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Opinión | El lugarico

Sevilla

Rosalía in excelsis

Rosalía en una imagen promocional de 'Lux'

Rosalía en una imagen promocional de 'Lux' / EPC

Hacía mucho tiempo que no quedaba conmovido ante una canción. Recuerdo entre las últimas que me elevaron el ánimo y me hicieron sentir la dimensión espiritual de la música El oboe deGabriel (Ennio Morricone) y mucho antes Como una ola (Rocío Jurado), De purísima y oro (Joaquín Sabina). Pero desde siempre el Gloria de La misa de la Coronación (Mozart) de la que opinaba mi inolvidable amigo Martín Decalzo que era posiblemente la mejor y más bella partitura de la historia de la música. Seguramente hay algunas más que bullen un mi cerebro, como Imagine (John Lenon), Suspiros de España (A. Álvarez), y de ese batiburrillo de músicas predilectas, las de Antonio de Cabezón al órgano para la capilla de Felipe II, el canto gregoriano de los monjes de Silos o El concierto de Aranjuez en la guitarra de Andrés Segovia. Sería interminable mi lista de devociones musicales, y hacía tiempo que no añadía ninguna a esta tan atrabiliaria relación.

El álbum es la máxima expresión de la belleza aromatizada por una voz que va por delante de los sentimientos con que Rosalía le pone letra a Reliquia, Mío Cristo, Divinize, Mundo Nuevo, Magnolia

Pero esta semana me han asaltado con viva emoción algunas de las canciones de Lux, el nuevo álbum de Rosalía, compendio de espiritualidad, sentimientos entrecruzados y mensajes votivos que no se resuelven en ese término creado para La Perla, incierto y contradictorio, que desemboca en su doppelgänger, del que algún día sabremos más.

Por eso digo Rosalía in excelsis. El álbum es la máxima expresión de la belleza aromatizada por una voz que va por delante de los sentimientos con que Rosalía le pone letra a Reliquia, Mío Cristo, Divinize, Mundo Nuevo, Magnolia, esta última a modo de postre exquisito para cerrar esa prodigiosa catarata de quince canciones verdaderamente maravillosas que van acumulando emociones en la misma piel de quien escucha. Una delicia para los sentidos con trazas de sones clásicos que hacen vibrar la melodía al compás como de rituales y ceremonias que impregnan estas canciones idealmente sublimadas por el arte singular de la joven y delicada Rosalía.

La irrupción de este disco en la rutina y a veces vulgaridad del panorama musical es una ocasión para que anotemos en nuestra agenda sonora un hito que no se producía desde hace mucho tiempo y que ha copado la atención de la gente en todo el mundo situándose doce de sus piezas, de las quince que tiene el álbum, entre las más escuchadas por millones de personas en la semana de su lanzamiento.

La irrupción de este disco en la rutina y a veces vulgaridad del panorama musical es una ocasión para que anotemos en nuestra agenda sonora un hito que no se producía desde hace mucho tiempo

Es indudable que detrás de Lux hay una poderosa maquinaria de marketing, sin la cual el éxito no hubiese viajado a los confines de la Tierra a la velocidad del sonido. Pero el secreto, sin trampa ni cartón, está en la calidad extraordinaria de una producción musical que hace ya historia en este mismo presente. No crean mis lectores que hay un punto de hipérbole en estas líneas. Si quieren comprobar cuando queda escrito pónganse a escuchar a Rosalía, Rosalía in excelsis, y dejense llevar por el itinerario sobrenatural que va marcando la voz prodigiosa de esta primorosa joven catalana. Seguramente me darán la razón.

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