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Opinión | Tribuna

Sevilla

Matones en la calle, acosadores en el colegio

Sandra Peña, la joven que se suicidó tras sufrir bullying en el Irlandesas Loreto

Sandra Peña, la joven que se suicidó tras sufrir bullying en el Irlandesas Loreto / José Manuel López

A estas alturas todo el mundo conoce, por desgracia, el nombre de Sandra Peña. La adolescente sevillana de catorce años se quitó la vida por los constantes insultos y amenazas que recibía de tres compañeras de colegio que, al parecer, la tomaron contra ella entre otras cosas por su afición al fútbol. La familia denunció el acoso ante la dirección del centro privado al que iba, pero no se adoptaron medidas para que cesara. Ahora sus padres, con buen criterio, han querido que el caso y la imagen de la niña se difundan todo lo posible y sirvan para concienciar del terrible problema del acoso escolar.

En esta ciudad de María Santísima somos muy dados a la hipérbole y estos trágicos casos los sentimos hasta la médula. Casi como algo personal de cada uno de los sevillanos. Tanta intensidad puede ayudar a la reflexión colectiva sobre lacras como, en este caso, el acoso escolar. Al mismo tiempo, si normalmente resulta patético el golpe de pecho vanidoso del sevillano que , sobre todo por las apariencias, intenta parecer más indignado que nadie, en este ocasión ese ejercicio de exhibicionismo hiperventilado resulta indignante. La rabia impostada de la que hacen gala es, en realidad, gasolina para el fuego del acoso escolar.

No tiene la más mínima lógica qué simpatizantes y líderes de Vox irrumpan a gritos en el debate público presentándose ahora como los defensores de la pobre niña acosada

Grupos de exaltados que se las dan de justicieros han montado una auténtica campaña contra tres niñas que serían las supuestas acosadoras de Sandra. Han difundido sus fotos, nombres y direcciones. Las han amenazado de muerte y con todo tipo de males. Han llenado los muros del barrio de pintadas contra ellas y en las redes animan a cualquiera a agredirlas o insultarlas. Se creen muy cabales por promover el ojo por ojo contra unas niñas, pero son solo unos acosadores más; mucho peores que ellas.

Que los matones que amedrentan al débil salgan ahora antorcha en mano a defender el honor de Sandra Peña y exigir la lapidación de las culpables va contra la naturaleza misma de las cosas. Quienes han llenado de pintadas amenazantes las tapias del colegio donde sucedieron los hechos son precisamente aquellos que suelen recurrir al bullying. Los desgraciados que está en el origen de la tragedia.

No tiene la más mínima lógica qué simpatizantes y líderes de Vox irrumpan a gritos en el debate público presentándose ahora como los defensores de la pobre niña acosada. Deberían cortarse un poco. Porque si hay alguien en la sociedad que fomente el acoso son precisamente ellos. Los de la retórica agresiva. Los que animan a despreciar al más débil y ensalzan la humillación del contrario. Los partidarios del insulto y la amenaza que odian al diferente y se ceban con todo el que dé muestras de ser sensible o frágil… Por no hablar de su desprecio ostensible contra los homosexuales.

Resulta sucio, casi obsceno, que saquen pecho y se indignen por el acoso contra Sandra aquellos que cuando quieren insultar a alguien lo llaman maricón. Esos machitos y chicas decentes que hablan del lobby gay, que hacen bromas contra las lesbianas y se ríen de los amanerados o las marimachos son justamente los que han causado la muerte de esta niña. Ni más, ni menos. Contra ella usaron precisamente esos y otros estereotipos hasta hacerle la vida, literalmente, imposible.

Resulta sucio, casi obsceno, que saquen pecho y se indignen por el acoso contra Sandra aquellos que cuando quieren insultar a alguien lo llaman maricón

Ahora los culpables de que crezca el odio, se escandalizan de su obra. Los mismos que han logrado que el Ayuntamiento de Sevilla retire de los colegios los materiales de educación sexoafectiva que ayudan a los niños a comprender la diferencia y tolerar distintas opciones personales vienen exigiendo mano dura y medidas radicales contra las supuestas acosadoras. Hay que ser muy imbécil para pensar que la solución para la niña que desprecia a sus compañeras de colegio por ser diferentes y las humilla a diario ese la amenaza. Las sanciones y los castigos nunca han disuadido al matón de ningún colegio. Mucho menos han frenado jamás a quienes de burlan de los débiles o los inocentes.

La solución contra el acoso es evitarlo antes de que se produzca. Y eso se hace con educación y con un entorno social donde la violencia o la humillación resulten inadmisibles. En una sociedad tolerante en la que se respeta con naturalidad a quien se viste de otro modo, a quien muestra sus fragilidades o a quien no sigue a la masa los niños aprendan ser así. Entre adultos que odian a los inmigrantes, que se burlan de otras razas o religiones que desprecian a quien simplemente no crecen niños tolerantes, sino matones en potencia. Hay que educar en casa con el ejemplo y en el colegio con todos los materiales y las técnicas que los ayuden a ser ciudadanos respetuosos y abiertos de mente con los demás. En eso, en la educación, no se puede fallar.

La solución contra el acoso es evitarlo antes de que se produzca. Y eso se hace con educación y con un entorno social donde la violencia o la humillación resulten inadmisibles

Sí hubiera que sancionar a alguien sería a ese colegio religioso que pese a las denuncias se negó a poner en marcha los protocolos necesarios que hubieran salvado la dignidad y la vida de Sandra. Más allá, no estaría mal preguntarse por qué esa empresa educativa se resiste a reconocer que en sus aulas se acosa. Y si es por no perder clientes, habría que quitárselos todos. Como mínimo, sería imprescindible quitarle su principal fuente de ingresos: el concierto que hace que paguemos con dinero público las matrículas de sus estudiantes.

No se hace por interés político. Es más fácil pedir que linchen a tres niñas que privar a los colegios privados que se saltan la ley de los ingresos que les regala la Junta de Andalucía. Uno de los principales objetivos del gobierno de Juanma Moreno es, desde el primer día, transferir fondos públicos a algunos de esos empresarios que tanto pontifican contra las paguitas pero que solo viven del dinero público. Lo ha hecho en sanidad, donde el aumento de gasto no va a la sanidad pública, sino a manos privadas, a costa dejar en cuadros los hospitales públicos y aumentar las listas de espera. Eliminó la subasta de medicamentos de modo que la Junta ahora gasta el doble cada año en comprar las mismas medicinas, beneficiando sólo a las empresas farmacéuticas en cuya patronal trabaja casualmente su señora. Lo mismo está haciendo con la educación: a diario cierran líneas públicas de educación profesional hasta el punto de que pronto va a ser casi imposible estudiar un módulo interesante de nada sin pagar sumas prohibitivas. Mucho de eso lo empezó el gobierno socialista, pero el popular lo está llevando a su extremo.

La política está en todas partes. Y también en el acoso escolar. La extrema derecha que fomenta el odio y la deshumanización de inmigrantes, musulmanes, homosexuales y cualquiera que no sea como ellos es la cantera de los matones que acosan en el colegio. Los partidos que privatizan los servicios esenciales son incapaces de imponer un sistema educativo eficaz en la prevención y sanción del acoso.

La extrema derecha que fomenta el odio y la deshumanización de inmigrantes, musulmanes, homosexuales y cualquiera que no sea como ellos es la cantera de los matones que acosan en el colegio

Podemos poner velas por las víctimas del bullying o llevar peluches a sus tumbas. También podemos encerrar de por vida a los pocos acosadores que se dejan pillar. Pero si queremos acabar con el problema hay que ir a las causas. Es necesario asumir que es un problema sistémico que no se puede afrontar con adultos cada vez más cargados de odio contra el diferente, ni con colegios privados que anteponen el negocio a la educación. Si preferimos esperar a que alguien acabe matándose para salir con horcas a pedir que cuelguen a las culpables mejor haríamos en comprar muchísimas sogas, porque desgraciadamente van a venir muchas Sandra Peña más. Descanse en paz.

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