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Opinión | El lugarico

Contra el okupa de La Moncloa

Ni los más viejos del lugar pueden recordar el esperpento que se está representando en nuestro país

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una foto de archivo en el G20.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una foto de archivo en el G20. / Pool Moncloa/Borja Puig de la Bellacasa

Parece llegado el momento de que el poder moderador que la Constitución otorga al Rey lleve a la práctica la intervención de Felipe VI para poner cierto orden y sentido común en el desconcierto que se ha adueñado de la opinión pública, incapaz de entender la situación política a la que nos ha conducido Pedro Sánchez y el Gobierno que dirige sin los apoyos de las mayorías imprescindibles. Siguiendo el mantra que repite la gente en las tertulias de confianza, ¿qué más tiene que suceder para que Sánchez decida convocar elecciones o sencillamente dimitir de la alta magistratura de la que ya es un okupa? Aunque, visto lo visto, el chascarrillo popular anticipa que ni perdiendo las elecciones abandonaría el Palacio de La Moncloa.

Los escándalos que se suceden en España copan los titulares de todos los medios informativos del mundo. Una colega alemana, sorprendida por las noticias que llegan a su Redacción en Fráncfort, me llama casi todos los días por si yo sé algo nuevo y sobre todo por si se conoce ya la caída del Presidente del Ejecutivo. Ni los más viejos del lugar pueden recordar el esperpento que se está representando en nuestro país. Y podría aquí cada lector anotar su particular muestra de perplejidad adobada por el cinismo de un Gobierno de coalición (o de corrupción como lo definió tan gráficamente la vicepresidenta segunda al borde de un ataque de nervios) que en sus estertores está consintiendo la degradación de la paz civil tan necesaria en la convivencia nacional. Nótese la prudencia con la que lo advirtió Felipe González al ser distinguido días atrás con el Toisón de Oro.

Ni los disimulos de TVE y medios afines logran apear de la preocupación de los españoles el momento realmente inédito que vivimos y que estudiarán los tratadistas de Derecho Político por su excepcionalidad en el concierto de las naciones. En cualquier país de nuestro entorno democrático el Gobierno hubiese caído este último jueves al perder la votación parlamentaria que bloquea la presentación del Presupuesto General del Estado y casi en coincidencia horaria con el envío a prisión de quien fuera ministro y brazo derecho del Presidente socialista. Mucho me temo que se nos gastarán las palabras para definir lo que está pasando en España y lo que queda por venir. Entre otras cosas porque Sánchez dijo que está dispuesto a seguir gobernando sin presupuestos y sin mayoría en las Cortes. Todo un desafío chulesco que nos lleva a pensar que no será fácil desahuciarlo, porque muy posiblemente los ponentes constitucionales no podían prever y, por tanto, ni siquiera imaginar este supuesto de un presidente atrincherado.

Con frecuencia nos preguntamos qué puede hacer la oposición ante la situación sobrevenida en la política española. Y en el estrecho margen que le queda, no es menor la de la movilización popular y la protesta en la calle. Es lo que ha propuesto Feijóo para hoy en Madrid en el convencimiento de que millares de españoles indignados, voten o no al PP, acudirán este mediodía al Templo de Debod como expresión colectiva contra Pedro Sánchez y su Gobierno.

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