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Opinión | A compás

Sevilla

El tatuaje que nadie ve de Alejandro Sanz

Foto de Alejandro Sanz en Sevilla.

Foto de Alejandro Sanz en Sevilla. / El Correo

En uno de los planos se le ve tatuada en la nuca la palabra flamenco que así, marcada en tinta sobre la piel de uno de nuestros artistas españoles más internacionales, se revela como una reivindicación naif. Una confesión íntima y visceral de quien, después de haber compuesto las canciones más coreadas de las últimas décadas, ha aprendido que la vida se resume en unas cuantas letras. Las que nos sirven para nombrar lo importante y las que salvan.

En Cuando nadie me ve, la serie documental que acaba de estrenar Movistar Plus+ en la que Alejandro Sanz relata por primera vez de su boca sus claroscuros profesionales y personales y lo que se mueve detrás de esta industria, hay unas que se repiten constantemente. Las que integran familia, amor y música que, en el caso de cualquier artista honesto, van siempre ligadas.

En esta amalgama, Alejandro alza su voz para defender el flamenco que lleva grabado sobre su espalda. No desde lo anecdótico, sino como esa matriz de la que se ha nutrido desde sus orígenes. El flamenco como banda sonora de su hogar, pero también como refugio y motor. El lugar donde siempre se encuentra.

Se conocía, es verdad, su relación con Paco de Lucía, quien puso su guitarra en Mi primera canción (1998), del segundo disco de cantante, y repitió a título póstumo en La rosa (2021), una rumba con grabaciones inéditas grabadas por el del Algeciras. Pero, sobre todo, con el que le unía una estrecha amistad y una profunda admiración. “Paco fue el primer artista que me robó el alma. Todo lo que sé tiene algo que ver con Paco, con Camarón, con el flamenco”, dice en un momento de la grabación.

"Mi primera canción con Paco de Lucía"

Lole y Manuel, y esa forma de gritar la rabia urgente y susurrar lo más sencillo y difícil de desvelar, son otra de las grandes influencias de las que el músico ha presumido. Escuchando a los sevillanos en el coche de sus viajes familiares hacia el Sur empezó a soñar que Todo es de color, bulerías que suele interpretar en sus conciertos. “Mi amor por la música surgió en ese Seat 600 de camino a Cádiz”, confiesa.

Las que acompañamos nuestros despertares adolescentes con las melodías del andaluz sabíamos incluso que fue él, junto con Paco Ortega, los que apostaron por el lanzamiento de Niña Pastori y que a ella le ha escrito, además del exitoso Cai, las letras de las bulerías Los hilos del alba, Que pena o la maravillosa Anoche me diste un beso.

Como he sostenido aquí otras veces el flamenco expulsa lo pusilánime; si uno es flamenco lo es con todas las consecuencias. De ahí que cuando Feijóo se metió con la capacidad de contar de los andaluces, Sanz saltara en sus redes para explicarle cómo se cuenta aquí. “Un dos tres, cuatro cinco seis, siete ocho, nueve diez. Un dos. Así se cuenta en Andalucía". A compás.

No hace falta contar las veces que aparece el flamenco en el documental para observar hasta qué punto está presente lo jondo en su vida y en su manera de entenderla. Cómo en las imágenes de archivo familiar en las que aparece Alejandro de niño se le ve ya pegado a la guitarra.

Lo primero que quise fue ser guitarrista flamenco”, reconoce. Su padre le compró la primera guitarra y lo llevó con Antonio Arenas, un guitarrista que había acompañado a Camarón por América y con quien aprendió la disciplina de lo jondo.

En esta primera etapa le descubrimos, por ejemplo, junto a la gran María Vargas, a la que compuso dos discos entre finales de los 80 y principios de los 90 y con la que bailó hasta por sevillanas.

Su entonces mánager, Miguel Ángel Arenas, Capi, recuerda que fue en una boda de gente conocida, en la que el joven artista se puso a cantar flamenco con su guitarra congregando cada vez a más invitados a su alrededor, cuando descubrió su capacidad para conectar con el público.

Es lógico que el sedimento emocional, cultural y musical de estas influencias y vivencias cuajaran irremediablemente en un estilo de pop aflamencado o flamenco melódico, que ahora está en plena tendencia, pero que no existía en esos años. “Gracias a él muchos aprendimos que se podían hacer canciones pop que tuvieran además una identidad muy clara, y concretamente flamenca. Él abrió un camino en este sentido”, agradece Rosalía.

Es decir, guste más o menos, Alejandro Sanz ha sido pionero en ligar lo flamenco a otros ritmos y hacer de éste un sonido universal. Algo que le ha costado conflictos como el de Corazón partío (1997), tema que le generó una pugna con la discográfica porque querían eliminar cualquier tufillo andaluz. Como respuesta, el de Alcalá de los Gazules sumó la guitarra de Vicente Amigo, con quien por cierto había colaborado en 2009 en Y será verdad, del álbum Paseo de Gracia, junto a Enrique Morente y Pedro el Granaíno.

El éxito que trajo esta rumba pop, que lo catapultó como figura internacional y le hizo vender más de cinco millones de copias, permitió al intérprete salirse con la suya y, lo más importante, le dio la seguridad para creer eso que dijo Camus, que en medio del invierno puedes descubrir dentro de ti un verano invencible. Porque nada te hace más fuerte que reconocerte en lo que haces y defender tu propia voz. Demostrando, además, que no es necesaria la solemnidad del participio para compartir tu duelo con el resto del mundo.

Vídeo del documental sobre 'Corazón partío'

Vídeo del documental sobre 'Corazón partío' / El Correo

La historia de Alejandro Sanz, al fin, no deja de ser la de todos. En menos metros de salón, sin Grammys ni vitrinas y con la pasta justa ¿qué hacemos también nosotros sino preguntarnos quiénes somos y qué nos hace felices? Por eso, cuando nadie le ve, Alejandro sigue aferrándose a su guitarra. “Eso es lo que soy yo, lo que he estado buscando toda mi vida. Yo canto cumpleaños feliz y sueno flamenco porque está dentro de mí, está en mi esencia. Y ésa es la grandeza de esta canción, que está hecha desde la autenticidad absoluta y por eso quería que fuera lo más flamenco posible”, mantiene contundente sobre el conflictivo asunto del mencionado hit.

Por lo demás, el documental muestra a una persona vulnerable, de decisiones firmes y emociones frágiles. Un ser humano al que ni el éxito ni la fama le salva del fracaso o del sufrimiento y que, a estas alturas, 35 años después de llegar Pisando fuerte, se sigue preguntando ¿Y ahora qué?, un trabajo que vuelve a poner el foco en la creación y no en los resultados impuestos por una hoja de Excel.

Y sí, puede que este texto esté contaminado de cierta idolatría, pero es justo reconocer que Alejandro Sanz ha sido el primer artista internacional de pop español que ha llevado el flamenco por bandera, abriendo las puertas de esta música a muchas generaciones y sosteniendo un posicionamiento público que quisieron taparle en un tiempo no tan lejano en el que el flamenco daba vergüenza. Menos mal que él tuvo claro que “tenemos dos cosas en la vida”. “Flamenco y no flamenco”, responde en español Alicia Keys entre risas continuando orgullosa la frase que él le ha enseñado.

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