Opinión | A compás
Un 'déjà vu' con la Bienal de Flamenco

Actuación flamenca en la presentación oficial de la programación oficial de la XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla / Eduardo Briones / Europa Press
Miro la web de la Bienal de Flamenco y veo. Israel Fernández, Aurora Vargas, Farruquito, Diego del Morao, José del Tomate, David de Arahal, Pedro El Granaíno, Andrés Marín, Ana Morales, Manuel Liñán, María Moreno, José de la Tomasa, Rafael de Utrera, Arcángel, Ezequiel Benítez, Manuel Valencia, Dorantes, El Perrete, Rafael Riqueni, Alejandro Hurtado, Manuel de la Tomasa, José Valencia, Rafaela Carrasco, David de Arahal, Esperanza Fernández, Romerito de Jerez, Rosario la Tremendita, María Terremoto, Israel Galván, el Ballet Flamenco de Andalucía… Compruebo que he abierto la programación de la próxima edición y no la de la anterior, donde efectivamente actuaron estos mismos 28 artistas. Señalo los que repiten porque sería imposible hacerlo al revés, es decir, citar a aquellos que podrían haber estado entonces o ahora y no están.
Leo entonces en los titulares que son Sara Baras y José Mercé los protagonistas de este cartel y acudo enseguida a la fecha por si la publicación se refiere a la de 2026 o a la de 1996, cuando ambos estaban en todo lo suyo.

José Mercé y Sara Baras vuelven a la Bienal de Flamenco de Sevilla en una edición que recupera el Lope como sede / Eduardo Briones / Europa Press
En este repaso me resulta llamativo que de los nueve espectáculos que albergará el Teatro de la Maestranza tres -los de Manuel Liñán, Farruquito, Israel Galván- sean de figuras que pasaron por este mismo escenario en 2024. También que, excepto unos pocos nombres que se estrenan en solitario, no sea capaz de localizar debutantes entre las 72 funciones.
De todas, si no me fallan las fechas y las cuentas, encuentro únicamente a tres artistas que han nacido después del 2000 (Juan Tomás de la Molía, David de Arahal y María Terremoto) y apenas unos cuantos más -Ángeles Toledano, José Fermín, Manuel de la Tomasa, El Perrete, Macarena López, José del Tomate, Alejandro Hurtado o Águeda Saavedra…- que lo hayan hecho a partir de los 90. Una cifra bastante anecdótica si la comparamos con la nómina total de cabezas de cartel que, a vuela pluma, suman 120. Paradójicamente, la Bienal que lidera el más joven de sus directores se presenta como una de las más envejecidas de las que se recuerdan. Basta echar un ojo a la foto de familia de la presentación para notar el exceso de canas y la falta de nuevos rostros.
Excepto unos pocos nombres que se estrenan en solitario, no sea capaz de localizar debutantes entre las 72 funciones
La inauguración en la Plaza de Toros con El mundo por montera, la gala por el 75 aniversario de la Peña el Pozo de las Penas, la del Circuito andaluz de Jóvenes Flamencos o la noche de sevillanas confirman el carácter festivalero de una cita que, lejos de servir de estímulo a la creación y de escaparate mundial, presume de un carácter cada vez más localista y endogámico, en la que se descarta lo que se aleja del cliché.
El batiburrillo de propuestas que pretenden saldar deudas o cumplir cupos, disfrazando de "noches únicas" encuentros más o menos forzados, que se venden como nuevas producciones o estrenos absolutos, no viene sino a confirmar el modelo de Bienal de cuartito cabal, del que advertimos en esta misma columna.

El alcalde de Sevilla, José Luis Sanz (i), presenta el cartel de la Bienal de Flamenco / Francisco J. Olmo / Europa Press
Una Bienal de pedigrí, que incide en su apuesta por los recitales tradicionales de cante y continúa el discurso conservador y previsible de la pasada. Con la diferencia de que los aficionados que aplaudieron la vuelta a los oles, que prometió Luis Ybarra en su primer mandato, echan de menos la creatividad y el riesgo que se espera del director de un evento de envergadura.
Esto es, calmada la sed de ortodoxia que parecía reclamarse, Ybarra tenía por delante el desafío de entusiasmar con una propuesta propia, desapegada ya de la complacencia. Sin embargo, lo que nos invade es un déjà vu frente a un programa sin sorpresas, repetitivo y anodino, que tenemos la sensación de haber visto antes, por más que éste defienda haber tenido en cuenta a "perlas escondidas normalmente no vemos en los escenarios". Me pregunto también en qué escenarios piensa un director que apenas pisa los circuitos jondos de la ciudad.
Los aficionados que aplaudieron la vuelta a los oles, que prometió Luis Ybarra en su primer mandato, echan de menos la creatividad y el riesgo que se espera del director de un evento de envergadura
Más allá de quien la dirija, es verdad que la deriva de la Bienal es el resultado de años de vaivén político, de un modelo de financiación y gestión caduco e inoperativo, de la falta de un equipo sólido de profesionales dedicados al proyecto y, sobre todo, de la ausencia de un plan estratégico, fundamental en cualquier proyecto cultural, con indicadores y objetivos a medio y largo plazo.
Por ejemplo, cuesta entender que un evento costeado con dinero público no albergue una partida a la creación de nuevos públicos, a las producciones propias o a la realización de actividades de interés sociocultural que favorezcan las sinergias con otros colectivos, tal y como se exige, por cierto, en el resto de los proyectos culturales que optan a una subvención de las administraciones públicas.

Presentación de la XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla / Eduardo Briones / Europa Press
Me entristece que el director de la Bienal con más presupuesto de la historia (con una dotación de 2.221.000 euros más los 51.709,80 euros anuales del sueldo de su director) y la que ha gozado de un respaldo político más firme -¡menos mal!-, perpetúe este modelo cortoplacista, que sigue dando la espalda a la ciudad y a los creadores, colectivos, asociaciones, investigadores y profesionales que trabajan cada día por el flamenco.
A falta de conocer las actividades paralelas, que esperemos que suplan en algo estas carencias, lo que encontramos es una Bienal poco comprometida y ombliguista, que prefiere obviar su carácter público en pro de satisfacer los gustos personales y apostar por lo seguro. Ya saben, suma más al balance los sold out de Sara Baras que ofertar abonos o promover iniciativas que conecten con los más jóvenes.
Me entristece que el director de la Bienal con más presupuesto de la historia perpetúe este modelo cortoplacista, que sigue dando la espalda a la ciudad y a los creadores, colectivos, asociaciones, investigadores y profesionales que trabajan cada día por el flamenco
Por supuesto, hay espectáculos que tengo ganas de ver y estoy segura de que habrá muchos artistas que me conmuevan, pero me da entre pereza y rabia que no haya ni el más mínimo interés por hacer de la Bienal otra cosa. En dos años trabajando para la cita debería dar tiempo para impulsar proyectos propios, dar cabida a nuevos talentos, tejer redes con otros festivales, circuitos y colectivos y ofrecer un evento que sea motor y faro.
La Bienal no debe aspirar a proponer un buen ratito de arte, sino a trascender y servir de brújula, y para eso hay que arriesgar con nuevas ideas, formatos, líneas de trabajo, acciones y actividades que nos zarandeen, sorprendan, entusiasmen, seduzcan o cabreen. Si en vez de esto el horizonte se reduce a si vuelve Estrella Morente, Vicente Amigo o Rocío Molina para mí la cita está agotada. Y sí, será la Bienal con más de todo, pero no cambiará nada.
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