Opinión | Las cosas del votar

Presidenta de ACOP
Por Andalucía: ¿Coalición por amor o por necesidad?

Ana Salazar
La Semana Santa andaluza deja cada año imágenes reconocibles. Pero esta vez ha habido escenas muy distintas conviviendo en paralelo: mientras unos aprovechaban el escenario cofrade para hacer campaña, otros negociaban contrarreloj para intentar sobrevivir.
Un déjà vu de 2022: plazos al límite, negociaciones in extremis y Podemos llegando tarde, otra vez, al acuerdo con Por Andalucía. Un espacio que nunca abandonó, pero que ha tenido que volver a negociar. Hasta se admitieron apuestas sobre si la marca 'Podemos' se quedaba de nuevo sin papeleta provocando la desorientación del votante.
La unidad entre Podemos y Por Andalucía evita una ruptura mayor, pero no disipa el malestar interno ni garantiza representación en el Parlamento andaluz
Finalmente hubo pacto, respaldado por las bases de la formación morada con amplio apoyo, pero acompañado de un malestar evidente, verbalizado con claridad por Iglesias Turrión. Y ese matiz es importante: hay acuerdo, sí, pero no hay ilusión.
Para entender lo que está en juego conviene aclarar primero qué es Por Andalucía. No hablamos de un partido, sino de una coalición que agrupa a distintas fuerzas de la izquierda alternativa (Izquierda Unida, Podemos, Más País/Verdes Equo, entre otras…) que buscan competir en un espacio electoral cada vez más fragmentado. Fuera queda Adelante Andalucía, que concurre por separado. Y hay un dato claro: si estas fuerzas hubieran ido juntas en 2022, habrían obtenido más escaños. No es una conjetura, es lo que reflejan las simulaciones con los resultados reales.
Aunque pueda parecer que todo responde a una repetición del pasado, la coalición sí introduce cambios relevantes. El primero es el relevo en el liderazgo: Inma Nieto da un paso atrás y deja paso a Antonio Maíllo. Sirva también como reconocimiento a su etapa: un trabajo parlamentario sólido, basado en argumentos y ejercido desde el respeto, algo cada vez menos habitual en el debate político.
El segundo cambio afecta directamente a Podemos y a su posición electoral. La formación deja de encabezar lista por Cádiz —donde sí logró representación en 2022— y pasa a hacerlo por Jaén, una provincia más exigente: reparte menos escaños (11 frente a los 15 de Cádiz) y presenta mayores dificultades para las fuerzas pequeñas.
El relevo de Inma Nieto por Antonio Maíllo y el cambio de candidatura de Podemos de Cádiz a Jaén reflejan un nuevo equilibrio dentro de la coalición
Y aquí vuelven a aparecer los números. Para que Por Andalucía obtenga un escaño por Jaén, necesitaría alrededor de 3.900 votos más que en 2022 en esa misma provincia. Es decir, no basta con mantener el suelo electoral: hay que crecer en un contexto poco favorable.
Como también ocurre en otras provincias clave: en Málaga necesitarían crecer en más de 9.000 votos y en Sevilla en torno a 5.000, donde concurren en posiciones de número dos.
Y ahí está la clave de todo. Esta unidad no es natural, es obligada. Podemos no puede permitirse competir en solitario, porque los precedentes de este ciclo electoral apuntan a un riesgo real de quedarse fuera del Parlamento andaluz. Pero el problema es que, incluso dentro de la coalición, su representación tampoco está garantizada.
Esto puede explicar el malestar de Iglesias mucho mejor que cualquier lectura ideológica. No se trata de estar en contra de la unidad, sino de cuestionar las condiciones en las que se produce. Porque puedes formar parte de una coalición y, aun así, quedarse fuera del reparto real de poder. Puedes estar en la papeleta y no estar en el Parlamento.
Todo esto, además, ocurre en un escenario que trasciende Andalucía. No es la primera vez que esta comunidad funciona como laboratorio político. Ya ocurrió en las Elecciones andaluzas de 2018, cuando la irrupción de Vox alteró el tablero y permitió la formación del primer gobierno del Partido Popular en la Junta, con el apoyo de Vox y Ciudadanos, inaugurando así un nuevo ciclo político en España. Andalucía, muchas veces, marca el camino.
Andalucía vuelve a actuar como laboratorio político: lo que ocurra en estas elecciones puede anticipar la futura reconfiguración de la izquierda en España
Por eso estas elecciones tienen una lectura nacional evidente. No solo porque son la antesala de unas elecciones municipales y nacionales, también porque el resultado que obtenga este espacio —unido o fragmentado— influirá directamente en los movimientos de reconfiguración de la izquierda en el conjunto del país. Nombres como Irene Montero o Gabriel Rufián forman parte de un ecosistema político que observa Andalucía como un anticipo de lo que puede venir.
En el fondo, lo que se dirime no es solo cuántos escaños se reparten, sino si este espacio político es capaz de reconstruirse como proyecto o seguirá funcionando como una suma de siglas que cooperan por necesidad, pero sin un relato compartido.
Y justo esa es la pregunta que queda en el aire: si una coalición nacida para sobrevivir puede convertirse, algún día, en un proyecto capaz de ilusionar.
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