Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

Juan José Gómez, un periodista de leyenda

En memoria de un incansable trabajador de Redacción, a los 25 años de su muerte

El periodista Juan José Gómez

El periodista Juan José Gómez / Foto familiar

Se marchó, el 9 de enero de 2001, un día como hoy. Se fue tal y como vivió, hace ya veinticinco años, sin hacer ruido, cuando las luces de Navidad dejaban de brillar, cuando ya habíamos guardado las casas y las figuritas del nacimiento, se fue un día como hoy para no aguar la fiesta a nadie, su forma de vivir fue muy parecida a su forma de marcharse.

Mi padre era un muchacho del Porvenir que, con 18 años, inició su camino en la redacción de El Correo de Andalucía en 1933, gracias sobre todo, a su dominio de la taquigrafía, lo que le facilitaba transcribir con rapidez discursos, conferencias y declaraciones, algo muy valorado en las redacciones de cualquier periódico de la época, esa destreza y su formación en la Escuela El Debate, encajaba con el tipo de periodismo que cultivaría después.

Tras sus fugaces pasos por el Diario España en Tánger, recién terminada la Guerra Civil, y su participación como redactor jefe, en la puesta en marcha del Córdoba, Juan José volvió nuevamente a El Correo de Andalucía al que dedicó el resto de su vida profesional hasta su jubilación.

Los recuerdos de mis visitas al periódico, de la mano de mi padre, se pierden en los tiempos de la calle Albareda, recuerdos de pantalón corto e impregnados en olores a tinta, a plomo fundido o a papel, de periódico, claro.

Me encantaba cuando el linotipista transcribía las letras para formar mi nombre en aquel lingote de plomo que, tras impregnarlo bien de tinta, aparecía mágicamente al estamparlo en la hoja de papel, pero lo que más me llamaba la atención, era los montones de fotografías de tamaño folio, que siempre tenía encima de la mesa. Yo me llevaba, ocultas entre mi ropa, unas cuantas fotos del último partido del Sevilla: Achúcarro saltando en un lance para cabecear el balón o Agüero regateando con la pelota en los pies… como presumía enseñándolas luego en el colegio.

Los horarios de mi padre eran impensables, recuerdo que a mi casa, los Reyes llegaban siempre antes que a las de mis amigos. La tarde del 5 de en enero, dejábamos abiertas las ventanas y el balcón antes de salir para la cabalgata, luego, al volver a casa teníamos que esperarle que llegara del periódico, sobre las 10 de la noche, para recorrer, con la familia, todas las habitaciones de la casa hasta dar con los regalos. ¿Qué por qué no esperábamos a la mañana de Reyes? Pues muy sencillo, porque mi padre después de cenar tenía que volverse al periódico y no regresaba hasta las 4 o las 5 de la madrugada, así que en la mañana de Reyes tenía que hacer el esfuerzo de jugar con mis flamantes juguetes en silencio absoluto para no despertarlo.

En septiembre de 1958, yo acababa de cumplir cinco añitos, cuando en la Asociación de la Prensa le pidieron que dirigiera la Hoja del Lunes, que se alargó más 16 años. Un periódico que editaban para aportar fondos a la Asociación y respetar, al mismo tiempo, el merecido descanso dominical de los profesionales de la prensa.

Me costaba entender como niño, porque no podía tener a mi padre conmigo ni siquiera los domingos. De hecho, únicamente disfrutaba de mi padre dos días al año, en Navidad y el Sábado Santo, así viví mi infancia, mi adolescencia y hasta mi mayoría de edad.

¿Ha merecido la pena? Pues yo creo que , porque a pesar de que era un hombre algo introvertido, con un talante personal prudente a la vez que brillante, amigo de sus amigos, pero mucho más compañero de sus compañerosJuan José Gómez fue feliz. Y un gran padre.

Carlos Gómez Lagares (Sevilla)

Tracking Pixel Contents