Opinión | Las cosas del votar

Presidenta de ACOP
¿Nos hemos vuelto de derechas?

Cap. 4 Las cosas de votar: ¿Nos hemos vuelto de derechas? / Ana Salazar
Si una mira los datos fríamente, la respuesta es sí. Pero como casi todo en política, la explicación es más interesante que el titular.
Si tomamos la escala de autoubicación ideológica que utiliza el CIS, donde el 1 es extrema izquierda y el 10 extrema derecha, y observamos su evolución en Andalucía, encontramos un desplazamiento claro en un periodo de 10 años. Si en 2012, la media andaluza se situaba en el 4,7, en julio de 2022 alcanzaba el 5,27. La ubicación ideológica en Andalucía se ha movido medio punto.
Medio punto puede parecer poco. Pero es medio punto que cruza una orilla.
Andalucía sigue siendo central, sí. Pero ya no se percibe a sí misma como centro-izquierda. Hoy se siente más cómoda en el centro-derecha.
Y esto no ocurre porque quienes estaban en el 4 se hayan desplazado masivamente al 6. Ocurre porque han crecido con fuerza los posicionamientos más altos. En 2015, el 18,3% de los andaluces se situaba por encima del 6. En julio de 2022, ese porcentaje rozaba el 38%. Se ha duplicado el peso del bloque ideológicamente más escorado hacia la derecha. Al mismo tiempo, quienes se colocaban por debajo del 5 han pasado del 42% al entorno del 31%.
El centro permanece, pero cambian los polos.
Este desplazamiento no implica una mutación del ADN andaluz. No estamos ante una revolución ideológica, sino ante un ajuste. Andalucía ha normalizado la alternancia política. Ha dejado de percibir la gestión conservadora como una anomalía. Y eso influye en cómo cada ciudadano se ubica cuando responde a una encuesta.
Y aquí aparece la paradoja: cambia la posición política, pero no cambia el suelo emocional sobre el que se construye.
Porque mientras la escala ideológica se mueve, la identidad andaluza permanece extraordinariamente estable.
Según el Estudio de Identidad de Andalucía del CENTRA, cerca del 87% de los andaluces se siente identificado con Andalucía. La media de sentimiento andaluz supera el 8 sobre 10. Y más del 86% declara sentirse identificado con su acento. Son cifras altísimas y, sobre todo, transversales ideológicamente.
Podemos movernos del 4,7 al 5,27 en ideología. Pero no bajamos del 8 cuando hablamos de identidad.
Y eso tiene implicaciones profundas.
En otras comunidades autónomas, una identidad territorial intensa suele traducirse en proyectos nacionalistas fuertes. Pero Andalucía presenta una singularidad: tiene una identidad robusta, compartida y emocionalmente arraigada… que no necesita convertirse en trinchera política.
¿Por qué?
Porque el andalucismo histórico no nació como proyecto de ruptura, sino como reivindicación de igualdad dentro de España. El 28F fue la conquista de una autonomía plena, no la antesala de una soberanía diferenciada. Y cuando una reivindicación logra su objetivo, pierde tensión como conflicto estructural.
La identidad andaluza no compite. Convive.
Y cuando un símbolo abraza a la mayoría, deja de ser patrimonio exclusivo de un espacio ideológico.
Aquí está la clave para entender el presente político andaluz: el eje izquierda-derecha organiza el voto, pero el eje identidad organiza la legitimidad.
Pero nadie puede aspirar a gobernar ignorando el sentimiento andaluz compartido. Porque esa identidad no divide el espacio político; lo envuelve
Un partido puede ganar desde la derecha o desde la izquierda. Pero nadie puede aspirar a gobernar ignorando el sentimiento andaluz compartido. Porque esa identidad no divide el espacio político; lo envuelve.
Por eso en Andalucía la bandera no es un arma arrojadiza. Es un suelo común.
El desplazamiento ideológico explica resultados electorales. La estabilidad identitaria explica la estabilidad institucional. La política es coyuntural; la identidad es estructural.
Por eso en Andalucía las elecciones no se ganan solo desde la ideología. Se ganan entendiendo qué significa ser andaluz.
Andalucía puede cambiar de voto. Puede moverse hacia el centro-derecha o regresar al centro-izquierda en futuros ciclos. Puede premiar o castigar gestiones concretas. Pero hay algo que permanece por encima de cualquier coyuntura electoral: nuestro acento andaluz.
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