Opinión | A compás
2026, un año de festivales sin rumbo

El cantaor Miguel Poveda durante su actuación en el Foro Iberoamericano de La Rábida, en 2024. / Julián Pérez / EFE
En estos primeros días de enero reviso las programaciones de los principales festivales flamencos para agendar lo más relevante que podremos ver este 2026 y enseguida me invade la pereza y la pena. Pregunto a otros compañeros por si es cosa mía, pero la mayoría comparte la falta de ilusión por un año que aventura pocas sorpresas en lo creativo y mucha incertidumbre en la gestión de algunas de las citas claves que sostienen la industria jonda.
Salvo un work in progress de Humo, el nuevo trabajo sobre las tabaqueras que prepara Rafaela Carrasco, el 36 Festival Flamenco de Nîmes, celebra su edición más corta (del 13 al 18 de enero) con un cartel sin estrenos que recurre a artistas locales y a grandes nombres de la escena actual, como Miguel Poveda, Tomatito o Estévez/Paños&Cía, que estuvieron también el pasado 2025. Junto a otros jóvenes talentosos, como Ángeles Toledano, María Moreno, Paula Comitre, Florencia Oz & Carmen Angulo o Sandra Carrasco y David de Arahal.
De esta forma, el festival francés, considerado por especialistas como José María Velázquez-Gaztelu como la "capital europea del flamenco", inaugura la temporada sin proponer novedades ni asumir riesgos, apostando por un batiburrillo que no parece responder a un criterio artístico o concepto concreto. Esto, al menos, se traduce de las palabras de su actual directora, Amèlie Cassasole, que declaró que la programación de Nîmes "abraza desde la vanguardia conceptual hasta la raíz más ortodoxa". O sea, nada.
Al frente del Teatro de Nîmes desde la jubilación en 2023 de François Noël, Cassasole ha cogido las riendas del festival en solitario tras la renuncia de Chema Blanco, quien asumió el papel de asesor artístico en los últimos siete años, sucediendo en el cargo a Patrick Bellito. Esquivando, por tanto, el esperado nombramiento de algún profesional flamenco que ejerciera la citada labor en una materia en la que ella misma se había confesado neófita.
Como es lógico, a lo largo de su trayectoria, la cita ha experimentado polémicos cambios estratégicos en su modelo que ha suscitado críticas, especialmente entre los que la vieron nacer y los espectadores habituales, que en esta ciudad francesa son muchos y bien formados. Entre otras cosas porque, como sabemos bien aquí a cuentas de la dirección de la Bienal de Flamenco, un puesto de esta índole implica exponerse, tomar decisiones que afectan directamente a los artistas y a la afición, e imponer al fin y al cabo una manera de entender lo jondo.
Valentía, sensibilidad y criterio para dirigir un festival
Por eso, no concibo la osadía de los políticos, gestores o personajes con ínfulas que se atreven a asumir tremenda tarea sin responsabilidad ni respeto hacia este arte y sus creadores. Lo menos que se le puede pedir a quien dirige un evento de esta envergadura es valentía, honestidad, conocimiento, sensibilidad y criterio, independientemente de que podamos luego coincidir o no con su mirada o compartir sus decisiones.
Diseñar la programación de un festival (público) no debe consistir en contratar sólo a las estrellas que demanda el público ni en contar con lo que a uno le eriza la piel, ni en cubrir huecos con lo que está de moda o rendir pleitesía a los amigos o vecinos. La responsabilidad de la que hablaba pasa por construir un proyecto que, aunque sea personal, tenga en cuenta las distintas estéticas e intereses, dé cabida a la diversidad flamenca, propicie acuerdos, implique y estimule a la afición y a los colectivos e instituciones, e impulse la creación de propuestas que enriquezcan el abanico cultural. Igual que debería pasar por acudir a otros festivales, peñas y teatros a ver flamenco y otras cosas, mostrar interés por lo que los artistas traen entre manos, buscar fórmulas para atraer a nuevos públicos y contar con el tejido, entre otras cosas.
Sorprende en esta misma línea la deriva del Festival de Jerez, que cumple su trigésima edición del 20 de febrero al 6 de marzo con un cartel arbitrario y descafeinado, mucho más localista y menos ambicioso que los que recordamos de la etapa de la gestora cultural, Isamay Benavente, que dejó su cargo en 2023 para asumir el de directora artística del Teatro de la Zarzuela. Así, su actual director, Carlos Granados, aseguró en la presentación apostar por un festival "libre de prejuicios", que esta vez contará con menos presupuesto por la pérdida de las ayudas que el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (Inaem) destina al Festival de Jerez (91.500 euros) y el programa lírico (32.000), al no haber presentado Fundarte, la fundación municipal que gestiona el Villamarta, la solicitud en plazo.
Además, en este aniversario el festival no contará como escenario con las bodegas González Byass y afronta el desafío de paliar las carencias de visibilidad del Centro Social Blas Infante, uno de los espacios reservados al baile, sello de identidad de Jerez.
Luis Ybarra podría consolidar su mando al frente del evento flamenco más importante a nivel mundial y que, crucemos los dedos, ojalá inyecte un poco de oxígeno a este tedioso y previsible escenario
En cualquier caso, se nota este 2026 un cierto parón creativo en el que tendrá que ver, seguramente, cuestiones como el hartazgo de los artistas por afrontar estrenos que no logran rentabilizar o las secuelas de un modelo de Bienal que defendió los "momentos únicos" por encima del apoyo a la creación de espectáculos susceptibles de entrar en el circuito.
Con todo, las expectativas están puestas ahora en la próxima Bienal de Sevilla, de la que se ha dado a conocer sólo el cartel. Una segunda convocatoria con la que Luis Ybarra podría consolidar su mando al frente del evento flamenco más importante a nivel mundial y que, crucemos los dedos, ojalá inyecte un poco de oxígeno a este tedioso y previsible escenario que quita las ganas y merma la ilusión.
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