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Opinión | Cartas a Marina

Sevilla

Un alcalde para Sevilla

José Luis Sanz, alcalde de Sevilla, tras el anuncio de esta medida.

José Luis Sanz, alcalde de Sevilla, tras el anuncio de esta medida. / AYUNTAMIENTO DE SEVILLA

Cuando todo hizo pensar que nunca tendría Sevilla un regidor más lamentable que Juan Ignacio Zoido, el alcalde de los veinte concejales, va el exalcade de Tomares y te lo mejora. Desde que Sanz se siente en el despacho con vistas a la Avenida, la sensación de engaño va en aumento. El sevillano, en general, es un sujeto pasivo y conformista. No es amigo de las grandes reformas ―aunque que cuando llegan, las acoge con alegría― y le basta con que todo siga en el mismo sitio donde lo dejó. Para el sevillano medio no es contradictorio ser hermano mayor de una cofradía, por ejemplo, y vivir de las rentas obtenidas mediante el alquiler de pisos turísticos. No ve falla alguna entre fomentar un estilo de vida tradicional y comer gracias a la venta del alma de la ciudad. Ahora bien, el sevillano medio lleva mal eso de que lo engañen, de que le hagan el truco de las bolitas. No aguanta el tocomocho ni el donde dije digo, digo Diego. Y Sanz ha abusado de todo esto.

Para el sevillano medio no es contradictorio ser hermano mayor de una cofradía, por ejemplo, y vivir de las rentas obtenidas mediante el alquiler de pisos turísticos

No cabe un solo apartamento turístico más, pero durante los dos años que lleva presidiendo la ciudad, el número de alojamientos se ha disparado. Ahí están las cifras. Sevilla sigue igual de sucia o más que cuando inició su mandato. El presupuesto para horas extras de la Policía Local se ha agotado antes de la mitad del año a causa del desmedido número de eventos en la vía pública, de lo que no tienen responsabilidad exclusiva las hermandades, como se ha querido acusar. La gestión del transporte público es nefasta aunque el gerente cobre una pasta gansa anualmente. Se ha abierto la puerta a la especulación con la vivienda pública. Por supuesto, los veladores siguen inundando la ciudad, el metro no termina de concretarse, no está ―ni se le espera― la conexión ferroviaria con el aeropuerto y hay una ausencia total de modelo de ciudad. ¿Dónde está el alcalde de Sevilla? ¿En qué está pensando? ¿A quién ilusiona? ¿Qué resuelve?

Hace unos meses dije que hay que recuperar Sevilla. Hay que dar pasos hacia la búsqueda de nuevas oportunidades que hagan de nuestra ciudad un lugar amable para vivir, que es lo principal y con los partidos de la oposición no parece muy viable que esto sea posible. Vox, el socio de gobierno de Sanz, está más preocupado en implantar su agenda ideológica que otra cosa. Tras haberle arrebatado el presupuesto a los sindicatos para abrir una oficina antiaborto que, de momento, solo sirve para colocar a dedo a una de los suyos, ahora su máxima preocupación es que el gobierno ‘popular’ gaste dinero en celebrar el mes de la Diversidad. ¿No se cansan de odiar? El PSOE de Antonio Muñoz ―o de Susana Díaz, que ya no se sabe― será una versión de descafeinada de lo que hay ahora. Fue con ellos cuando se dio manga ancha a los veladores, a los pisos turísticos y a los nómadas digitales. Y, lamentablemente, la sopa de izquierda tiene menos fuerza que una gaseosa abierta hace dos días.

Vox, el socio de gobierno de Sanz, está más preocupado en implantar su agenda ideológica que otra cosa.

A Sevilla le hace falta una candidatura de consenso. Una persona seria, que tenga a donde volver, con su vida laboral resulta, sin ambiciones políticas ni necesidad de reconocimiento. Una persona con un compromiso demostrado, con convicciones fuertes aunque tolerante, abierta al diálogo, a la escucha y sin enemigos. A Sevilla le hace falta un no-político que esté disputo a dejarse el pellejo sin que nadie le dé una palmadita en la espalda. Un alcalde sin partido, sin trincheras. Y esa persona existe: estará en su casa, haciendo su vida, preocupado por su familia y por su ciudad. Puede tener muchos nombres, sin duda, aunque a mí se me ocurre uno: Enrique de Álava. Sería un buen alcalde.

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