Opinión | Tribuna
4 de diciembre de 1977. El día en que Andalucía se autoafirmó como comunidad política

Manifestación del 4 de diciembre de 1977. / El Correo
En el proceso de transición a la democracia Andalucía ocupó un lugar destacado en el debate que se reabrió sobre la articulación territorial del Estado, y que se concretó con la definición y posterior concreción del marco autonómico. Tras el final de la dictadura y la recuperación de las libertades democráticas en Andalucía comenzó un nuevo tiempo en el que la conquista democrática se volvió a identificar con la lucha por la autonomía. La recuperación de los valores y derechos democráticos se convertían, de esta manera y para una parte muy significativa de la ciudadanía andaluza, en contexto y vehículo idóneo con el que superar los viejos problemas históricos que arrastraba esta tierra y que estaban en la raíz de su atraso social y económico. Democracia, modernización y desarrollo económico aparecían, de esta manera, como partes indisolubles de una ecuación que pasaba también por la apuesta por una reconfiguración territorial del modelo de Estado que permitiera el alumbramiento de un poder político propio -andaluz-, que debía convertirse en brazo ejecutor de la ansiada tarea de redención. Democracia, cambio social, desarrollo económico y autonomía política se convertían de esta manera en sinónimos en una lucha en la que resonaba, en estos primeros momentos de la transición a la democracia, un lema: Libertad, Amnistía y Estatuto de Autonomía.
Sociedad civil, movilización popular y actores sociales y políticos participaron activamente en un proceso interactivo y complejo en el que la demanda autonomista quedó íntimamente entrelazada a la conquista, consolidación y normalización de la democracia.
En este contexto de recuperación de libertades y derechos, de legalización de actores políticos y sociales y de movilización ciudadana, en Andalucía tomó cuerpo un movimiento cívico-político en pro del autogobierno que se caracterizó en todo momento por una fuerte adhesión y participación de la ciudadanía. En este sentido, la multitudinaria manifestación del 4 de diciembre de 1977 en pro de la Autonomía, con un millón y medio de andaluces y andaluzas en las calles y plazas de los pueblos y ciudades de Andalucía, constituye no sólo la prueba fehaciente de todo ello, sino también un episodio relevante en un proceso de lucha en el que, por vez primera, Andalucía se autoafirmaba y visibilizaba como comunidad política, situando la cuestión autonómica andaluza en el tablero de la discusión pública y en la agenda del debate político. En Andalucía, la lucha por la autonomía no fue sólo una cuestión de élites y/o actores políticos, sino también, y en muy buena medida, de movilización ciudadana. La manifestación del 4D de 1977 reflejó de manera palmaria esto último; también evidenció otro hecho igualmente relevante y significativo: el de una ciudadanía cuyas movilizaciones en no pocas ocasiones antecedieron, auspiciaron, propiciaron y acompañaron la acción de los actores políticos y sociales en pro de un cambio que conllevara transformaciones sociales, y para el que se requería un nuevo diseño político-institucional del Estado.
Democracia, cambio social, desarrollo económico y autonomía política se convertían de esta manera en sinónimos en una lucha en la que resonaba, en estos primeros momentos de la transición a la democracia, un lema: “Libertad, Amnistía y Estatuto de Autonomía”.
Es precisamente esta fuerte presencia activa de la participación cívica y la movilización popular en la lucha por la autonomía -simbolizado en muy buena medida, aunque no sólo, en la manifestación del 4D- lo que ha sustentado en alguna que otra ocasión un ejercicio narrativo que venía a contraponer el hito del 4D al del 28F. En mi opinión al menos, esto último no deja de ser una propuesta interpretativa forzada y artificial en una narrativa que intenta en ocasiones maximizar, y con ello jerarquizar, una cara del proceso sobre otra, con independencia de que en ambos casos se constata -bien en verdad que en contextos y momentos diferentes dentro del proceso de lucha autonómica- la presencia de actores institucionales, representantes políticos y ciudadanía movilizada. Si como decía, el 4D simboliza dentro del proceso de lucha por el autogobierno el momento de autoafirmación de Andalucía como comunidad política, el 28F representó no sólo el resultado palmario de esta autoafirmación sino también la expresión de la voluntad de dotar a Andalucía de entidad y estructura político-administrativa propia bajo el prisma de la igualdad territorial dentro del Estado español. Sociedad civil, movilización popular y actores sociales y políticos participaron activamente en un proceso interactivo y complejo en el que la demanda autonomista quedó íntimamente entrelazada a la conquista, consolidación y normalización de la democracia.
Las incertidumbres y muchos de los retos que marcan el tiempo presente son en muy buena medida nuevos. Las respuestas a las preguntas que se plantean no siempre son fáciles y sencillas en un escenario público en el que, a mi modo de ver, falta mucha reflexión crítica y no pocos referentes
Hoy vivimos un nuevo tiempo de incertidumbres donde muchos de los consensos generados en la transición democrática se han debilitado o, incluso, roto. En este contexto, las voces que auguran la "muerte" de la democracia se multiplican y, en no pocas ocasiones, se mezclan con otras que reclaman la revisión del modelo autonómico, la recentralización o la reformulación del pacto territorial. Las incertidumbres y muchos de los retos que marcan el tiempo presente son en muy buena medida nuevos. Las respuestas a las preguntas que se plantean no siempre son fáciles y sencillas en un escenario público en el que, a mi modo de ver, falta mucha reflexión crítica y no pocos referentes. En este contexto, la lucha por el autogobierno en Andalucía constituye hoy un «activo» que no solamente nos lega hitos y enseñanzas sobre nuestro pasado más reciente como la que nos proporciona el 4D, sino que también nos interpela como comunidad en estos momentos de incertidumbre al ofrecernos espacios y argumentos para la reflexión, y, por qué no, también referentes para la acción colectiva.
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