexionen sobre de dónde parte su clasificación y para que quienes defienden su derecho a opinar sean capaces de diferenciar un parecer de la amenaza, el insulto, la violencia o el odio.
- Un Tribunal Militar juzgará a una guardia civil por 'denuncia falsa' a un superior tras alertar de irregularidades en el Seprona
- Las lluvias y tormentas ponen en alerta amarilla a Sevilla, pero terminará a partir de esta hora
- María José, interina en Andalucía: 'Es mejor que no salgan plazas de maestro en las oposiciones de 2026
- Las lluvias y tormentas ponen en alerta a cuatro provincias andaluzas el martes pero solo a estas horas
- La bolsa de empleo del SAS se transforma en 2026: los MIR entrarán de forma directa y se cubrirán antes las bajas
- Emergencias manda un mensaje Es-Alert a los 36 municipios con aviso rojo en Andalucía
- Andalucía asfaltará 120 carreteras autonómicas en 2026: habrá obras en los 1.000 kilómetros prioritarios
- Cómo crecen Mairena del Aljarafe, Dos Hermanas y Alcalá de Guadaíra en población mientras Sevilla se estanca
