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Opinión | Tribuna

Lo del terror

Imágenes de la concentración ante la sede de SAS, el pasado 8 de octubre.

Imágenes de la concentración ante la sede de SAS, el pasado 8 de octubre. / Francisco J. Olmo / Europa Press

Hace semanas que acabó el Festival de Cine Fantástico de Sitges y ya estamos a escasas horas de que empiece el Festival de Cine Europeo de Sevilla, dos citas a las que tengo especial cariño -a la última, además, siempre me he sentido vinculado y no solo por razones geográficas- y, por caprichos del inconsciente, he recordado una película que perfectamente podría haber estado concursando en ambas. Se titula La Contaminada y es un film de terror político-científico muy poco conocido que dirigió la serbia Maja Kovačevic en 2023. Esta coproducción serbo-hispano-francesa narra, de manera brutal, el horror que se genera en una colonia espacial donde una forma de vida extraterrestre ocupa el cuerpo de una joven y el algoritmo encargado de avisar de los peligros de esa invasión entra en modo silencio por orden del Gran Consejo, que teme un escándalo. Como reza una sinopsis que he encontrado en una revista balcánica (no recordaba bien esta trama) "meses después, cuando los síntomas aparecen, ya es demasiado tarde".

El film tiene un carácter distópico y poderosas imágenes que recuerdan al primer Cronenberg, aunque con la frialdad visual de Lanthimos y la sensibilidad corporal de Julia Ducornau, directora de la escalofrianteTitane. Además, la película no muestra la contaminación como un monstruo, sino como metáfora de un silencio que rodea a la protagonista. Como señala varios críticos en el que es el Cahiers du Cinema balcánico, nos habla de "una infección que no mata el cuerpo, sino la confianza". También recuerdo leer a alguien definir este terror como "el de no saber lo que ocurre porque alguien decide que no estás preparado para saberlo".

Este tipo de temas siempre me han interesado especialmente porque hablan de algo tan básico e insoportable como la cobardía del ser humano, la falta de arrojo para hablar de situaciones conflictivas y de cómo esa ausencia de valor acaba creando dolor en personas inocentes que sólo necesitaban la verdad y los datos.

Quizás por eso me haya inventado esta película y me haya servido de ChatGPT para crear a Maja Kovačevic y este film que no existe (aunque los hay parecidos, como Alien). Porque hay temas como la crisis de los cribados de cáncer de mama que se está viviendo en Andalucía que superan cualquier guion de miedo y que deberían cubrir todas las páginas de todos los periódicos hasta el cese de mucha (muchísima) gente. Porque las personas responsables de este disparate deben dimitir inmediatamente y no intentar poner excusas, ni echar balones fuera o intentar dejar que todo pase cuanto antes. Ya se está comprobando en Valencia que el silencio institucional no sirve para nada más que para perder más tiempo y que los desastres y los silencios de Mazón van a tener sus consecuencias (y además, van a ser descubiertos). Y no es un error "del sistema". No es "como lo que pasó con la venta de entradas de La Oreja de Van Gogh". No es un "infundio" lanzado por Amama (Asociación de Mujeres con Cáncer de Mama) que bastante tiene con aguantar a la clase política. Y no, no es un asunto sobre el que alguien pueda pedir disculpas y seguir en el cargo como si aquí no hubiera pasado nada. Este asunto de incompetencia, cinismo e irresponsabilidad sólo se resuelve con la dimisión de cualquier persona que tenga un mínimo de responsabilidad en un asunto donde se juegan la vida miles de mujeres cada año. Cada mes. Cada día. Y no vale pedir perdón y mirar hacia adelante. Eso es ser cómplice del desastre.

La única manera de que las personas afectadas sientan que se les escucha y se les atiende como merecen, y que la población pueda acudir a futuras revisiones médicas con ciertas garantías es tener conciencia de que todo Gobierno actuará de manera disciplinaria y contundente ante estos disparates. Lo contrario es más silencio. Más vacío institucional y más muestras de cobardía. Y eso, cuando se ponen en juego el funcionamiento del sistema sanitario y la vida de tantos seres humanos, va más allá de toda ficción. Eso es el miedo más puro. Eso es el terror.

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