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Opinión | Azul machado

Reyes Aguilar

Reyes Aguilar

Escritora

Calles flamencas de la Cuaresma en el corazón del Polígono San Pablo

Ntro. Padre Jesús Cautivo y Rescatado de la Hermandad del Polígono San Pablo recorre las calles de su barrio de regreso a su parroquia el Miércoles Santo de 2025

Ntro. Padre Jesús Cautivo y Rescatado de la Hermandad del Polígono San Pablo recorre las calles de su barrio de regreso a su parroquia el Miércoles Santo de 2025 / Jorge Jiménez

Loli llegó al barrio después de abandonar el corral de vecinos de aquella Triana auténtica donde tan feliz fue entre tanta necesidad, su casa, el piso bajo de un bloque de cinco plantas se encuentra junto a un arriate al que ha llenado de macetas de geranios pintadas de verde y blanco que se ofrecen generosas al mismo sol que blanquea su ropa en el cordel. En el lateral, sobre los viejos ladrillos que algún día fue de un barrio joven, el rótulo que da nombre a la calle en cerámica negra, ya limpio de restos de aún más negros tiempos pasados indica curiosamente Saeta, junto al retablo de una Esperanza de Triana que parece jugar con el sol y las sombras de aquel improvisado patio de vecinos.

En el Polígono de San Pablo, aquel barrio de barrios que diría el cantor, aquel pregonero que se perdió Sevilla pero que dejó su pregón para siempre en el aire por sevillanas, como un reguero, cada día de todas las semanas santas, como capilares de un corazón que late en el centro de la ciudad, los nazarenos afloran por entre sus calles flamencas. Por Garrotín, Granaína, Malagueña, Fandango o plaza del Mirabrás, los portales se abren al revuelo de túnicas moradas y negras del viejo arrabal de San Bernardo, a los antifaces de terciopelo verde Esperanza, ya sea de la calle Pureza o de Intramuros o a las túnicas blancas de San Benito. Son las raíces, la identidad, el sentimiento de pertenencia a lo que agarra, a los abuelos, a las abuelas, a las madres, a la infancia, a la verdad de la Cuaresma de esa otra también Sevilla.

Fueron ellos los que sembraron la semilla de las estirpes, de las que preceden y de las que vendrán, los que exiliados por la miseria llegaron desde aquellos barrios añejos y con solera a ese barrio nuevo donde todos los vecinos se conocían, de San Bernardo a Triana pasando por la Calzá o la Puerta Osario.

Por entre Mineras, Peteneras, Jabera, Tarantos y Martinetes, los niños que fuimos, los mismos que vivíamos nuestra particular Cuaresma buscando tablas para hacer un paso con sus flores de papel y sus ensayos de costalero con un capataz, una mínima cuadrilla y un aguaó, los que después acabábamos en los banquitos de la plazoleta sentados en el respaldar con los pies sobre el asiento para hablar de cofradías, con las llaves imitando el sonido de los campanilleros, volvemos a esa misma plazoleta de barrio por donde crecí pisando albero y mirando el cielo azul machado de mi infancia, para comprobar que otra Cuaresma más, todo vuelve en esencia; el olor a puchero, a garbanzos con bacalao, a arroz con leche y a torrijas se sigue escapando por las mismas ventanas, las túnicas, algunas con los dobladillos arreglados vuelven a colgarse perfectamente planchadas por las manos de las abuelas o de las madres, las mismas que esperan un año más a que regrese el cernudiano tiempo sin tiempo del niño, de los mismos niños que pedíamos un martillo prestado para hacer el paso o una sabana vieja para hacer un costal.

Todo vuelve en esencia: el olor a puchero, a garbanzos con bacalao, a arroz con leche y a torrijas

Ellas, como Loli en su patio de vecinos de barrio, como las casas de vecinos de la Calzá, como los puentes, como el Arco, esperan a que lleguen los suyos a su casa para que regrese el rito y la regla al barrio de barrios, el de vestirse de nazarenos de la cofradía de las que provienen, de esa foto que te recibe en la entrada de la casa de tu madre, en el azulejo de un piso bajo donde alguien tiende la ropa o la que llevas en la cartera y en tu historia personal, para salir vestido de nazareno del portal un año más, camino del centro y siempre por el camino más corto, desde aquellas tus calles flamencas del Polígono de San Pablo, barrio de barrios.

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