Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Azul machado

Reyes Aguilar

Reyes Aguilar

Escritora

Sevilla

El cerro, ejemplo de tantas cosas

Hermandad de El Cerro. Virgen de los Dolores.

Hermandad de El Cerro. Virgen de los Dolores. / El Correo

El Santo Dios era la melodía que Blas Infante escuchaba cantar a los segadores por la cuenca del Guadalquivir y que convirtió en himno de Andalucía. En su obra Orígenes de lo flamenco y secreto del cante jondo, aquel notario padre de la patria andaluza hizo de aquel canto un himno al trabajo, al campo y a la naturaleza, y son esos mismos sones los que cada Martes Santo suenan abrazados a los varales de la Virgen de los Dolores, cuando se asoma a su barrio, marcando la diferencia.

Y es que es el Cerro un barrio ejemplo de muchas cosas, por sacar a su virgen envuelta en el blanco y verde de nuestro himno y así, homenajear a una de sus calles señeras, donde reside el sentido intrínseco de ese canto, Diamantino García Acosta, aquel cura obrero que predicó con la obra y la palabra, ejemplo también de tantas cosas.

Unas calles que son su idiosincrasia, desde el novelista José María de Pereda al pintor costumbrista José Arpa, a la flauta de aquella Andalucía, la que divierte de Pepe Suero pasando por Paco Herrera, compositor de tópicos y típicos o Aníbal González, el gran arquitecto de la ciudad soñada.

Es la del Cerro una cofradía diferente, incluso hay quien sostiene que todos deberíamos alguna vez ver la salida para comprobar el hecho de que cuando asoma la Cruz de Guía a las puertas de la iglesia, es el barrio entero el que sale a Sevilla.

Hermandad de El Cerro. Nazareno.

Hermandad de El Cerro. Nazareno. / El Correo

Fue un buen amigo, vecino del mismo, el que me dijo que cuando la Virgen de los Dolores salía los Viernes del mismo nombre, era un barrio entero detrás de su Virgen y que ahora toda Sevilla es del Cerro, posiblemente porque en esa verdad de vecindad, de fachadas adornadas y de mantones de Manila esté la autenticidad de esa otra Semana Santa que siendo parte de la misma, no ve toallas tendidas en piso turístico con guiri asomado en albornoz viendo pasar bajo palio o sobre claveles, la Sevilla íntima que ya dejó de pertenecernos.

En esa verdad de vecindad, de fachadas adornadas y de mantones de Manila esté la autenticidad de esa otra Semana Santa

Como un coto cerrado que se abre al mundo cada Martes Santo, es el Cerro ejemplo de mañanas radiantes, de ruido de desayunos, de costales enrrollados, de relevos, de señoras arregladas, de colgaduras y de puertas abiertas a la ilusión renovada que las once horas y cuarenta minutos en todos los relojes marcan el año nuevo del barrio. Y es ejemplo de unificación, de hermandad y de identidad, el punto de inflexión entre lo que permanece sin perder autenticidad, desde las palomas al contraluz de los árboles de Afán de Ribera, por donde cae la lluvia de pétalos de flores, de colores, de aplausos, de piropos, de notas musicales y de reencuentros.

Y es ejemplo de mirar, como mira el nazareno de soslayo a su cruz arbórea, como mira el centurión rendido al crucificado, como miran los vecinos que han vuelto para volver a verse en los ojos de los que ya no están, y que vuelven cada Martes Santo.

Hermandad de El Cerro. Centurión.

Hermandad de El Cerro. Centurión. / El Correo

Y es ejemplo de esa otra estación de penitencia de avenidas, de penitentes descalzos, de nazarenos derrotados, de chicotás de asfalto y de madres con las bolsas de los bocadillos, las botellas de agua, la ropa cómoda y la medalla al pecho, de nazareno dormido en el carrito y de sol dándole al burdeos del terciopelo del capirote por la Universidad.

Es ejemplo de esa Semana santa luminosa, de jolgorio, de bola de cera, de abanicos y de portales abiertos y es ejemplo de ida y también es ejemplo de vuelta, porque recuerda a esa algarabía de balcones, de macetas con geranios, de callejones y de corralones por los que regresaba la Macarena de donde nunca se iba, como el mejor ejemplo de ese sentimiento añejo de saber aguardar y festejar a que regrese la Virgen a su barrio, comprobando así, que más allá de las puertas de la iglesia, de las horas del reloj y del asfalto, es el Cerro un barrio entero que sale a Sevilla con su cofradía y es un barrio entero el que regresa, como ejemplo de tantas cosas.

Tracking Pixel Contents