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Opinión | Tribuna

Sevilla

Enriqueta Vila

Enriqueta Vila

Enriqueta Vila / Ateneo

Hoy sábado 20 de diciembre, el alcalde de Sevilla va a rotular una plaza ajardinada del barrio de Nervión con el nombre de Enriqueta Vila Vilar. Se trata de un trozo de Sevilla, no lejos de su casa, que de la manera más merecida del mundo va a llevar el nombre de una gran historiadora y, sin temor a equivocarme, de una mujer excepcional.

Enriqueta, que ha entrado felizmente rodeada del cariño de su familia y sus amigos en los 90 años, tiene una fuerza que es capaz de dejar atrás a personas varias décadas más jóvenes.

Hacer un resumen de la actividad profesional de Enriqueta Vila tiene un solo problema: hay que escoger entre mucho y muy bueno. Doctora en Historia de América por la Universidad de Sevilla, ha sido profesora de dicha Universidad, en la cátedra de Historia de los Descubrimientos, de la que fue titular el inolvidable profesor Morales Padrón; Don Francisco para sus alumnos. Pasó luego por oposición al Consejo Superior de Investigaciones científicas, en donde alcanzó el rango de profesora de investigación, el nivel superior de los especialistas del CSIC, equivalente a catedrático de universidad. Su labor la desarrolló fundamentalmente en la Escuela de Estudios Hispanoamericanos, situada en el antiguo y querido caserón de la calle Alfonso XII, de la que fue directora varios años. Fruto de su incansable trabajo como americanista son algunos libros modélicos que hoy se consideran clásicos en la historiografía americanista. Entre ellos el que le dedicó a la isla de Puerto Rico o el referido al tráfico de esclavos (Hispanoamérica y el comercio de esclavos) y en especial los que ha dedicado a las principales familias de comerciantes sevillanos involucrados en el tráfico comercial con América, como el magnífico: Los Corzo y los Mañara. Tipos y arquetipos del mercader con Indias. Pero además, cada año, Enriqueta coordina un libro fruto de su defensa de la obra de España en América basado de los ciclos anuales de conferencias desarrollados en la Academia Sevillana de Buenas Letras, institución de la que también fue directora. Aunque me atrevo a afirmar que, tal vez, una de sus obras favoritas sea la que realizó a medias con su padre, el gran cronista taurino Enrique Vila Muñoz: Apuntes sevillanos de ayer y de hoy, sobre su muy querida ciudad de Sevilla. Toda esta labor científica la ha llevado a ocupar una plaza como académica numeraria de la Real Academia de la Historia, lo que significa el cenit para la carrera de una historiadora.

Hacer un resumen de la actividad profesional de Enriqueta Vila tiene un solo problema: hay que escoger entre mucho y muy bueno.

Enriqueta ha sido galardonada con múltiples distinciones como la Medalla de Andalucía; la Medalla de Oro de la Diputación de Sevilla, el premio de periodismo Joaquín Romero Murube, entre otros. Su carácter polifacético, no solo se muestra con su actividad periodística, sino que también se atrevió a hacer una incursión en la política local siendo concejal de cultura del Ayuntamiento de Sevilla (1991-1995).

Pero quien conozca a Enriqueta Vila, no solo se admirará por su impresionante currículum, sino por conocer a una mujer de personalidad arrolladora. Enriqueta, que ha entrado felizmente rodeada del cariño de su familia y sus amigos en los 90 años, tiene una fuerza que es capaz de dejar atrás a personas varias décadas más jóvenes. Su actividad es incesante, su perspicacia admirable, pues sabe de un vistazo precisar cuáles son los problemas que existen en una institución o en un grupo de personas, y la mejor forma de encararlos. Tal vez de su padre, experimentado taurino, aprendió como había que torear con capa, para derivar la fuerza de los envites de la vida y redirigirlos donde no causen daño. Además, tiene un grupo de consejeras eficacísimo: el conjunto de las hermanas Vila, que todos los martes se reúnen a hablar de lo divino y lo humano, y cuyas deliberaciones sobre cualquier problema son de obligado cumplimiento.

Tengo la gran suerte de contar desde hace muchos años con la amistad de Enriqueta Vila y cuando surge alguna cuestión de importancia o hay que preparar un nuevo trabajo, suelo acudir, normalmente acompañado de una gran amiga común como es la profesora Pilar León Castro, a la oficina de Enriqueta para resolverlo. Este lugar mágico no está ubicado en ningún bloque de apartamentos, sino en una cervecería situada enfrente de su casa, donde, al solecito en invierno y a la sombra en verano, se toman las decisiones más convenientes para los problemas más enrevesados. Enhorabuena querida Enriqueta.

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