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Opinión | EXTERNALIDADES NEGATIVAS

Financiación: Moreno Bonilla apunta en la buena dirección

Rogelio Garrido, director de FARO, y Salvador Illa, presidente de la Generalitat.

Rogelio Garrido, director de FARO, y Salvador Illa, presidente de la Generalitat. / Alba Villar

Hay cosas que, aunque sean imposibles, siguen siendo necesarias. Una de ellas es la reforma del sistema de financiación autonómica caducado desde hace siete años, es decir, hace una pandemia, una guerra europea y una guerra comercial. El inicio a partir de un acuerdo entre el Gobierno de España y el de la Generalitat con la inspiración de Esquerra ha hecho que, fuera de Catalunya, todo el mundo recele del mismo, aunque en privado muchos reconozcan la necesidad de abordar el asunto. En este contexto, el presidente de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, sin duda el mejor activo del PP con mando en plaza, ha planteado en 'El Mundo' hacer un frente común con Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha y con Adrián Barbón, presidente del Principado de Asturias. Moreno no da puntada sin hilo y sabe que con esta propuesta mete el dedo en el ojo de Sánchez al aislarlo de los dos presidentes autonómicos que le quedan sin contar a Salvador Illa. Pero la propuesta de Moreno tiene un segundo nivel de lectura, una externalidad en este caso positiva, porque lo que está diciendo es que, posiblemente, en materia de financiación, Andalucía tiene más cosas en común con Castilla-La Mancha y con Asturias que con la Comunitat Valenciana y la Comunidad de Madrid por mucho que en ellas gobiernen correligionarios del presidente andaluz. Su propuesta conecta con lo que pidieron los presidente de Galicia, Asturias y Castilla León en el Foro del Noroeste, organizado por Prensa Ibérica: que el debate del modelo de financiación tenga una orientación territorial y no ideológica.

El diferencial del coste de la vida

Si este verano viajan por España, cosa altamente recomendable, comprobarán que la principal desigualdad proviene del diferencial en el coste de la vida. Por el precio de un desayuno en Vigo o en Valladolid, en Barcelona o en Madrid no podrán tomarse ni un agua mineral. La última vez que se calculó llegaba al 30%. ¿No tiene ese diferencial un impacto en el coste de los servicios públicos que gestionan las comunidades autónomas? ¿Hasta qué punto es más caro comprar un solar para hacer un hospital en Sabadell que en Ejea de los Caballeros? El actual sistema de financiación autonómica ya introdujo un factor de corrección al principal elemento de cálculo que es la población. La dispersión encarece los servicios y se concentra en las comunidades con rentas más bajas. Pero el coste de la vida también provoca ese efecto: con el mismo dinero se prestan peores servicios, y el problema no es que se malgaste, como piensan algunos, en temas como la lengua. Seguramente, si en una mesa de la Conferencia de Presidentes Autonómicos se plantea una discusión en estos términos, Isabel Díaz Ayuso y Marga Prohens están más de acuerdo con Illa que con Bonilla. El potaje madrileño considera que un indicador de la fortaleza de los líderes del PSOE y del PP es que todos sus presidentes autonómicos digan lo mismo. Es una perversión. Vistas las cosas de esta manera, las comunidades autónomas son meras cajas de resonancia. Eso no es lo que establece la Constitución.

La oportunidad de la pausa del IRPF

Los palmeros de la Moncloa y los fanáticos catalanófóbicos dieron por supuestas muchas cosas cuando se anunció el acuerdo de la Comisión Bilateral Estado-Generalitat sobre el nuevo sistema de financiación. La media España que lee prensa auto denominada nacional estaba convencida de que, a partir de enero, la Generalitat iba a recaudar todos los impuestos y a negociar un cupo. Algunos ya dijimos que lo que allí se presentó era más una propuesta que un plan y que faltaban muchas cosas por concretar. Ahora, la consejera de Economía, la sensata Alicia Romero, ha encargado un plan director para activar la propuesta y los técnicos han dictaminado que se necesitan dos años para que una reforzada hacienda catalana pueda hacer lo que se propone. Y depende de que se cambien, como mínimo, tres leyes en el Congreso de los Diputados. Esquerra se ha quejado con la boca pequeña y acusa a Illa de falta de voluntad política. Pero no niega la mayor que es la dificultad técnica. Será porque Oriol Junqueras fue antes cocinero en la consejería de Economía que fraile en la oposición. Esta pausa permitiría a Illa reiniciar el debate de la financiación autonómica cogiendo el guante de Moreno Bonilla. Recientemente, en Vigo tuvo una rápida respuesta a la pregunta de si la nueva financiación beneficiaría a Catalunya. “¿Y Catalunya no es España?” respondió. Pues eso.

Fuente: El Periódico

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