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Opinión | El lugarico

Sevilla

Tampoco funciona el anticiclón de las Azores

Dos vecinas de Grazalema corren por una calle inundada debido a las intensas lluvias que se registran este miércoles en la localidad gaditana, y que suceden al mes de enero más lluvioso desde principios del siglo XX lo que ha hecho que se acumule gran cantidad de agua en el subsuelo. EFE/Román Ríos

Dos vecinas de Grazalema corren por una calle inundada debido a las intensas lluvias que se registran este miércoles en la localidad gaditana, y que suceden al mes de enero más lluvioso desde principios del siglo XX lo que ha hecho que se acumule gran cantidad de agua en el subsuelo. EFE/Román Ríos / Román Ríos / EFE

En la campaña de las generales de 1982 que ganó por goleada el PSOE, el gran periodista Pepe Oneto le preguntó a Felipe González que en qué consistiría el cambio que proponía, a lo que el candidato socialista contestó como un resorte: “Que España funcione”.

Desde entonces, aquella respuesta tan simple que valía más que todos los mítines de una campaña electoral, ha estado en el imaginario colectivo de los españoles como la síntesis de las aspiraciones colectivas de los ciudadanos. Fue un acierto.

Más de cuarenta años después, sería pertinente volver a formular la preguntita a los aspirantes a la Presidencia del Gobierno, porque estamos viendo que en no pocos sectores de la Administración, los servicios públicos, ferrocarriles, sanidad y afines, pues sencillamente España no funciona como hace algunos años. No hay nada más que ver las quejas de la gente reflejadas en las encuestas para comprobar que todo aquello que llegó a funcionar casi con precisión se está desmoronando. Y con cierta rapidez desde el Gobierno de Pedro Sánchez.

Si salpimentamos la situación política española con unas gotas de humor podría decirse que ya no funciona ni el anticiclón de las Azores, bendita masa de aire y presión atmosférica que nos libraba de borrascas indeseables como la que estos días está azotando buena parte de Andalucía. Pero, señores del Gobierno: ¿que han hecho ustedes para que el anticiclón de las Azores se declare en huelga? Desde nuestra infancia veníamos viendo en TVE al Hombre del Tiempo, Mariano Medina, cuando nos explicaba, a veces debajo del paraguas, que el anticiclón de las Azores traía tiempo estable, sol y calma, al barrer los ciclones de bajas presiones y dejarnos el cielo limpio como una patena. Señores ministros, háganselo mirar, como diría un tertuliano progre. Y acepten de buen grado esta coña marinera, que no tiene más alcance que la de poner en evidencia las sucesivas actividades y sectores de la vida ordinaria que se van averiando por falta de mantenimiento.

El anticiclón de las Azores es el custodio del buen tiempo en la península ibérica. Cuando está en zona de altas presiones sobre el océano Atlántico coronando las islas portuguesas, actúa de guardia de la porra e impide que Leonardo y sus allegados nos den los disgustos que estamos padeciendo en nuestra tierra. Es bastante probable que el cambio climático haya influido en su falta de actividad abandonando su proverbial diligencia y dinamismo en una perezosa modalidad del dolce far niente cuando más necesario era su concurso sobre nuestros campos, sobre nuestros ríos y nuestros mares, sobre nuestras vidas

Nunca habíamos asistido al desalojo de un pueblo entero como ha sido el caso de Grazalema ni visto las presas henchidas de agua con tanta urgencia por aliviar sus llenazos mediante desembalses ininterrumpidos 24 horas. No entendemos lo que está pasando, pero estamos seguros de que no anticipa nada bueno.

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