Opinión | Las cosas del votar

Presidenta de ACOP
Derrotas que saben a victoria

Ana Salazar
En 2007, Rafael Nadal, con solo 21 años, perdió la final de Wimbledon frente a Roger Federer. Perdió el partido, sí, pero salió reforzado. Defendió cada punto, llevó al límite al rey de la hierba y dejó claro que estaba preparado para liderar el futuro. Aquella derrota no lo frenó: lo anunció.
En política ocurre algo muy parecido. No todas las victorias consolidan poder ni todas las derrotas debilitan. A veces, el marcador engaña y el error está en fijarse solo en quién gana, sin preguntarse quién está creciendo y a costa de quién.
Eso es lo que estamos viendo tras las elecciones en Extremadura y Aragón. Formalmente, PP y PSOE siguen siendo los partidos más votados. Pero el reparto real del poder político no se entiende sin mirar los flujos de voto y el equilibrio a tres bandas que se ha instalado en el sistema.
El PSOE sufre principalmente por desmovilización. Su voto no se desplaza en masa hacia otros partidos: se queda en casa. Es cierto que le transfiere voto al PP, incluso a Vox, pero hablamos de porcentajes pequeños en un caso y muy pequeños en el otro. Al mismo tiempo, el PSOE consigue retener algo de voto por su izquierda, lo justo para que el balance no sea un trasvase limpio, sino el síntoma de un electorado cansado y menos implicado.
El PP recoge ese pequeño voto procedente del PSOE, pero esa no es la base de su fortaleza. El motivo por el que sigue en primera posición es la fidelidad de su electorado, especialmente entre los votantes de mayor edad, con un voto muy estable. El problema no está tanto en lo que no gana por el centro como en lo que pierde por su derecha: lo que se le escapa hacia Vox.
Y ahí es donde aparece el error estratégico. Porque Vox crece principalmente por recoger voto del PP, por la movilización de abstencionistas y por la incorporación de nuevos votantes. Es decir, Vox no solo redistribuye el tablero: amplía su propio espacio político.
El PP porque está jugando un partido que parece no terminar de entender. Sigue mirando al PSOE como su enemigo, cuando su enemigo estratégico es otro
Esta situación trae de cabeza al PP porque está jugando un partido que parece no terminar de entender. Sigue mirando al PSOE como su enemigo, cuando su enemigo estratégico es otro. Y aquí conviene detenerse en esa diferencia: el adversario es con quien confrontas ideológicamente; el enemigo es quien te quita el voto, te marca la agenda y te obliga a jugar a su ritmo.
Eso ya ocurrió antes. El 15M y la irrupción de Podemos descolocaron al PSOE durante años. El socialismo tardó en entender que su problema no era el PP, sino quien estaba redefiniendo el lenguaje, los temas y la conversación pública. Hoy, el PP repite ese error: centrarse en ganar al adversario mientras el enemigo le disputa el terreno real.
¿Y Andalucía? Andalucía no es ninguna aldea gala. Juanma Moreno parte de una posición sólida, reforzando su liderazgo con la gestión de las emergencias, que es donde mejor se mueve. Pero las dinámicas nacionales acaban llegando, aunque lo hagan con otros tiempos. Si el PP andaluz no acierta en la estrategia, podrá seguir ganando elecciones sin controlar el juego.
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