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Opinión | El lugarico

Sin Vox no hay Gobierno

El líder de Vox, Santiago Abascal, durante una rueda de prensa en la sede del partido de Madrid

El líder de Vox, Santiago Abascal, durante una rueda de prensa en la sede del partido de Madrid / Kiko Huesca / EFE

El PP parece estar ya convencido de que sin contar con los diputados de Vox después de las generales no habrá posibilidad de formar un Gobierno presidido por Alberto Núñez Feijóo. Se venía viendo desde hace tiempo y se ha confirmado en Extremadura donde se comprueba que el partido de Abascal no para de crecer y que incluso su tendencia es seguir subiendo en los próximas citas electorales de Aragón, Castilla y León y Andalucía.

Clausurado definitivamente el largo ciclo de alternancia iniciado en 1996, España queda politicamente configurada en dos grandes bloques de derechas e izquierdas cada uno de los cuales precisará de acuerdos para sumar mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados. Nadie discute ya esta realidad que como queda dicho también el PP ha terminado por asumir.

Pero el cinismo del discurso socialista intenta crear un estado de opinión que deslegitimice un posible Gobierno PP-Vox mientras lleva siete años en coalición con Bildu, independentistas y otros pequeños grupos regionalistas, todos ellos contrarios a la unidad de España consagrada en la Constitución. El caso extremo de la alianza con los sucesores de ETA repugna a millones de españoles. Y merced a Otegui se mantiene Sánchez en la Moncloa desde 2018. No se puede entender que unos sean demonizados y otros considerados democrátas unicamente por la conveniencia coyuntural a la hora de instalarse en la Moncloa.

El manual de resistencia del actual presidente ha alcanzado su última página y no parece quedarle ningún conejo en la chistera para aguantar agónicamente un tiempo más. Además de los datos, lo dice también el sentido común

Somos mayoría los analistas y observadores políticos que pensamos que el Gobierno de Sánchez está desahuciado y que más pronto que tarde habrá elecciones generales que probablemente ganará el Partido Popular. El manual de resistencia del actual presidente ha alcanzado su última página y no parece quedarle ningún conejo en la chistera para aguantar agónicamente un tiempo más. Además de los datos, lo dice también el sentido común.

Lo que está meridianamente claro es que no van a ser fáciles los meses que restan hasta las generales. Y ello por el grado de intoxicación y de desinformación de la opinión pública que procura el sanchismo y que una parte de ciudadanos hace suya invocando al miedo a la derecha por venir. Es ese mismo núcleo duro de votantes de izquierda que no hizo el menor aspaviento cuando Sánchez anunció el apoyo a su Gobierno del grupo que aun no se ha arrepentido de los 830 asesinatos cometidos entre 1968 y 2010. Y que tampoco ni torció el gesto cuando se sumaron al apoyo quienes habían proclamado la República catalana, si bien por solo unos segundos. Esa polarización de la ciudadanía trae causa del nefando Gobierno de Zapatero y de su desdichada ley de Memoria Democrática, cuestionada hay incluso por muchos socialistas.

Hay en todo el discurso sanchista una evidente negación del sistema democrático al considerar de hecho que los votos de unos españoles valen más que otros

Hay en todo el discurso sanchista una evidente negación del sistema democrático al considerar de hecho que los votos de unos españoles valen más que otros. Otra cosa es que cada quien tenga preferencia por determinadas siglas. Pero el intento de negar la legitimidad constitucional de los votos de Vox es la clave del cínico argumentario que hasta ahora el PP no ha sabido desmontar de la opinión pública y de la publicada.

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