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Opinión | Opinión

Rafael Manher

Rafael Manher

Arquitecto, conservador del patrimonio y escritor.

Sevilla

La fecha de la reaparición de Morante

Morante tras terminar el paseíllo.

Morante tras terminar el paseíllo. / Antonio Delgado-Roig

Hay regresos que son noticias. Y hay regresos que parecen escritos por el destino de los dioses. Porque no volvería únicamente Morante de la Puebla. Volvería una forma de entender el toreo, una manera de desafiar al tiempo, una leyenda que cada vez que cae se levanta más alta que antes.

Con otros nombres se habla de estadísticas, puertas grandes o temporadas. Con Morante se habla de destino. De inspiración. De esa extraña mezcla entre fragilidad y grandeza que solo poseen los elegidos. Hay figuras que triunfan. Luego está Morante: el hombre al que cada golpe parece agrandarlo, al que cada silencio rodea de más misterio, al que cada herida convierte en símbolo.

Morante de la Puebla prepara un regreso que trasciende el toreo: una reaparición marcada por la épica, la incertidumbre y el peso de la leyenda

La cogida en la Plaza de Toros de la Maestranza dejó una imagen poderosa: el cuerpo herido, el ídolo vencido por un instante, la carne recordando que hasta los mitos sangran. Pero precisamente ahí comienza la verdadera dimensión de una leyenda. Los héroes no se definen por no caer, sino por elegir cuándo y cómo levantarse.

Mientras seguía convaleciente, el relato continuaba escribiéndose lejos del ruedo. El miércoles, en el hospital recibió la visita de Simón Casas, empresario de la Plaza de Toros de Las Ventas y de las Arènes de Nîmes. Y casi al mismo tiempo, su entorno dejaba caer una frase prudente: quizá el regreso llegaría en un mes. Sonaba razonable. Sonaba lógico. Pero la historia ya estaba preparando algo mucho más grande.

Tras la cogida en la Maestranza, el torero apunta a Nîmes como escenario de un retorno que podría desafiar todos los plazos previstos.

Nîmes. Francia. Pentecostés. Un anfiteatro romano con más de dos mil años de memoria. Piedras antiguas levantadas en tiempos del emperador Augusto. Un escenario donde resuena la historia y donde cada paso parece más solemne. Porque no es lo mismo volver en cualquier plaza que hacerlo allí, entre muros que han visto desfilar siglos de gloria, tragedia y emoción.

Parece que el destino no ha señalado un día: ha diseñado una escena. La herida reciente pone la verdad. La espera añade la tensión. El silencio agranda la expectación. Y el marco romano eleva el regreso a una dimensión casi épica.

El 23 de mayo en las Arènes de Nîmes, la posible vuelta de Morante se perfila como uno de los acontecimientos más esperados del mundo taurino

Morante no reaparecería solo ante un público. Reaparecería ante la historia. Como esos personajes inmortales que desaparecen cuando todos dudan y regresan justo donde más impresionante resulta verlos volver.

Y ahora queda la gran pregunta. La que ya recorre tertulias, tendidos y conversaciones en voz baja: ¿de verdad se atreverá a volver tan pronto?

Porque ahí está la clave de todo. Ahí está la apuesta que lo cambia todo. No sería solo regresar. Sería hacerlo cuando casi nadie lo esperaba, desafiando plazos, prudencias y pronósticos. Trascendiendo incluso las fronteras y convirtiendo una reaparición en un acontecimiento seguido mucho más allá del mundo taurino. Y el día elegido para esa apuesta sería el 23 de mayo, a las 18:00 horas, en la Arènes de Nîmes.

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