Opinión | Tribuna
De rosarios en los ovarios

Una mujer durante una manifestación para exigir el derecho al aborto libre. / VERÓNICA PAVÉS| VICTOR LERENA / EFE
Estos días el gobierno ha presentado una propuesta para incluir una referencia al aborto en la Constitución. No se trata, como dicen algunos, de blindar el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo. Aunque se aprobase -algo imposible sin el apoyo del Partido Popular, que ya ha anunciado su no- tampoco tendría ningún efecto jurídico real. Lo que se quiere es solo introducir una mención simbólica al derecho al aborto entre los principios rectores, cuya eficacia se supedita expresamente a lo que diga el legislador de turno. Eso no evitaría que en el futuro cualquier partido cambie o derogue las leyes actuales que permiten abortar.
El objetivo de la propuesta es, pues, exclusivamente político. Se busca evidenciar las contradicciones de un Partido Popular que no termina de encontrar su lugar entre los conservadores democráticos y la ultraderecha de VOX. También aumentar la imagen progresista del Gobierno, envuelto en la bandera de la defensa del derecho al aborto frente a los reaccionarios.
Una parte de la iglesia, especialmente la sevillana, ha entrado al trapo sin pensarlo. Deseosos de echar una mano en lo que sea al Partido Popular de Juanma Moreno, el obispo y las hermandes sevillanas han caído en la trampa y, conforme a los planes socialistas, han iniciado la campaña contra el aborto que ansiaban los socialistas.
El obispo y las hermandes sevillanas han caído en la trampa y, conforme a los planes socialistas, han iniciado la campaña contra el aborto que ansiaban los socialistas
Lo de el servilismo de las antiguas fuerzas vivas de la ciudad -incluida la iglesia- con el candidato conservador Juanma Moreno hace tiempo que desbordó los límites de la decencia y entró en el terreno de lo ridículo. Su campaña electoral empezó el día de Reyes, cuando el Ateneo le permitió embadurnarse la cara de betún y salir con su mujer a promocionarse haciendo como que repartía ilusión. El presidente en funciones de la Junta de Andalucía entiende la política como mera escenografía emocional. Busca presentarse ante los votantes como una persona sensible que tiene poco que ver con sus durísimas políticas de recortes en sanidad y educación que por enriquecer a unos pocos están dañando la vida y el futuro de los andaluces.
Convencido del poder constructor de la imagen no dudó en aprovechar las tragedias de Adamuz y las inundaciones del pasado invierno para elaborarse un álbum impostado que su excelente equipo de comunicación ha ido distribuyendo luego. El colmo de esta impostura lo alcanzó cuando calzado con botas de agua y vestido de campo entró durante unos minutos en un charco rodeado de decenas de fotógrafos para dar a entender que él personalmente iba a salvar a las personas asediadas por la subida de las aguas. En cuanto se retiraron los fotógrafos, la Junta de Andalucía ha abandonado a poblaciones como Grazalema que siguen parcialmente aisladas por su incapacidad o falta de voluntad para reparar las carreteras de su competencia. Pero eso no importa. En el mundo de la postverdad las elecciones no se ganan con hechos, sino con sensaciones. Y Juanma parece un tío sensible.
La connivencia del mundillo masculino y casposo de las hermandades con esta campaña electoral se ha puesto de manifiesto durante la Semana Santa
La connivencia del mundillo masculino y casposo de las hermandades con esta campaña electoral se ha puesto de manifiesto durante la Semana Santa. Mientras algunas utilizaban sus redes sociales para destacar la devoción de los políticos de ultraderecha, otras invitaban al candidato popular a levantar sus pasos, participar en sus procesiones y fotografiarse en sus actos de culto. Él no ha dudado en usarlo en su campaña, casi pornográfica, de abuso de las desgracias y los sentimientos más profundos de la sociedad.
Igual que no tuvo el mínimo pudor en usar y abusar de las imágenes junto a Leo el niño afectado por el síndrome de la piel de mariposa que acudió a buscarlo pidiendo ayuda para su enfermedad, su equipo tampoco ha dudado en distribuir durante toda la semana imágenes de su levantá al paso del Cerro invocando a las víctimas de Adamuz, de capataces ensalzando sus valores cristianos o de devotos dándole las gracias entre lágrimas por haber ayudado a curar a un familiar. Esta obscenidad intelectual muestra a una persona con mucha menos altura moral de la que nos merecemos, pero todo ello no sería posible sin el apoyo de una parte de la iglesia. La misma que ahora, creyendo hacerle un favor, ha vuelto a sacar al debate público la cuestión del aborto.
El pistoletazo de salida lo dio el arzobispo de Sevilla con un mensaje en sus redes sociales ilustrado con la imagen de un feto de nueve meses (aunque el aborto solo es libre durante las catorce primeras semanas de embarazo). Se ha sumado la mayoría de las hermandades sevillanas. Se trata de un movimiento político, no religioso. Y atenta directamente contra los derechos básicos de la mujer.
El pistoletazo de salida lo dio el arzobispo de Sevilla con un mensaje en sus redes sociales ilustrado con la imagen de un feto de nueve meses (aunque el aborto solo es libre durante las catorce primeras semanas de embarazo)
Cuando tantas estas instituciones religiosas deciden salir a la palestra lo hacen sabiendo que estamos en pleno período electoral. Han decidido promover esta campaña en este momento y contra el gobierno por intenciones políticas. Dicen que defienden la vida, sin embargo no ha habido comunicados similares y en bloque de la Iglesia sevillana contra el genocidio que costó la vida de más de 60.000 personas inocentes en Gaza. Tampoco los ha habido contra las propuestas de dejar morir a los inmigrantes en alta mar o incluso hundir los barcos en los que vienen que presentaron en nuestro país partidos que se dicen católicos. Igual ha sucedido con otras muchas cuestiones que afectan directamente el derecho a la vida, como los errores en los cribados de cáncer. Así que es lícito pensar que la Iglesia y sus hermandades no tienen una genuina preocupación por la vida humana. Solo denuncian lo que consideran atentados contra ella cuando provienen de partidos de determinada parte del espectro político. La decisión de azar la voz en unos casos y callar complacientemente en otros pone en evidencia que no hablan guiados por la humanidad sino por la política.
Dicen que defienden la vida, sin embargo no ha habido comunicados similares y en bloque de la Iglesia sevillana contra el genocidio que costó la vida de más de 60.000 personas inocentes en Gaza
Al mismo tiempo, detrás de estas posiciones -decididas esencialmente por católicos varones- hay un deseo de devolver a la mujer a una posición subordinada y sumisa al hombre. Ya sucedió con la feroz oposición eclesial a permitir el divorcio incluso entre la ciudadanía no religiosa. Buscaba atacar a la primera herramienta de liberación que permitió a muchas mujeres salir de la tutela de sus maridos. En nuestros días el derecho al aborto es un instrumento para la igualdad que permite a muchas mujeres no tener que interrumpir sus vidas a causa de un embarazo no deseado. La conquista del derecho a decidir sobre su propio cuerpo amenaza la posición dominante del hombre en la sociedad y hasta en el mercado de trabajo. Quizás de ahí esta iniciativa política de la iglesia para revertir derechos ya indiscutidos.
Vivimos en una sociedad donde los derechos han avanzado como nunca. Para mujeres, minorías y colectivos históricamente marginados, pero también para quienes están en posición vulnerable como los trabajadores o los inquilinos. Es precisamente ese progreso el que alimenta la reacción. Quienes se sienten amenazados por un mundo más igualitario recurren a la política del retroceso. Están en su derecho. Lo inquietante es que instituciones como la Iglesia que dicen representar valores universales se sumen a esa lógica. Quizá convendría recordar un pasaje evangélico bastante conocido. Aquello de "al César lo que es del César". No era solo una respuesta fiscal; era una advertencia sobre los límites. La política y la religión, cuando se confunden, rara vez elevan el debate. Más bien lo embarran. Y en ese barro -entre rosarios y ovarios- es donde algunos parecen sentirse más cómodos.
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