Opinión | El lugarico
La rebelión de las masas

Beduinos de la Cabalgata de Reyes Magos, a 5 de enero de 2026 en Sevilla (Andalucía, España). Los Reyes de Oriente han recorrido las calles de la capital hispalense repartiendo ilusión, acompañados por 33 carrozas, en una jornada marcada por la lluvia en la que se han distribuido 100.000 kilos de caramelos. 05 ENERO 2026 Joaquin Corchero / Europa Press 05/01/2026. Joaquin Corchero;category_code_new / Joaquin Corchero / Europa Press
Si no hubiera muerto don José Ortega y Gasset podría haber asistido durante la reciente fiesta de Reyes Magos a una nueva rebelión de las masas sobre la que había podido escribir un apéndice a su universalmente conococido ensayo publicado en los años treinta del pasado siglo. No es una rebelión conceptual como la que argumenta el gran filósofo español en su libro, sino un movimiento masificado de la gente con cierta explosión de vitalidad y alegría, pero que a la postre coincide con la tesis orteguiana de la irrupción de las masas al poderío social.
Quienes han podido ser testigos de las celebraciones del nuevo año en Sevilla saben sin duda de lo que estoy hablando. Un hecho especialmente característico del aluvión humano es el recorrido de la Cabalgata de Reyes por nuestras calles y de manera singular por la calle Asunción, literalmente desbordada de miles y miles de personas, atiborrados sus balcones de gente joven brincando al son de la música y ocupada lo que queda de calzada por el multitudinario cortejo con tracción motorizada de carrozas, beduinos, caballos, camellos en impar representación de la entrada de los Reyes Magos en los corazones de niños y mayores. Una vez más el Ateneo hispalense se ha superado a sí mismo con un espectacular desfile en el que pese a su complejidad reina una organización sin tacha y revive el espíritu centenario que la inspira desde que en 1918 José María Izquierdo encendiese la chispa de la ilusión de cada 5 de enero.
No siendo una novedad el fenómeno de la masificación en Sevilla donde es proverbial el comportamiento del público en las bullas de Semana Santa, llama la atención cómo año tras año parece que cada vez hay más gente al paso de la cabalgata. Y hasta cierto punto es inexplicable que algunas calles, como la mencionada de los Remedios, puedan acoger a tales muchedumbres en rebelión pacífica durante horas para no perder el sitio preferido.
Sevilla es una ciudad que vive en la calle. Aunque haga el foráneo frío de estos comienzos del año. Bares y restaurantes tienen sus terrazas al aire libre que salvo en los más severos días de verano presentan plena ocupación de una clientela bulliciosa que disfruta del buen tiempo -y aunque sea regular- en animada tertulia de amigos y allegados. Es uno de los grandes atractivos de esta ciudad famosa y navegable que recibe miles de turistas como base importante de su economía doméstica.
Pero esta nueva rebelión de las masas sin un Ortega y Gasset que le ponga letra es un salto cualitativo que Sevilla debe ir ahormando y asumiendo para no morir de éxito. Y no solo me refiero ya a los días rutilantes de las fiestas navideñas sino al general calendario de la ciudad plagado de celebraciones secuenciales con permanente ocupación de la vía pública. El Ayuntamiento a través del CECOP tiene la responsabilidad de filtrar las peticiones de celebraciones callejeras para que la pacífica rebelión de las masas no derive en situaciones indeseables.
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