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Opinión | Mapas invisibles

Sevilla

Mamdani: hay esperanza

Zohran Mamdani, en su primer discurso tras ser elegido alcalde de Nueva York.

Zohran Mamdani, en su primer discurso tras ser elegido alcalde de Nueva York. / Adam Gray / BLOOMBERG

La victoria de Zohran Mamdani es más que un resultado electoral: es una señal de esperanza. Hijo de inmigrantes ugandeses de origen indio, nacido en Kampala y criado en Nueva York, musulmán y socialista, Mamdani representa a una nueva generación política que no pide permiso para estar, sino que ejerce el poder desde la legitimidad de pertenecer plenamente al país al que sus padres llegaron buscando futuro. Marcada por un activismo firme en defensa de los derechos de los trabajadores, la vivienda y la justicia racial, su trayectoria culmina ahora con un triunfo en la cuna del capitalismo que lo sitúa en el mapa político internacional y lo enfrenta, sin complejos, al trumpismo y su retórica del miedo.

Pero más allá de su biografía, de Mamdani conmueve lo que simboliza. La presencia de referentes con raíces migrantes en los espacios de poder no debería ser una excepción, sino una costumbre. No se trata de rellenar un cartel con rostros como un juego de pantones más o menos ajustados a la realidad, sino de entender que la voz que viene de lejos también nos pertenece. Sólo así el discurso bienqueda de nuestros políticos -también desde las filas progresistas- sonará creíble y servirá de algo más que de frases sueltas que funcionan en redes.

España debería escuchar la lección que llega desde Nueva York. Mientras Vox sigue agitando el miedo y la persecución al inmigrante -el portavoz de Abascal en el Parlamento le dijo a Moreno en un pleno reciente que "No nacen niños y van a llenar Andalucía y España de moros", a pesar de que sólo un 8,6% de andaluces son extranjeros- el Partido Popular se enreda en cálculos y ambigüedades, aquí seguimos hablando de "mano de obra inmigrante", como si las personas se resumieran en su fuerza física o en su utilidad económica. Desde los medios, debemos también repensar cómo contamos a nuestros nuevos vecinos y abandonar ese discurso mercantilista para mirar de frente a una realidad más honda: los inmigrantes no vienen a completar nada; somos ya el mismo nosotros, con todas sus mezclas, contradicciones y retos.

Mamdani nos recuerda que hay esperanza cuando la política deja de ser un club cerrado. Su triunfo nos interpela: la igualdad no se declama, se ejerce.

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